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Tierra

El Pu Lof en Resistencia Dto. Cushamen se encuentra al noroeste de la actual provincia de Chubut, sobre ruta nacional 40 entre las ciudad,es de Esquel y El Maitén. Allí se lleva a cabo desde el 13 de Marzo del 2015 un proceso de recuperación territorial por parte de familias del pueblo mapuche, integrantes a su vez del Movimiento Mapuche Autónomo Puel Mapu (MAP). Movimiento que tiene como fundamento recuperar tierras productivas y sagradas por, desde y para las comunidades, a partir de las cuales puedan desarrollar lo que ellxs llaman el mapuchengen, el ser mapuche de forma íntegra y ejercer una verdadera autonomía tanto territorial como política.

Por Carolina Gómez*
Fotos: Ramiro Fernández Camillo

“Soy un niño salvaje, inocente, libre y silvestre
Tengo todas las edades, mis abuelos viven en mí
Yo soy hijo de la tierra, solo se compartir
Se que todo es de todos y que todos viven en mi”
[Canto de un pichikeche (niño) en el Pu Lof en resistencia Dto. Cushamen, Cura Mapu]

“¿Cuándo fue que el hombre dejó de sentir el abrazo del viento sobre la piel de su espalda,
Cuándo fue la última vez en que te presentaste ante el mundo con tu rostro de piedra, le cantaste a los espíritus, dejaste que el agua corriera por tus grietas, y con las gotas que caían de la punta de tus dedos regaste las tierras que ahora lloran sumergidas bajo el miedo?
Hay de esos tiempos en que seguiríamos siendo hermanos,
abriríamos los ojos para saludar a la mañana
Mari Mari diríamos y seguiríamos siendo tierra y cielo ante la mirada de la naturaleza”
[Intro canción “Nuestro Mensaje” Che Joven]

Cura Mapu así se llama esta región, al este de la cordillera de los Andes, donde las piedras, imponen su presencia en la inmensidad del paisaje patagónico, donde el viento sopla fuerte, desparramando historias de amor y lucha, compartiendo sus memorias.
Historias de un pueblo conciente de que ha llegado la hora de levantarse y alzar la voz contra el despojo sistemático de sus tierras y con ellas también de sus maneras de ser y habitarlas. Recuperar el territorio es el primer paso para volver a ejercer la libre autodeterminación como pueblo preexistente al estado nacional.
Desde el Pu Lof (conjunto de comunidades) en Resistencia, Cura Mapu, una humilde crónica de mi paso por estas tierras áridas donde la historia se escribe con el cuerpo y se cuenta con la mirada.

SIN TERRITORIO NO HAY PUEBLO QUE EXISTA

El Pu Lof en Resistencia, Dto. Cushamen, se encuentra al noroeste de la actual provincia de Chubut, sobre ruta nacional 40 entre las ciudades de Esquel y El Maitén. Allí se lleva a cabo desde el 13 de Marzo del 2015 un proceso de recuperación territorial por parte de familias del pueblo mapuche, integrantes a su vez del Movimiento Mapuche Autónomo Puel Mapu (MAP). Movimiento que tiene como fundamento recuperar tierras productivas y sagradas por, desde y para las comunidades, a partir de las cuales puedan desarrollar lo que ellxs llaman el mapuchengen, el ser mapuche de forma íntegra y ejercer una verdadera autonomía tanto territorial como política.
Son varias las familias que decidieron ponerle el cuerpo a la lucha, sabiendo que el camino sería arduo y que los intereses tanto económicos como políticos dentro del territorio eran muy grandes, pero que sin embargo no había opción si lo que se buscaba era tener una vida digna.
En estos casi dos años que lleva la recuperación, el Pu Lof en Resistencia ha sufrido 10 intentos de desalojo, en los cuales las autoridades provinciales y nacionales han hecho uso de la fuerza intentando desarticular la lucha, estigmatizar al pueblo mapuche y silenciar su mensaje hacia el resto de las comunidades.
Lo que se busca es deslegitimar una lucha que como expresan desde la comunidad, no es solo para su comunidad sino para el resto de los pueblos que también sufren actos de injusticia en sus territorios:

“La cosmovisión del pueblo mapuche es la que ha sostenido a este pueblo durante miles de años en este espacio, primero con la corona española y luego con el estado argentino hemos sufrido un avasallamiento, y realmente en este punto de la historia estamos en un momento crítico donde no nos queda otra que luchar o dejar de existir. Nosotros como todas las comunidades que conforman esta recuperación optamos por seguir existiendo, por defender la vida, por una vida digna no solo para el pueblo mapuche sino para todos los pueblos, por eso invitamos a todos los pueblos a manifestarse de todas las formas posibles contra todos los actos de injusticia que se vienen sufriendo”
(werken (vocero) del Pu Lof)
El mensaje es claro y preciso, es necesario levantar la voz, alzar la mirada y buscar la unidad de todo el pueblo mapuche. Ya son muchos años de opresión, de silencio y de vivir bajo mandatos y formas ajenas a la propia cultura.
Es una lucha que echa luz a cuestiones y situaciones que se repiten a lo largo y ancho del país. La recuperación del territorio ancestral plantea objetivos que van más allá de la simple obtención de una porción de tierra donde vivir. El inicio de este proceso de reconstitución de la cultura mapuche dentro del territorio implicó un golpe para muchas instituciones del Estado como también para muchas personas que se adjudican el título de “dueños legítimos” de la tierra. Estamos frente a una lucha que incomoda, que moviliza, desmantela y visibiliza una situación histórica de despojo y de violencia tanto física como cultural contra los pobladores originarios, muchos de los cuales han sido obligados a migrar a las ciudades. En este sentido, una lamgen (hermana) del Pu Lof en Resistencia, señala:
“En este proceso que llevamos a cabo varias comunidades se recupera este espacio al holding italiano Benetton para protegerlo de los proyectos que tiene esta multinacional. En esta zona hay realizados un gran número de cateos mineros a la espera de poder concretar sus proyectos a través de la compañía minera Minsud. Aparte de proteger este espacio para que no lo destruyan estamos resguardándolo porque es un espacio vital para vivir verdaderamente como mapuche. Estamos en este espacio, porque acá confluyen miembros de diferentes comunidades que han nacido, algunos en comunidades, y otros por mala suerte en barrios marginales de las ciudades, pero a pesar de eso, el nivel de opresión, de despojo, se vive de las dos partes, y ante este problema en donde hemos perdido gran parte de nuestra cultura, por las practicas y políticas del estado para avasallar contra los pueblos preexistentes. Nos vemos obligados a recuperar este espacio para poder seguir siendo mapuches de forma íntegra, esta es una recuperación productiva, en la cual se puede sembrar, tener animales, porque hay buenos pastizales, hay agua pura.La gran mayoría de las comunidades de la zona al haber sido despojadas, sus animales se mueren porque los campos están sobre-pastoreados, las aguadas se secan cada vez más, entonces forzadamente se ven obligados a abandonar sus campos por la extrema pobreza que les toca vivir”

El despojo de las tierras y arrinconamiento de los pueblos indígenas es una situación que lleva larga data. Raúl Díaz, docente e investigador de la Universidad del Comahue señala que una de las primeras acciones llevadas a cabo por el gobierno nacional para poblar estas tierras, luego de la Campaña del Desierto, fue un remate público realizado en 1885, la entrega de títulos a suscriptores que financiaron la expedición militar y la entrega en carácter de premios militares. Todas estas adjudicaciones agravaron la situación de los pueblos preexistentes ya que las distintas poblaciones residuales fueron forzadas a desplazarse a tierras de menor calidad en recursos y valor económico, o subordinadas a la categoría de “permisionarios de ocupación y pastaje”, que implicaba la prohibición de las actividades productivas.
El progresivo arrinconamiento de los pueblos indígenas y la usurpación de sus territorios fue conllevado, en muchos casos, a la pérdida de conocimientos y prácticas tradicionales y la adopción de actividades económicas no sostenibles o las forzadas migraciones hacia barrios marginales de las ciudades.
Sin dudas la recuperación territorial grita aquello que el Estado prefiere callar o simplemente borrar de la memoria colectiva. Grita que aquella violenta y sangrienta Campaña del Desierto, que buscaba expulsar o integrar a los “diferentes” a la Nación Argentina en plena consolidación, aún sigue vigente. Para cerciorarse de este dato, basta con observar los hechos ocurridos durante el pasado 10 y 11 de Enero en el Pu Lof. [Ver en “Hecha la ley, hecha la trampa”]
Sin embargo a la sombra del avasallamiento del estado y los capitales extranjeros sobre tierras ancestrales, aún hoy palpita la fuerza del pueblo mapuche, un pueblo que sabe bien que la autonomía territorial y política es la base para desde allí reconstruir la cultura, volver a las prácticas ancestrales, recuperar las ceremonias, la medicina, la lengua. En palabras de una lamgen del Pu Lof:

“Acá lo que se practica es la autodeterminación de nuestro pueblo, usamos nuestra medicina, sembramos. Estamos recuperando el territorio no solamente para recuperar un pedazo de tierra sino también para recuperar nuestras costumbres, que han permanecido por miles de años. Lo que sabemos lo sabemos por nuestros abuelos, por eso es importante que estemos acá, porque ellos son los que nos enseñaron a vivir de esta forma”

¿Qué significa el “ser mapuche de forma íntegra”? ¿Cómo reconstruir la identidad como pueblo? ¿Cuál es el rol de lxs jóvenes en esta lucha?

Durante uno de los varios pentukuwvn (círculo de presentación que se realiza al llegar unx a la comunidad) en los que participé dentro de la comunidad, una lamgen dijo una frase que quedó resonando por un buen tiempo en mi mente: “Nunca vamos a ser lo que no somos, por eso debemos reconstruir nuestra cultura”, más tarde otra persona mencionaba algo similar: “estamos en un momento crítico donde no nos queda otra que luchar o dejar de existir”. No fue difícil comprender que el pueblo mapuche es en y con la tierra.
“Somos parte de la naturaleza, somos un elemento más del universo y por ende nos acoplamos al mismo. Nuestro pueblo convive en este espacio con las fuerzas de la naturaleza, con los diferentes elementos del lugar, los mapuche hemos llegado a entablar un vínculo muy profundo con la naturaleza, y acá no estamos hablando de misticismo o de una fantasía, acá realmente las cosas son así, el pueblo mapuche es un pueblo netamente espiritual, por eso estamos en este espacio” (werken del Pu Lof en resistencia)

En la comunidad

Hoy en día lxs jóvenes mapuche que están involucrados con la recuperación de su cultura, tienen una enorme responsabilidad de salir a las comunidades, de hablar con lxs abuelxs, de recorrer las ciudades donde hay cientos de hermanos mapuche que aún no se reconocen como tales, de ir en busca del conocimiento que por muchos años fue silenciado, tal vez como estrategia de conservación del mismo pueblo o tal vez producto del sometimiento y el avasallamiento de dispositivos de colonización, tales como la religión, la educación y la lengua. Dispositivos que como señala un lamgen de la comunidad les fueron impuestos sistemáticamente desde el Estado argentino:
“Hemos perdido gran parte de nuestra cultura por las prácticas y políticas del estado para avasallar contra los pueblos preexistentes y arrebatarnos la identidad o incluso prohibirla, imponiéndoles una religión, un idioma, una forma de vida completamente ajena a la propia. Por eso hoy luchamos por seguir siendo mapuches de forma íntegra, luchamos por una verdadera autonomía política y territorial”

HECHA LA LEY, HECHA LA TRAMPA

Históricamente la región patagónica estuvo ligada a la construcción de la nación en base al exclusivismo de una identidad nacional constituida mediante la expulsión o la integración subordinada de los “diferentes”, en particular los llamados salvajes que había que “civilizar”. En “La creación del Consejo Asesor de Política Indígena (CAPI) en la Administración de Parques Nacionales”, Raúl Díaz señala que desde la implementación del proyecto de organización nacional de centralización política, militar y cultural en los años ochenta del siglo XIX, las diferentes etnias que habitaban el “desierto” eran involucradas en los conflictos chileno-argentinos para establecer las líneas fronterizas, la posesión efectiva, al punto que muchos de estos grupos fueron calificados de “invasores” chilenos e, inversamente, como argentinos del otro lado de la cordillera, produciendo una división arbitraria e inexistente del pueblo nación mapuche. División que hasta nuestros días ambos Estados continúan manteniendo y reproduciendo.
En este mismo artículo se hace mención a que la superposición de múltiples normativas y de autoridades administrativas y políticas que interfieren con el ejercicio de la autoridad indígena favorece la inseguridad jurídica que, sumada a la debilidad institucional frente a los grandes intereses económicos, abre la puerta a las concesiones sobre territorios indígenas a empresas extractivistas, agrícolas, ganaderas y turísticas entre otras.
Las comunidades encuentran de esta manera cientos de obstáculos para el pleno ejercicio de sus derechos, garantizados (en la teoría) a través de acuerdos y tratados internacionales (como el Convenio N°169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales de la Organización Internacional del Trabajo y el Convenio sobre la Diversidad Biológica) e incluso la propia Constitución Nacional, la cual reconoce “la preexistencia étnica y cultural” de los pueblos indígenas argentinos, garantiza el respeto a su identidad y a una educación bilingüe e intercultural; reconoce, además, la personería jurídica de sus comunidades, la posesión y propiedad comunitaria de las tierras que tradicionalmente ocupan y el derecho a recibir otras tierras aptas y suficientes para el desarrollo humano, estableciendo que “ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos”. En el mismo texto se asegura el derecho de los pueblos indígenas a la participación en la gestión de sus recursos naturales y a los demás intereses que les afecten (artículo 75 inciso 17 de la Constitución). Todo esto dice la ley, sin embargo en la práctica sucede que el pueblo mapuche continúa siendo perseguido, criminalizado y hostigado, tan solo por ser mapuche. Rara vez se reconocen sus derechos sobre los territorios ancestrales y respetan sus prácticas.
Esto puede comprobarse simplemente al ver y analizar los últimos actos de violencia ocurridos en el Pu Lof en Resistencia, durante los días martes 10 y miércoles 11 de Enero, cuando más de 200 gendarmes cortaron los accesos hacia la comunidad en un radio de 20Kms. e ingresaron al territorio de forma violenta con escopetas, pistolas 9mm, garrotes, escudos y carro hidrante. Durante más de 10 horas los derechos humanos no existieron, y los integrantes del Pu Lof sufrieron tratos degradantes y racistas. Al igual que el día Miércoles 11 donde la infantería efectuó disparos hacia personas de la comunidad, bajo las órdenes expresas de “disparen, disparen, hay que matar a uno”, provocando varios heridos con impacto de perdigones y dos de ellos de gravedad.
Esta situación de extrema violación hacia los derechos humanos se da en el marco de una ruptura de una mesa de diálogo que buscaba concretar el paso de la maquinaria requerida por el Expreso Patagónico La Trochita por el territorio de la comunidad. La Mesa de diálogo fue rota por el gobierno provincial, que pretendió luego utilizar la excusa de la Trochita para ingresar al territorio y desalojar a la comunidad.
¿Qué clase de diálogo se puede esperar cuando lo que prima es la soberbia, la violencia y la negación de una otra cultura, otra forma de gobernanza y de vínculo con el territorio, por parte de un estado aliado ni más ni menos que la multinacional Benetton, poseedora de más de 1 millón de hectáreas en la Patagonia?


Unas últimas palabras…

Hay historias que nos atraviesan, experiencias que nos sumergen en un viaje hacia lo profundo, hay personas que nos abrazan con la mirada y nos cuentan con el alma. Son estas personas las que el camino me ha hecho encontrar en Cura Mapu.
Agradezco infinitamente a todas las personas del lof los mates y charlas compartidas, el contagiarme al menos un poquito de su fuerza y enorme coraje, y les agradezco por generarme más preguntas y por hacerme saber que ya no puedo dejar de abrir la mirada, que ya no puedo dejar de sentir que su lucha no me es ajena, su lucha también es mía.
Para quienes no somos mapuche de sangre se trata de recordar nuestro origen, porque en el origen siempre habrá ancestros que supieron saberse y sentirse parte de la tierra. Como me dijo un lamgen de lof “Esto no es misticismo, esto es la vida, somos seres de la tierra”.
Sin dudas hubo un tiempo donde se escuchaba atento la palabra de lxs abuelxs y se honraba esa gran sabiduría llamada experiencia. Hubo un tiempo donde los estados y sus fronteras imaginarias no existían, donde la tierra era un bien común.

Fuentes consultadas

Estudio de caso en Argentina: La creación del Consejo Asesor de Política Indígena (CAPI) en la Administración de Parques Nacionales. Raúl Díaz En “Experiencias organizativas hacia la gobernanza indígena de las áreas protegidas”
GRUPO INTERCULTURAL ALMÁCIGA
Red de Apoyo Comunidades en conflicto – Comunicados de prensa
Entrevistas hechas en el Pu Lof en resistencia, Dto. Cushamen durante el mes de Enero 2017

* Colaboradora de revista superficie

En Santiago del Estero son muchxs lxs campesinxs que resisten, con fuerza y organización, el avance del agronegocio sobre sus territorios, los violentos desalojos y el silencio cómplice de autoridades provinciales que durante años fueron y continúan siendo fieles a intereses económicos que lejos se encuentran de respetar la tierra y los pueblos campesino-indígenas que en ella habitan. A continuación presentamos un informe de visita al MoCaSe, Movimiento Campesino de Santiago del Estero, que lucha por el derecho a vivir dignamente en sus territorios.

(*) Por Carolina Paula Gómez

Un pájaro con una sola ala no vuela, tiene que tener dos y entonces así va más lejos
Mirta Coronel, MOCASE VC

Cualquier reflexión colectiva es ya una acción de resistencia,
puesto que la lógica de la guerra permanente busca individualizar
las relaciones y aislar a las personas (marginarlas y encerrarlas)

Ramón Vera Herrera

Sábado 6 de agosto de 2016. En Quimilí, donde se encuentra la primera central del MoCaSe, 200 kilómetros al este de la capital provincial, se respira aire de celebración, y también de resistencia. El Movimiento Campesino de Santiago del Estero (MoCaSe) cumple 26 años desde su nacimiento como organización.
Allá por agosto de 1990 surgía este movimiento que hoy nuclea aproximadamente a 9 mil familias a lo largo y ancho de todo el territorio provincial. Organizado por centrales y comisiones de trabajo, tiene como principales banderas de lucha: la reforma agraria integral, la soberanía alimentaria, una propuesta educativa para jóvenes y niñxs de las comunidades, la defensa del territorio y la igualdad de género.
Conocer el MoCaSe es acercarse a la praxis, es ir al encuentro de otras lógicas donde la palabra vuelve a cobrar sentido, donde el respeto y el amor por la familia está presente en cada acto y donde la experiencia se valora y comparte.

Mocase - cartel unión

Las comunidades del movimiento hablan, debaten y reflexionan sobre una realidad que les exige estar alerta, pero lo que más se observa es el hacer y ser campesino. Resistir es entonces continuar con su modo de vida campesino y defender lo que les pertenece, sus territorios.
Históricamente Santiago del Estero ha tenido una problemática con relación a la tenencia de la tierra, pero en los últimos años ésta se fue incrementando, con el avance de la frontera agropecuaria y los violentos desalojos que muchos pobladores han sufrido de sus propios territorios, donde viven y trabajan desde generaciones.
Frente a esta situación, ¿cuáles son las alternativas? ¿Trabajar una tierra rentada sin producir ya los propios alimentos? ¿Migrar a las grandes ciudades para sumar filas al ejército de trabajadorxs precarizadxs? ¿O encarar la resistencia?

De cómo se construyen esos “otros mundos”
El MoCaSe forma parte del Movimiento Nacional Campesino Indígena (MNCI), de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo – Vía Campesina (CLOC –VC) y de la Vía Campesina (VC).
Como integrante de la VC, movimiento internacional que agrupa a campesinxs, pequeños y medianos productores, pueblos sin tierra, pescadores artesanales e indígenas de todo el mundo, trabaja en políticas y acciones concretas que promuevan la agricultura sostenible a pequeña escala en detrimento y como contracara de la expansión del agronegocio.
En este sentido es importante mencionar dos ideas clave frente a las cuales el movimiento se constituye como tal: la reforma agraria integral y la soberanía alimentaria. Ideas que no están aisladas, sino que por el contrario se articulan con toda una serie de acciones y medidas en pos de una verdadera transformación social, desde abajo, donde la lucha no es por la obtención de títulos personales de propiedad de la tierra, sino por el respeto a las leyes de protección de las comunidades indígenas y sus territorios en materia de posesión y propiedad comunitaria.
Al respecto de la reforma agraria integral, Margarita Gómez de la comunidad de Rincón del Saladillo señala: “Es una reforma agraria que se construye en el territorio, pero también es una reforma agraria que se construye colectivamente. Nosotros cuando entramos en una organización pasamos a ser un nosotros, dejamos de ser el “yo” para pasar a ser un colectivo de personas”.
Por otro lado el movimiento apuesta a un cambio de paradigma en cuanto a la producción y comercialización de los alimentos campesinos, a través de la consolidación de fábricas de dulces, quesos, producción, embotellamiento de miel y carnicerías. Se intenta que los productos campesinos lleguen directamente al consumidor a un precio accesible, evitando de esta manera los intermediarios y apostando a una alimentación sana.
Explica Mirta Coronel, de la comunidad Rincón del Saladillo: “A nosotros no nos molesta que se difunda lo que hacemos, lo que defendemos, lo que pensamos, para que se haga más visible la lucha. El campo y la ciudad tenemos que estar unidos. Es el eje que tenemos que seguir, porque sin la ciudad no seriamos nada, y la ciudad sin nosotros tampoco sería nada, porque la alimentación sale de aquí, de la tierra, del campesino, porque los que producen mucho no producen alimentos sino que producen para forraje de animales de afuera, y lo que nosotros hacemos queda en nuestro país, alimentando a nuestro pueblo, con una alimentación sana, no con químicos ni nada de eso”.
Todas estas acciones están articuladas con una fuerte apuesta del movimiento al eje educativo, entendiendo a la educación y la formación política como la columna vertebral de la organización.
A mediados del año 2007 se abrió la Escuela de Agroecología, ubicada en la localidad de Quimili y fruto de una larga historia de educación popular del movimiento. Actualmente acuden a la misma más de 80 jóvenes de Santiago del Estero y otras provincias. Paralelamente se está terminando de consolidar el proyecto de la Universidad Campesina UNICAM Suri, en Ojo de Agua, al sur de la provincia, la cual comenzó a construirse en el año 2010.
Respecto a la importancia de formarse por dentro y fuera de la escuela, Mirta señala: “Tenemos una escuela de agroecología, nuestros jóvenes de cada comunidad están viniendo. Tenemos muchos egresados que están coordinando materias. Este fue un gran logro de nosotros, los viejos, le damos esa valentía a los jóvenes, porque son ellos y ellas las que mañana o pasado van a seguir este camino, y para eso tenemos que dejar formado ese camino, con nuevas ideas, estrategias”. Y agrega: “Nosotros en cada comunidad tenemos que ir aprendiendo de lo que ellos traen. Yo tengo mis hijos que están viniendo a la escuela de agro, y cuando vuelven van trayendo deberes, van trayendo cosas, y bueno yo me pongo a leer y a pensar, y una va aprendiendo junto con ellos
El movimiento sabe y entiende que la lucha no la hacen solos, sino que hay que unirse con compañerxs de las ciudades que también se movilizan por la defensa de territorios y alimentos sanos. En este sentido trabajan en coordinación con organizaciones del Gran Buenos Aires, nucleadas también al MNCI, así como también participan en charlas y actividades en escuelas y universidades para difundir el movimiento. “Hablamos con los jóvenes de las escuelas, universidades. Vamos a dar charlas sobre lo que es el movimiento. Nos hacernos conocer, porque a veces en la universidad se estudia, pero en los libros, todo libros, y a veces la realidad en el campo es otra cosa. Muchos chicos que estudian agronomía han venido de pasantía, y han visto otras cosas, se sorprenden de lo que uno defiende, de la naturaleza, la manera que uno produce, que no se necesita agrotóxicos, se puede producir lo mismo”, expresa Mirta Coronel.

Presos en sus propios territorios
Y la lucha es continua. Como dicen desde la organización, hay que estar siempre alerta. Durante la marcha convocada por el movimiento el viernes 5 de agosto en la localidad de Quimilí, las miradas y los gritos pidiendo justicia estuvieron puestos en el conflicto de tierras que atraviesa la comunidad de Yaku Cachi en Bajo Hondo, en un intento de visibilizar en toda la comunidad la violencia diaria que muchas familias campesinas están sufriendo a tan sólo 80 kilómetros de allí.
El empresario Orlando Canido, dueño de la marca de gaseosa “Manaos”, y su mano derecha local, Lachy Letonai, no solo contrataron a una patota de sicarios armados para amenazar de muerte a las familias campesinas, sino que también quemaron sus viviendas, corrales, envenenaron el agua de consumo y mataron animales.
La justicia santiagueña restituyó la posesión de las tierras a las familias de la comunidad; sin embargo, el empresario sigue persiguiendo y hostigando con matones a campesinxs, niñxs, mujeres y personas mayores que resisten por y desde sus territorios, en acampes improvisados y con muy poco, pero con algo fundamental: dignidad, valentía y como se leía en un cartel: con el corazón en lo alto.

Mocase - cartel corazón

En la actualidad la única “seguridad” que la comunidad tiene frente a decenas de sicarios que se pasean en camionetas 4×4, es un puesto policial donde algunos oficiales (sin móvil) “vigilan” que todo esté en orden.
En tiempos turbulentos, se vuelve inevitable y necesario volver a preguntarnos ¿qué carta juega el Estado provincial en todo esto? ¿Qué rol deberían cumplir los medios de comunicación frente a semejantes actos de violencia y abuso de derechos? ¿Qué sucede cuando el gobierno se vuelve un aliado más (tal vez el más importante) de las grandes corporaciones y da rienda libre al desmonte, la imposición de monocultivos y los paquetes de agrotóxicos?
Tal vez es éste el momento en el que se hace más fuerte la necesidad, que Mirta y otrxs compañerxs del movimiento señalaban, de unirse, de trabajar en conjunto el campo y la ciudad, de entender que a pesar de la latitud en la que estemos, las múltiples banderas que levantemos, y los miles de idiomas en los que hablemos, la lucha muchas veces es la misma, y para darle batalla es necesario organizarse, recuperar la confianza y la historia propia, reivindicar también aquellos saberes no certificados y el poder de la autogestión. Y por último pero no menos importante, salir de la individualidad y de la comodidad del “Yo”, para comprometernos con el Nosotrxs.

¡Ni un metro más, la tierra es nuestra!
¡Cristián Ferreyra y Miguel Galván PRESENTES, Ahora y SIEMPRE!(**)

Enlaces:
http://www.mocase.org.ar/
https://viacampesina.org/es/
http://www.cloc-viacampesina.net/

(*) Colaboradora de revista superficie, corresponsal en Paraná, Entre Ríos.

(**) Cristián Ferreyra y Miguel Galván, campesinos militantes del MoCaSe, ambos asesinados por empresarios del agronegocio.

Cristian Ferreyra, nacido en la comunidad indígena lule-vilela de San Antonio, al norte de Santiago del Estero, a 60 Kilómetros de Monte Quemado. Habitaba junto a su familia dos mil hectáreas comunitarias desde hace generaciones. La comunidad denunciaba el acoso de empresarios que pretendían las tierras comunitarias y para esto recurrían a constantes amenazas a los campesinos, cierre de caminos vecinales y matanza de animales.
El 16 de noviembre del 2011 Cristian fue asesinado en su casa, al negarse a dejar su territorio, de un disparo de escopeta por los hermanos Javier y Anton Juarez, dos guardias privados enviados por el empresario santafesino José Ciccioli.

Miguel Galván, nacido y criado en el paraje El Simbol, cuyos territorios comparten las provincias de Salta y Santiago del Estero. Desde sus inicios formó parte junto a su familia de la Central Campesina Indígena 3 Fronteras del Mocase-VC.
Durante todos estos años, han estado resistiendo al avance de distintos empresarios del agronegocio sobre sus territorios, los desmontes ilegales y la matanza de animales. Desde el año 2011 la familia de Miguel venia presentando denuncias a la Justicia provincial por usurpación y amenazas de la empresa Agropecuaria La Paz S.A, bandas armadas. Pero las bandas armadas siguieron su trabajo y en octubre del 2012, Miguel fue asesinado en su casa por Paulino Risso Patrón, contratado por la empresa.

Diez años de lucha, dos años de espera. El pasado sábado 6 de junio se cumplieron dos años de la ley de expropiación que concede a las familias ubicadas en la zona de Piray 18 seiscientas hectáreas para ser destinadas a la producción colectiva y comunitaria. Pero la fecha, lejos de representar un día de celebración, llama la atención sobre cuánto demora hacer cumplir una ley cuando se trata de los derechos de las poblaciones en situación de pobreza y vulnerabilidad.

Por redacción superficie

En 2010, la Asociación Civil Nativos, generó una “sugerencia para el arbolado público”, consistente en una guía de especies de la flora nativa, aptas para su plantación en veredas y distintos espacios verdes de la ciudad de Pùerto Rico. Un documento científico que aporta a la comprensión de la importancia que tiene la interacción de especies nativas en ámbitos públicos y urbanos.

Por Redacción superficie

Se encuentra en etapa de post producción El Che Negrito, película que fue rodada en Puerto Libertad (Misiones), y que narra una historia real, pero que parece surgida de un cuento. El protagonista es Fidel, un niño que mantiene a su familia corriendo carreras con su caballo, al que llaman El Che. Dialogamos con el director del film, Mario Verón.

Piray amaneció con el cielo cubierto y una llovizna fina. Ayer llovió fuerte y el camino terrado de la ex Ruta 12 muestra grandes charcos rojizos. En el barrio Unión, la niebla se confunde con el humo de las chimeneas.

Es 6 de junio y se cumple un año de la aprobación unánime de la Ley de expropiación. La convocatoria es a las 8 en el local de PIP (Productores Independientes de Piray). De a poco van llegando campesinos de diferentes lugares de la provincia: Puerto Libertad, Santiago de Liniers, Wanda, Colonia Delicia, Montecarlo, Colonia Delicia, Pozo Azul.

Por Sebastián Korol (*)

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