Un Callejón con salida: la urbanización

En Apóstoles, Misiones, el asentamiento El Callejón existe hace más de 13 años y sus viviendas no tienen agua potable ni luz. En 2012 los ciudadanos de la villa presentaron un documento al vicegobernador de Misiones y al Concejo Deliberante local. Nunca tuvieron respuesta. Hoy siguen padeciendo la ausencia del Estado y reclamando lo mismo que gritan miles de ciudadanos desde las villas de todo el país: urbanización como prioridad en las gestiones estatales. Un caso paradigmático de desatención social en la Capital Nacional de la Yerba Mate.

Por Sergio Alvez (*)

El barrio Andresito, en la ciudad de Apóstoles, es el conglomerado habitacional de mayor densidad poblacional en la ciudad. Sus casas de material, se distribuyen en manzanas que van desde el acceso por avenida Brasil, hasta los confines de la urbanidad y las colonias que van hasta el arroyo Chimiray. Tiene una escuela nueva, un centro de atención primaria de la salud, un playón deportivo y una comisaría de la Mujer. Hay parques y espacios verdes, varios comercios: se vive bien.

Detrás del barrio Andresito, sobre un camino vecinal rodeado de yuyales, alineadas del mismo lado, se alzan las doce casillas que conforman el autodenominado asentamiento El Callejón. Sus ciudadanos más memoriosos recuerdan que las primeras ranchadas se levantaron allá a principios del siglo XXI, cuando toda la Argentina se hallaba hundida en una de las crisis económicas y sociales más profundas de toda la joven democracia. El Callejón es entonces, uno de los territorios que surgió aquel proceso de desocupación y recesión en el que miles de familias en todo el país perdían sus empleos y con ellos la posibilidad de mantener un hogar con condiciones habitacionales de mínima salubridad y seguridad. Las economías familiares, se rigen allí por las posibilidades de hallar ocupación en los yerbales (tarefa) o la albañilería.

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En aquella crisis (“el 2001”), de punta a punta de la Argentina, trabajadores desocupados y familias caídas en desgracia, fueron encontrando terrenos fiscales o descampados —con o sin alambrar— dónde armaron casillas con cortes de madera económicos y en el mejor de los casos con techo de chapa de cartón. Allí, despojados de servicios básicos y padeciendo un contexto habitacional y social adverso, éstas familias sobrevivieron a la tormenta neoliberal y en muchos casos, pudieron re–insertarse en la cadena laboral o ser alcanzados por beneficios sociales —derechos— como la asignación familiar u otros programas asistenciales. Pero en una enorme cantidad de asentamientos del país, la transformación estructural de las condiciones habitacionales, nunca llegó.

En estas villas, y por responsabilidad del Estado —en todas sus formas—, los ciudadanos siguen viviendo en contextos de exclusión y sin servicios básicos (que son además Derechos Humanos) como el acceso a la energía eléctrica y el agua potable.

Paralelamente, los ciudadanos de las villas van sufriendo el señalamiento de otras porciones de la sociedad, generalmente de la clase media. Es que como se analiza en diversos estudios sociales, los relatos dominantes construyen la idea estigmatizante que enhebra a las condiciones habitacionales magras con la delincuencia.

Este es exacamente el caso del asentamiento El Callejón, de Apóstoles. Aclarando que no es el único caso, en Apóstoles, avanzaremos en conocer parte del historial reciente del barrio y sus reclamos desoídos.

Proyecto Viviendas Dignas para el Callejón

“Somos familias trabajadoras que luchamos por acceder a una realidad habitacional acorde a los derechos humanos consagrados tanto en nuestra Constitución Nacional como en nuestra Carta Orgánica Municipal” se presentan los vecinos de El Callejón en la introducción del “Proyecto Viviendas y Condiciones Habitacionales para el Barrio El Callejón de Apóstoles”, un documento elaborado por los ciudadanos del asentamiento, con la colaboración de revista superficie (en la redacción final, las fotografías y la impresión), que en 2011 fue presentado a las autoridades municipales y de manera personal al vicegobernador de la provincia, Hugo Passalacqua, sin que hasta el momento haya mediado respuesta alguna.

Describen los vecinos en ese escrito: “Nuestro barrio cuenta solamente con una canilla pública instalada en uno de los extremos del vecindario. Es la única fuente de agua potable con la que contamos. Carecemos de energía eléctrica. No contamos ni siquiera con alumbrado público y la imposibilidad de acceder a este servicio elemental nos obliga a vivir a oscuras y a tener serias limitaciones de todo tipo, desde no poder usar telefonía celular hasta no poder realizar una nebulización a alguno de nuestros hijos que así lo necesitara”.

Agregan que “Vivimos rodeados por la capuera, y en condiciones insalubres ya que en este barrio la comuna no presta el servicio de recolección de residuos ni de limpieza y fumigación. Nuestros niños viven constantemente enfermos por vivir en este contexto ambiental absolutamente desfavorable. Desde el punto de vista jurídico, estamos totalmente desamparados, ya que al esta nuestros terrenos en tierras consideras “fiscales”, no tenemos título de propiedad y por ello se nos niega todo tipo de ayuda”.

El documento sostiene en sus fundamentaciones: Basamos nuestro reclamo en la Carta Orgánica de la Municipalidad de Apóstoles, que en su preámbulo señala como obligaciones del Estado municipal “defender el pleno respeto de los derechos humanos; exaltar los valores de la solidaridad, la equidad y la justicia social; favorecer el libre acceso a la salud, a la educación y a la cultura; fomentar la realización de la personalidad física, moral y espiritual de los habitantes de la comuna, con especial atención a los niños, ancianos y la familia; preservar el ambiente y el patrimonio histórico y cultural de la Ciudad; promover la participación ciudadana, el pluralismo de ideas y el ejercicio de los derechos en un orden solidario, justo, libre e igualitario; defender la convivencia en paz; consolidar los derechos de consumidores y usuarios, garantizando la eficiencia de los servicios públicos; propender al crecimiento armónico de la ciudad, custodiando su área productiva, la calidad de vida y los recursos naturales”; y en su artículo 10 especifica “el Municipio propende a una sociedad libre, justa, solidaria y pluralista. Es su deber proveer lo conducente al desarrollo y crecimiento humano y comunitario, en el marco de la justicia social, y hacer real y efectiva la plena participación política, económica, educativa y cultural, priorizando una mejor calidad de vida, englobando en este concepto la salud, alimentación, el vestido, la vivienda, la educación y formación de acuerdo a su elección, la cultura, la promoción social, el desarrollo sostenible, la convivencia pacífica, el trabajo digno en condiciones de remuneración justa y equitativa condenando todo tipo de explotación discriminada del hombre por el hombre, a la formación integral del individuo, a la salud, al ambiente sano, al desarrollo sustentable, a la práctica deportiva y a la recreación”.

La Carta Orgánica también señala como responsabilidad de la comuna “Realizar obras públicas y asegurar la correcta prestación de los servicios públicos, sea en forma directa por la Administración municipal o por intermedio de terceros” y “Promover la construcción de viviendas en acción conjunta con el Gobierno Provincial y Nacional y la actividad privada”.

“Además El III capítulo de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, expresa que el “derecho a un nivel de vida adecuado”, significa tener acceso a una vivienda digna, al agua potable, al saneamiento, a los servicios básicos. Estos derechos han sido incorporados a la legislación nacional desde principios del siglo XX. En la Constitución de 1994 fueron reordenados y ampliados tanto en el texto constitucional como a partir de la incorporación de los Tratados Internacionales con rango supralegal.

Es así que el Derecho a una vivienda digna está específicamente contemplado en múltiples normas de carácter constitucional: a) Art. 14 bis de la Constitución Nacional; b) Declaración Universal de los Derechos Humanos, art. 25.1; c) Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre, art. XI; d) Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, art 11; e) Convención sobre Eliminación de todas formas de Discriminación contra la Mujer; f) Convención sobre los Derechos del Niño, art 27.2”.

Passalacqua al tanto

El informe de los ciudadanos de El Callejón fue entregado al Honorable Concejo Deliberante de Apóstoles, y el 2 de marzo de 2012, fue puesto en manos del vicegobernador de la provincia, Hugo Passalacqua, entregaron personalmente al vicegobernador de la provincia, Hugo Passalacqua, en el marco del acto inaugural de la Escuela 853, siempre en Apóstoles.

La entrega del documento al vicegobernador fue publicada incluso por el diario Primera Edición (http://www.primeraedicionweb.com.ar/nota/impreso/80355/vecinos-de-asentamiento-sin-luz-ni-agua-entregaron-proyecto-a-passalacqua-.html), por lo que tomó estado público.

Carlos Aquino fue el vecino que entregó el pedido a Passalacqua. Hoy, dos años después, recuerda que “él se lo dio a una secretaria que tenía al lado, y me dijo que pronto se iban a comunicar con nosotros porque le parecía un reclamo justo; hasta ahora estamos esperando”.

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Aquino sostuvo entonces en la nota que le hiciera el diario: Aquino, “fuimos olvidados de la anterior gestión (de José Cura), pero tenemos confianza en que esta nueva gestión (del actual intendente Mario Vialey) nos pueda escuchar y priorizar nuestro reclamo de viviendas dignas, porque fuimos postergados, y pedimos que se gestionen ante Provincia o Nación viviendas con servicios para nosotros, podemos ayudar a construir, y muchos podemos pagar porque somos todos trabajadores”.

Esta no fue la única experiencia de los vecinos con un referente político del Frente Renovador. En 2011, en campaña política, el vicepresidente del Instituto Provincial de Desarrollo Habitacional (Iprodha) y entonces candidato a intendente por el Frente Renovador, José “Neneco” Bonorino, que vive a pocas cuadras de la villa, acudía seguido a El Callejón a buscar votos. “Trajo unos cuantos techos de chapa y prometía que si ganaba nos iban a dar casa con agua y luz, pero como no ganó no vino nunca más” aseguran los vecinos.

A pocos metros de El Callejón, el Iprodha construyó el año pasado un complejo de viviendas completamente equipadas. El organismo habitacional, que hace rato perdió su rumbo social, nunca se dignó a ofrecer solución a los vecinos del asentamiento.

“Hicieron un barrio al lado nuestro, nos tiraron la tierra y los desechos encima pero no fueron capaces de al menos tirarnos un cable para que no estemos a oscuras” nos cuenta una vecina.

Padecimientos y riesgos

Thiago tiene apenas tres años y padece asma. Es uno de los tres hijos de Mariana Franco (28), ciudadana del asentamiento El Callejón. Los primeros fríos del invierno que pasó, impactaron de lleno en la salud del pequeño Thiago. Nos cuenta su madre: “con las bajas temperaturas él se atacó feo, el año pasado había sido igual, porque como es asmático necesita estar calentito, pero acá como las casas son de madera y se filtra todo el frío, y como no tenemos luz no se puede usar estufa y si hacemos fuego para calentarnos, el humo le hace mal a sus pulmones, que son muy delicados, así que estamos pasando una situación delicada, y él viene de estar internado justamente por ese problema”.

El niño, suele presentar cuadros de fiebre y tos, y requiere ser constantemente nebulizado, pero al no contar con energía eléctrica, su madre debe llevarlo al centro de salud del barrio Andresito, que abre solo hasta el mediodía. “Cuando se ataca más tarde o de noche, hay que salir corriendo al hospital. El médico me dijo que trate que el chico no esté en un lugar húmedo porque eso agrava su salud, pero le conté donde vivía, que es un lugar totalmente húmedo, donde no tenemos aguas ni luz en las casas, y el médico me dijo que por el bien de mi hijo trate de salir, de irme a vivir a otro barrio cuanto antes, pero ¿dónde vamos a ir?” cuenta Mariana.

A unos 600 metros de allí, hacia el final del camino, vive Marta Benitez (52), una mujer que también padece asma, y que al igual que el resto del barrio, a falta de energía no puede efectuarse las necesarias sesiones de nebulización para contrarrestar la dolencia. “La paso muy mal estos días de frío, porque este barrio está en un bajo, es frío de por sí y solo dependemos del fueguito que podamos hacer para calentar el cuerpo. A mi me agarran ataques de madrugada y tengo que recurrir al inhalador, porque hace 22 años que vivo acá, y nunca pudimos conseguir que nos bajen la luz, es todo un problema” contó Benítez.

Cuando llega el calor, cuenta Carlos Aquino, “la gurizada se llena de piques, de alergias, porque al no haber agua no se les puede mantener limpio y el barrio se llena de mosquitos y alimañas, no se puede limpiar bien las casas, no podemos tener ventiladores, ni mantener la comida en una heladera, es puro sufrimiento. Acá falta todo. Basta con ver las casas. Necesitamos agua potable, luz eléctrica, y viviendas dignas ante todo. Acá hay gente trabajadora que está dispuesta a pagar por esos servicios y que sólo intenta darle condiciones de vida dignas a sus hijos”.

“Antes de las elecciones vinieron todos a prometer el oro y el moro. Ahora que terminó la campaña no volvió ninguno y nosotros quedamos acá, viviendo como siempre de esta forma” lamentó Diamantina Claudino, una de las vecinas, cuya vivienda exhibe un estado que evidencia el peligro de derrumbe de una de sus paredes laterales. “Cuando vinieron los candidatos vieron mi casita, y algunos le sacaron fotos, y me prometieron que me iban a ayudar, y acá estoy, tuve que sostener con unas maderas porque se me viene abajo la pared” indicó la vecina señalando hacia la vivienda. Aquí, Diamantina vive con su nieta, y además del peligro de derrumbe conviven con la precariedad de un techo que no logra contener el agua cuando llueve. “También me prometieron un techo, pero eso vienen prometiendo desde hace años, siempre fue así, puras promesas, la verdad es que cada vez que llueve se inunda todo adentro” aportó. “Muchos vecinos nos sentimos usados y pedimos que se acuerden de nosotros, necesitamos vivir en condiciones más dignas” agregó.

Algunos pocos, los que pudieron, abandonaron la villa. Es el caso de Ramón Claudino, quien vivió aquí durante diez años, junto a su familia, actualmente compuesta por once personas. Albañil de profesión, es uno de los vecinos que más gestiones ha realizado para poder conseguir “bajar la luz”. Nunca lo consiguió. “Estuve diez años reclamando, gestionando, pidiendo y nunca nada. Lo que pido es para mi mis vecinos, agua potable y luz, tan sencillo como eso. Pedimos una caja de tipo rural, de esas que se usa en la colonia, donde los vecinos podamos compartir, pero el actual intendente no nos autoriza, solamente porque este lugar esta considerado camino vecinal. Así vivimos, sin poder tener heladera, ni celular, con una oscuridad peligrosa, y siempre escuchando promesas. Por eso me fui, a otra villa, el barrio Chezny, donde la menos se puede tener luz” nos dice Ramón.

(*) Comunicador popular. Cronista de revista superficie.