Y que el diluvio se convierta en Carnaval

A días de marcar presencia en el carnaval mais grande do mundo, Espiral Infinita protagonizó-junto a Vape, Musgo y Proyecto Mora- una edición épica del Carnaval de Villa Blosset, a pura felicidad bajo una tormenta que no impidió el fiestón.
Por Sergio Alvez (*)
Fotos: Marcelo Luketti

La alegría es, en estos tiempos violentos, un bien escaso. Hace falta alegría. Falta alegría en los rostros, en los cuerpos, en los barrios, en las fábricas. Al pueblo le falta alegría, porque se la arrancan día a día a puro balazo, a puro despido, a puro tarifazo, a pura crueldad.
“Nada grande se puede hacer sin alegría, nos quieren tristes para que nos sintamos vencidos. Los pueblos deprimidos no vencen ni en el laboratorio ni en las disputas económicas” decía Jauretche.
Dar alegría es, así las cosas, un acto de grandeza, y si es colectiva, la entrega entonces, se transforma en un bien común.

El sábado 4 de febrero, cerca de las nueve de la noche, lo que parecía ser una brutal tormenta, mostraba sus colmillos afilados en el reflejo de refusilos y el aullido de truenos endemoniados. En las calles posadeñas la gente acelaraba sus pasos. Las puesteras de La Placita perseguían las ropas que se volaban con el ventarrón. Más de un maniquí callejero cayó el suelo. El Paraná bramaba con olas voluptuosas que rompían en el malecón de la costanera. El pronóstico no dejaba lugar a dudas: “fuertes precipitaciones y tormentas eléctricas”.
Mientras más sonaban graves notas en el cielo, más rituales se iban esparciendo aquí abajo, para que no llueva: cuchillos clavados en la tierra, cruces de sal en los patios, plegarias. ¿Por qué? Porque esa noche tenía que salir si o si el Carnaval de Villa Blosset.

La ciudad de Posadas comenzó a ser a partir de barrios como Villa Blosset o la Bajada Vieja, dónde el río Paraná regía de margen geográfico y omnipresencia cultural, identitaria y espiritual –además de fuente de sustento- para las familias ribereñas. El barrio, que debe su nombre a un comisionado municipal llamado Robert de Blosset que ofició allá por los primeros años del siglo cambalachero, creció al ritmo del movimiento barquero, de espineles eternos, de canoas, de siestas coloridas y pasillos, del paso de viajeros del tren, de todo aquel paisaje único de sol y río. Tiempos de cuando se vivía de cara al Paraná y no eran los yates de alta gama los dueños de todo ese tesoro.
Este barrio, Villa Blosset, parió allá por albores de la democracia, 1983, a la Espiral Samba Show, o Espiral Afropercusión, o simplemente y en el presente, La Espiral Infinita. Este conjunto, no sólo representa un emblema barrial que cada año se conjuga como alma del carnaval, sino que además, supo constituirse como una respetada escuadra percutiva que supo compartir escenarios con artistas de la talla de los Fabulosos Cadillacs o el Chango Spasiuk – por citar apenas dos ejemplos- y trasladar su esencia a otros proyectos de percusión- Espiralinha entre ellos- que toman como propio el legado de un proyecto que tuvo y tiene en Gabriel “Chane” Arias e “Ichu” Castillo (físicamente ausente desde el 4 de junio; inmensa guía e inspiración del grupo) como capitanes.

Medianoche y algo más. Ahora la lluvia, que aguantó todo el día pese a los treintaypico de grados, arrecia con fortaleza y decisión sobre Villa Blosset, sobre Posadas y gran parte de Misiones. Los conjuros sirvieron para que la fiesta empiece y la gente se acerque. Y en cantidad. Cientos de almas en la esquina señalada. Ya la mecha fue encendida: Proyecto Mora, Vape y Musgo dieron rienda al desenfreno. Pero lo que ocurrirá con Espiral en la tormenta será épico. Con las calles de Villa Blosset totalmente inundadas y el aguacero furioso en pleno trance, los tambores rugieron como nunca. Invocando ritmos africanos ancestrales – ese universo del cual el director Arias es ferviente investigador- el tamboreo tribal de Espiral se mixturó con los sonidos feroces del temporal, y así, en la alquímica madrugada de Villa Blosset el cielo negro y los cuerpos hechizados, hablaron. Baile explosivo bajo torrentes de agua incesante. Un ritual tan inesperado e histórico que se extendió hasta que el día. Un estruendo de alegría, ensimismada felicidad. Alguien lo dirá al día siguiente: no hay palabras para describir semejante fiesta.

El Carnaval de Villa Blosset 2017 fue una ofrenda de alegría de Espiral hacia el pueblo. Y eso debe agradecerse. Próximamente, Espiral a través de sus representantes, estará presente y tocando en el Carnaval de Bahía, una de las fiestas populares más grandes del mundo, y el mayor suceso al que puede aspirar todo conjunto de percusión con orientaciones hacia el Samba y otros ritmos hermanos. De Villa Blosset a Salvador, con miles de escalas a través de los años. El sueño del pibe. Retribución. Orgullo y felicidad. Merecido destino para una Espiral que nunca renunció al noble oficio de dar alegría a su pueblo.

(*) director Revista Superficie.