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Pueblos originarios

Entrevista a Sonia Ivanoff, abogada del dirigente mapuche Facundo Jones Huala.

El próximo 31 de Agosto en la ciudad de Esquel, Chubut, dará inicio a la Audiencia de Extradición del preso político mapuche Facundo Jones Huala (30), a pedido del Estado chileno.
La Justicia del país trasandino solicita la extradición en una causa judicial que las organizaciones mapuche atribuyen a la persecución política a las comunidades que resistieron al proyecto de construcción de una represa hidroeléctrica en el sitio sagrado llamado Ngen Mapu Kintuante.

Por Carolina Gómez y Cecilia Rodrigues
revista superficie/Agencia para la Libertad

Facundo Jones Huala fue detenido el 27 de mayo pasado en la Comunidad de Vuelta del Río, Chubut, que desde abril de 2015 sostiene un proceso de recuperación de tierras frente a la poderosa multinacional Benetton. Pero en sus intervenciones públicas Facundo se refiere al conflicto histórico del pueblo mapuche frente a los Estados chileno y argentino que llevaron adelante procesos de conquista de sus territorios ancestrales que implicaron el genocidio y el despojo de sus tierras.
El conflicto político histórico entre el pueblo nación mapuche frente a los Estados chileno y argentino tiene ribetes peculiares en el caso de Facundo Jones Huala, el primer preso político de un pueblo originario solicitado en extradición.
En este marco y ante la inminente apertura de la Audiencia de Extradiciòn dialogamos con la Dra. Sonia Ivanoff, defensora de Facundo.

¿Qué Esperan de la audiencia del 31 de Agosto? ¿Qué van a plantear para impedir la extradición de Facundo Jones Huala?

El panorama y el contexto donde se da es bastante difícil, fundamentalmente la defensa por supuesto va a ir encaminada a la no extradición y una de las causales para solicitarla es que se trata de una persecución política y tal como lo viene manifestando Facundo es un preso político mapuche, y no es ajeno a la historia o a la memoria colectiva del pueblo de que ambos Estados (tanto Chile como Argentina) son los Estados que están interviniendo en el marco de una Ley de Cooperación Internacional en Materia Penal, una ley por supuesto no consultada ni proclive al reconocimiento de los derechos humanos de los pueblos indígenas como pueblos preexistentes a los Estados.
Se convierte en un caso paradigmático, en el sentido de que es la primera vez que los estados tienen que intervenir en la extradición de un miembro de un pueblo indígena, y en segundo lugar es en el marco de un conflicto de un pueblo indígena, que es la defensa de un territorio ancestral y es la reivindicación de un derecho colectivo como pueblos preexistentes al Estado. Entonces esto hace que la persecución sean delitos políticos. Y ese es un poco el diseño de la defensa, igualmente hay que escuchar las pruebas de la fiscalía y las pruebas presentadas por nosotros en particular.
El contexto donde se desarrolla es un contexto nacional bastante complejo también, porque no es un contexto nacional proclive a escuchar o hacer una lectura de la realidad y las luchas sociales.
Si las luchas sociales de los sujetos con reconocimiento de derechos van a ser criminalizadas o repelidas por las fuerzas militares o federales o se está tratando de ver que estas luchas sociales infringen la ley, fundamentalmente delitos del orden del ámbito federal que atentan con el orden público, el contexto no es de los mejores. El panorama nacional es complejo, Esquel es una localidad muy chica, y es una ciudad que hoy por hoy está bastante militarizada. Han llegado muchísimas fuerzas militares para el desarrollo de este juicio.
Nosotros lo planteamos como una reivindicación histórica, en realidad registrar a los pueblos indígenas en las luchas con sus derechos. Pero bueno, posiblemente las lentes que usamos son diferentes, cada uno construye su relato histórico como ha querido relatarlo, pero fundamentalmente el tema de la militarización para los pueblos indígenas abre heridas muy importantes que no es de hace muchos años. Y que el pueblo mapuche en el caso de Pampa, Patagonia con lo que significó esa mal llamada conquista del desierto, desierto de personas que no eran sujetos. Asi que bueno, ese es un poco el panorama.

Es de resaltar que el manejo que el Estado chileno asume frente al llamado “conflicto mapuche”, es decir, a las reivindicaciones territoriales legítimas de ese pueblo, se caracteriza por la respuesta represiva. Esa política se traduce en judicialización del conflicto histórico político, aplicación específica de la Ley Antiterrorista, represión directa a las comunidades, hostigamiento policial y asesinatos selectivos. Además por lo menos 40 de los presos políticos que mantiene el Estado chileno en sus cárceles son de origen mapuche. Un panorama que hace totalmente desaconsejable la aprobación de las extradición.

Apresamiento de activistas y actividad de espías:

En Agosto de 2015 quedó al descubierto que la Fiscalía de la Circunscripción Esquel del Poder Judicial de Chubut, que venía investigando a la Comunidad de Vuelta del Río, había recibido información obtenida mediante espionaje ilegal entregada por un espía de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) ex SIDE. Las actividades del espía habían permitido el fichaje de al menos 26 activistas de la Asamblea No a la Mina de Esquel y también acumuló durante más de un año información acerca de la recuperación de tierras en Vuelta del Rio y en particular sobre la presencia de Facundo Jones Huala en el lugar, sobre quien ya pesaba un pedido de captura por parte del Estado chileno.
Si bien el espía fue procesado por realizar tareas ilegales de inteligencia, los fiscales que admitieron la información obtenida por este medio lograron desligarse de la denuncia por espionaje ilegal. Este es tal vez el antecedente más grave de la acción del Estado en este caso, pero no el único.
El 26 de agosto pasado dos personas que realizaban pegatinas en favor de la libertad de Facundo fueron arbitrariamente detenidas por la policía en Esquel. A estas situaciones se refiere la Dra. Ivanoff

¿Cómo se vive la situación en Esquel por estos momentos?

Es complejo, porque si para pegar pegatinas te ponen preso. El jueves mismo mujeres de la comunidad y de la Red de Apoyo fueron apaleadas por la policía en la calle por pegar afiches de la No extradición al Longko, y son demoradas 8-9 hs en una comisaría sin formulación de cargos, sin que haya colaboración de la defensa pública, porque tienen el criterio de que hasta las 7 de la mañana no abre la oficina, criterio que es utilizado según cómo, en realidad es miedo. No hace mucho Patagonia se hizo a fuerza de cañonazos, no se hizo a fuerza de otras cosas, la gente tiene miedo, no habla, no dice, ¿para qué se va a expresar si te meten en cana? Distribuís un folleto y te piden documento, Identifíquese, ¿Ud. quién es? Sin orden, sin nada. No es el mejor de los escenarios. Además el entorno donde está todo esto, en el marco de esta causa y también de la persecución política de Facundo hubo un espía del servicio de inteligencia que investigó hasta los luchadores sociales del No A la mina. Es muy complejo, es una lectura muy compleja.

¿Hay alguna organización a nivel provincial que haya o esté registrando todos los conflictos territoriales vinculados a población indígena?

En su momento Amnistía Internacional hizo un mapa, creo que lo publicó en Diciembre del año pasado. Es bastante ajustado, pero como en nuestro país las estadísticas siempre han sido mentirosas y no son confiables… Y por otro lado, si no provienen de la fuente directa que son los pueblos indígenas… Las construcciones estatales de los pueblos indígenas, en particular, te digo en 30 años son totalmente capciosas, descontextualizadas, fuera de la realidad, no consultadas, sin participación de la población indígena, derechos fundamentales que el Estado debe garantizar en cualquier diseño de política pública en su relación con los pueblos indígenas. Entonces hay una proclama constitucional que se pisotea constantemente. Prácticamente todo lo que está, para no ser tan exagerada, podría decir que en el 90 % de las fuentes estatales son totalmente dibujados los números.

La reivindicación territorial frente a las leyes
:

¿Actualmente cómo es la situación que están viviendo las familias en la zona de Leleque, lugar donde sucedió el allanamiento?

Es una constante la situación de alerta, imaginate que si estas en la ciudad por portación de cara te preguntan qué estás haciendo, imaginate en el medio del campo donde no hay señal de celular. Además (Facundo) fue investigado por los servicios de inteligencia tanto chilenos como argentinos.
La reivindicación de los territorios ancestrales es un derecho que tienen los pueblos indígenas y de hecho así lo plantea el Convenio 169 al cual Argentina adhiere, que pueden reivindicar los territorios que fueron ancestralmente ocupados anterior a la conquista y a la colonización, es decir que lo que hacen en una recuperación de territorio ancestral no es más que la reivindicación de ese derecho reconocido. No es una usurpación de un terreno fiscal o de un particular, que lo quieran llevar a ese terreno de la ley del ciudadano común, del concepto de propiedad privada, es a contrapelo del reconocimiento del derecho indígena. Es la reivindicación de un derecho, volver al territorio. ¿Pero por qué? Por un lado está el derecho, no solamente en la memoria colectiva del pueblo que es el derecho consuetudinario, también reconocido, sino también porque hay específicamente un artículo que así lo reconoce. Y al haberse reconocido a la propiedad comunitaria indígena como una especie de propiedad diferente a la propiedad civil del Código Civil. De hecho en la reforma del Código no entró la propiedad, porque no puede ir en una norma inferior cuando está reconocida por la propia Constitución.
Enseguida esto es criminalizado, enseguida es “esto es una usurpación” No, no se recupera un territorio ajeno, para nada.
También lo que se reconoce es la posesión y la ocupación tradicional, puede ser hasta espiritual. Y no necesariamente como objeto, sujeto de la cosa, esto tampoco se entiende para la sociedad occidental. Puedo reivindicar un territorio porque allí yacen los espíritus dentro de la filosofía del pueblo. Ahora cuando vos hablas de esto, te dicen: Vos estás re chapa…

India Juliana

Cuenta la historia que hacia el año 1542, en la muy recién fundada ciudad de Asunción, una mujer guaraní asesinó a su amo/marido español Nuño de Cabrera y convocó a las mujeres guaraníes entregadas a los conquistadores a seguir su ejemplo. Aquí un rescate de la rebelión intentada por la india Juliana en la capital de la actual República del Paraguay.

Por Cecilia Rodrigues (*)

Juliana habría sido hija de un cacique guaraní de la zona de Asunción, y habría sido entregada a su amo/marido español Nuño de Cabrera como parte de los pactos de paz que celebraron los guaraníes con los españoles en los primeros años de la conquista. Juliana sería el nombre que le fue impuesto tras un breve -y obligado- ritual de bautismo cristiano que la “habilitó” a servir a un ibérico en tierras guaraníes.

Las referencias históricas son pocas, vagas y contradictorias, pero todas coinciden en la existencia de la guaraní que pasó a asesinó a su abusador. Algunos autores ubican el hecho en la Semana Santa de 1539, fecha en la cual ocurrió el primer gran intento de motín de los guaraníes contra los españoles asentados en Asunción. Sin embargo existen elementos que indican que los acontecimientos ocurrieron con posterioridad, ya en 1542.

Se cuenta que, harta de abusos y maltratos, Juliana asesinó a su amo/marido Nuño y luego habría incitado a otras mujeres guaraníes, entregadas como ella a los conquistadores, a seguir su ejemplo.

Asi lo cuenta el historiador Roberto Romero (1995) en su obra La Revolución Comunera del Paraguay:

“…las mujeres guaraníes protagonizaron la gran conspiración contra los colonizadores españoles, dirigida por la india Juliana, en el año 1542. Ella mató a su marido español Ñuño Cabrera y salió a recorrer las calles de la ciudad, incitando a las nativas que hicieran lo mismo con sus esposos europeos para terminar con todos los conquistadores. La conspiración fue dominada y Juliana fue condenada y ejecutada por orden del Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca. La heroína guaraní murió en la horca…” (Romero, op.cit.)

El propio Alvar Núñez relata su intervención en el caso en su “Relación de los Naufragios y Comentarios”, dando una versión diferente de los hechos:

“…al tiempo que llegué á la dicha provincia fuy ynformado que una yndia llamada Juliana, natural de la dicha tierra, avia dado ponzoña a un crystiano llamado Ñuño de Cabrera, y que Domingo de Yrala la avia tenido presa é abia hecho proceso contra ella, é abiendo comprobado el delito por confision de la dicha Juliana (…) al tiempo que supieron que yo benia la hizieron soltadiza y la dicha Juliana se fue, é á todas las otras yndias que syrbian á los crystianos les dezia que ella sola hera la baílente que avia muerto á su marido; lo qual benido a my noticia mandé buscar é prender la dicha Juliana, y presa, procediendo de nuevo tornó á confesar el delito, (…) y por birtud del proceso mi alcalde hizo justicia della, porque damas de merecerlo convino para quitar el atrevimiento que otras no se atrebiesen á semejantes casos…”

Más allá de las diferentes versiones acerca del asesinato de Nuño de Cabrera, lo que queda fuera de duda es que Juliana fue torturada y asesinada públicamente con crueldad ejemplificadora para las muchas mujeres guaraníes que vivían en la Asunción de ese tiempo como concubinas de los conquistadores.

Los intentos frustrados de multiplicar su ejemplo no son mencionados con frecuencia por los historiadores que relatan las grandes rebeliones guaraníes contra los españoles, ciclo que comenzó en 1539; tal vez porque no logró poner realmente en jaque el poder de los conquistadores. Sin embargo, el asesinato de Nuño de Cabrera por parte de Juliana, una de sus concubinas, lejos de ser un incidente doméstico, tiene un trasfondo histórico dramático y nos propone mirar de cerca las relaciones entre guaraníes y españoles en los primeros años de la conquista de lo que actualmente es Paraguay; en particular, la situación de las mujeres originarias en ese contexto.

carios

1537: fundación de Asunción, pacto entre karios y españoles

La entrega de mujeres como parte del pacto

Los españoles fundaron el fuerte de Asunción en agosto de 1537, siendo para ello decisiva la victoria en 1536 sobre las fuerzas guaraníes que estaban al mando del cacique Lambaré.

La bahía en la que se emplaza la actual capital paraguaya, antiguamente llamada por los nativos Paraguâ-y, era habitada por la parcialidad kario del pueblo guaraní. Como todos los guaraníes, se trataba de un pueblo guerrero, que se encontraba en la fase neolítica superior. Eran seminómades; se asentaban en algún lugar por algunos años durante los cuales practicaban una agricultura precaria y luego migraban para no agotar la tierra. No existía entre ellos divisiones de clase ni acumulación de riquezas, pero se organizaban en base a una marcada división sexual del trabajo: los hombres cazaban, recolectaban, preparaban la tierra para el cultivo y hacían la guerra, en tanto que las mujeres cultivaban la tierra, criaban a los niños y hacian el trabajo doméstico.

El primer contacto entre españoles y karios habría sido a través de breves escaramuzas en las cuales los ibéricos triunfaron en gran medida gracias a la superioridad de su armamento, pero también gracias al deslumbramiento que paralizaba a los guerreros karios cuando veían en las armas e instrumentos de metal de los extranjeros el poder de la magia, lo cual representaba para los originarios una señal indudable de superioridad. A partir de alli llamarán karaí a los españoles, término que refería a sus propios karaiva o shamanes con poderes mágicos.

Ya al momento de ser derrotadas las fuerzas de Lambaré en 1536 los karios solicitan a los españoles que no maten a sus mujeres y niños, y les entregan mujeres en señal de rendición. Este episodio es narrado por el soldado Ulrico Schmidl en sus crónicas:

“…Como ya no podían resistir más y temían por las mujeres e hijos, que también tenían consigo en la ciudad, nos pidieron misericordia prometiendo complacernos en todo con tal que les perdonásemos las vidas. También le trajeron a nuestro capitán Jann Eyollass (Juan Ayolas) 6 mujeres, de las que la mayor tendría unos 18 año; le presentaron también 8 venados, ciervos y otras salvajinas más. De ahí se empeñaron con nosotros para que nos quedásemos con ellos, y le regalaron a cada soldado 2 mujeres, para que nos sirvan en el lavado y cocina. También nos dieron comida y de cuanto nos hacía falta. Así de esta manera se hizo la paz entre nosotros…”

toma de lambare

Una vez fundado el fuerte de Asunción en 1537 los karios ven la posibilidad de establecer relaciones duraderas con los karai, y observando la ausencia de mujeres entre ellos, les ofrecen las suyas como manera de establecer lazos de parentesco.
La mayor expectativa de los guaraníes era que sus nuevos parientes los ayudasen a combatir contra otras tribus enemigas, tales como los guaicurúes y los payaguás; pero también sienten gran interés por poseer instrumentos de metal de los españoles, como el hacha de mano que, según comprendieron, facilitaría enormemente la tarea del rozado de la selva que hacían para preparar las tierras para los cultivos.
Cuando en 1541 Domingo Martínez de Irala decide despoblar el fuerte de Buenos Aires y llevar a toda la soldadesca a Asunción, menciona en sus cartas las razones de la orden, entre las cuales la disponibilidad de mujeres nativas en aquel lugar, parece ser de importancia fundamental:

“…en el Paraguay […] está fundado[…] un pueblo en que estaran […] 400 honbres […] como vasallo de su Magestad los yndios Guaranys sy quier Caryos […] los quales sirven a los cristianos […] como con sus mugeres en todas las cosas del servicio necesaryas y mando para el servicio mejor de los cristianos 300 mugeres para que las sirvan en sus casas y en las rroças…” (Martinez de Irala)

Los españoles, que ya habían escuchado hablar del mito del Kandiré, la tierra de la plata y el oro, buscaban llegar a ella a través del Chaco. En poco tiempo comprendieron que no había metales preciosos en la zona de Asunción, por lo que solamente se propusieron establecer allí una posta de aprovisionamiento para llegar a la mítica zona de la plata en el Perú.

En ese sentido, los primeros años de relación entre guaraníes y españoles estuvo signado por haber consumado lo que la Dra. Susnik (2010) caracteriza como pacto de intereses: los guaraníes creían haber obtenido aliados contra sus antiguos enemigos y los españoles consiguieron quienes los aprovisionen y ayuden en sus expediciones.

El pacto se celebra con un hecho clave que es la entrega, por parte de los guaraníes, de sus mujeres, quienes eran la principal fuerza de trabajo de sus comunidades:

“…asentados ya los españoles en Asunción, los caciques Cupirati, Moquirací, Mayrarú, Yvy-yocá, por mencionar sólo a los principales, los que tenían su asiento donde está actualmente Asunción, vinieron ante los españoles con el deseo de formalizar el pacto de amistad. Ellos se hallaban dispuestos a aceptar a ese grupo de 400 hombres españoles, sin mujeres, porque la integración -según la mentalidad guaraní y según la de otros indígenas también- era que tratándose de un grupo de hombres solos, podían asimilarse efectivamente a su propio grupo étnico. Los guaraníes, sin conocer en absoluto la estructura sociopolítica ni sociocultural de los recién llegados, se limitaban a juzgar la situación por su apariencia externa, inmediata, y viendo que los españoles carecían de mujeres, pretendían formalizar el pacto de amistad con el ofrecimiento de sus propias mujeres. Así venían todos los caciques, los tey’i rú, cada uno con sus hijas y sobrinas, ofreciéndolas a los españoles, en la seguridad de que este vínculo político sería el verdadero lazo de amistad y formalización del pacto…” (Susnik, op. cit.)

Para los guaraníes la entrega de sus mujeres significaba la realización de un verdadero pacto político por el cual los españoles pasaban a ser no solamente aliados, sino parientes políticos, lo que en el mundo guaraní conceptualizaban como tovajas o cuñados. Esa relación implicaba estrechas obligaciones de reciprocidad de toda la familia de la mujer con los tovajas y debían ser correspondidas.

“(…) no se trataba de una mera pauta psicosocial sino de una verdadera forma de interrelación basada en el sistema guaraní del parentesco político. Esto lo sabían tanto los españoles como los guaraníes, quienes ofrecían sus mujeres para formalizar el pacto porque de esta manera se emparentaban con los karai y solamente por medio del parentesco político era concebible para una sociedad neolítica, como la guaraní, fundamentar una verdadera amistad interétnica. Solamente por medio del parentesco,además, podía esperarse que se cumpliera la norma de la reciprocidad, pues para los guaraníes –como para todos los neolíticos en general- dar es recibir; hacer un favor implica tácitamente la seguridad de recibir el contra favor. Tal era la regla de la reciprocidad que ellos mismos practicaban dentro de su sociedad…” (Susnik, op. cit.)

Los españoles también comprendieron el valor del pacto en esos primeros años, luego de sufrir hambre en el fuerte de Buenos Aires y sin haber encontrado en su camino hacia Asunción a otros pueblos cultivadores:
“…tanto Ayolas como Irala también comprendieron claramente el valor de este pacto, sabiendo que necesitaban contar con el respaldo de estos grupos cultivadores, con ese asiento fijo como retaguardia y como base de operaciones para sus ensayos expedicionarios hacia El Dorado, y que para ello era necesario también poblar el lugar estableciendo relaciones duraderas y estables…” (Susnik, op. cit.)

Es probable que Juliana haya sido una de las mujeres entregada a los españoles en los primeros contactos con los nativos. Los guaraníes no solamente entregarían mujeres a los conquistadores, sino que también pusieron a disposición de los españoles una gran cantidad de guerreros jóvenes, los kerembas, que los acompañaban en sus expediciones.

Sin embargo esa ilusoria concordia duraría poco tiempo por varios factores, principalmente por el hecho de que los españoles nada compartían del concepto de reciprocidad de los guaraníes, su ethos era claramente el del conquistador. Poco después, cuando tuvieron noticia de que Diego de Villarroel había llegado al cerro del Potosí por el Perú, Asunción perdería interés como punto de llegada hacia la sierra de la Plata.

En muy poco tiempo los guaraníes comprobarían que los españoles en vez de tratarlos como parientes los trataban como siervos, lo que daría lugar en 1539 al primer gran conato de rebelión durante la preparación del Corpus Christi. La misma fracasó como consecuencia de la delación de una mujer guaraní entregada a Juan de Salazar, a quien el autor Helio Vera le atribuye el nombre de Juliana. No sabemos si se trata de la misma que asesinara luego a Nuño de Cabrera.

La intentona de 1539 implicaría un cambio sensible en el trato de los conquistadores hacia los guaraníes: tras sellar una alianza con los guaicurúes para desarmar el intento de motín, Salazar hace capturar y ahorcar a diez cabecillas de la fallida revuelta, todos ellos caciques principales.

Entre 1542 y 1543 se produjo la primera rebelión de otra parcialidad guaraní, los guarambarenses, quienes se negaron a aportar víveres y guerreros para las expediciones de los españoles al Perú. Irala capturó y ahorcó entonces al cacique Arambaré, lo que provocó la rebelión del cacique Tavaré, ligado a Arambaré por lazos de parentesco. La represión española contra las rebeliones fue sumamente cruel. Tavaré, tras ser derrotado, debió rendirse y pidió que les devuelvan a mujeres y niños capturados.

Cuando en 1542 Juliana llamó a las mujeres guaraníes a matar a sus maridos españoles, el trato de los conquistadores hacia los guaraníes era claramente de sometimiento, operado a través de las matanzas, las torturas, la captura y traslado forzado de mujeres y niños guaraníes hacia Asunción para ser convertidos en siervos.

Se pueden leer en documentos de la época denuncias de los propios conquistadores y de algunos clérigos ante el Consejo de Indias acerca de las prácticas violentas, el sometimiento sexual y la explotación a la que eran sometidas estas mujeres.

“…y las demas han muerto con los malos tratamientos que les han hecho los espanoles que las pringan y queman con tizones atando las pies y manos, y las meten hierros ardiendo, y hazenles otros generos de crueldades que no es licito declararlas, y a otras con muchos acotes y palos que les dan […] sabra vuestra alteza que son muy grandes trabajos los que les dan que las hazen cavar con azadones /o palas todo el dia, y despues a las noches quando vienen las hazen hilar algodón dandoselo por peso y ansi lo buelven a dar hilado por tasa, estan todo el dia con ellas, con los frios y soles trabajan, y si alguna descansa le dan de palos, otros les dantarea de lo que han de trabajar y quando no lo acaban les dan de acotes y palos / demas ay al presente otra manera de nuevos trabajos que mas las muelen y matan que en pilones a bracos con unos palos muelen canas porque no ay otro artificio para ello de que hazen acucar, miel para hazer confituras y conservas y otras maneras de fructas, y en esto se gasta mucha lena, y se la hazen traer a cuestas…” (Gonzalez M.)

Del status de la mujer guaraní

Hai o madre procreadora

La antigua sociedad guaraní se organizaba en grupos familiares bajo la autoridad de un cacique. Los grupos familiares tenian una organización patrilineal y los caciques practicaban la poligamia.

Esta práctica estaba regida como todas las relaciones del mundo guaraní por el concepto de la reciprocidad: el parentesco obligaba a ambas partes y sus familias. Para los caciques la poligamia era una manera de acrecentar su poder político mediante relaciones de parentesco.

En la comunidad guaraní la mujer es la que trabaja la tierra y como en cualquier comunidad es la base de la superviviencia biológica. En el imaginario guaraní se asimila la mujer a la figura divina de Hai, la madre procreadora.

Kuña y tembireko

Con la aparición de los españoles y con ellos la llegada del cristianismo, la Corona Española permite el casamiento de españoles con yndias a condición de que sean bautizadas en la fe cristiana. Esto implicará un desdoblamiento del status antes único de la mujer, distinguiéndose la esposa, tembirekó, de la simple mujer, amante, concubina o también muchas veces llamada criada, a la que se la sigue llamando kuña.

Los españoles, que rápidamente adoptaron la práctica de la poligamia de los guaraníes desprovista de las obligaciones de reciprocidad y simplemente como práctica de dominación, en general consideraron a las mujeres guaraníes como kuñas, como amantes y sirvientas.

Marca de poder

Para los conquistadores la posesión de mujeres pasa a ser una marca de poder, cuantas más mujeres poseía un conquistador, se volvía más prestigioso y contaba, además de con el servicio de sus kuñas, con el obligado servicio por parentesco de los varones guaraníes. El dominio sobre las mujeres a través del matrimonio pactado o el sometimiento obligado sería un paso fundamental para concretar el sometimiento de las tribus guaraníes.

Pieza y objeto de cambio

Algunos autores atribuyen la conversión de la mujer en objeto de cambio a la ausencia de metales valiosos en la zona, por lo que la economía asuncena seguia teniendo el carácter de economía de subsistencia. La mujer era una pieza clave en su sostenimiento y servía de valor de cambio ante la ausencia de objetos de valor. Las mujeres eran cambiadas por ropas, utensilios, objetos varios.

Asi también la mujer es claramente en este contexto un trofeo de guerra o pieza, práctica que ya era común entre los pueblos originarios cuando los españoles llegaron, siendo la captura de mujeres una práctica realizada no solamente por los conquistadores sino también por sus acompañantes los kerembas en sus expediciones al Chaco.

Mujeres esclavas

Pero mientras los kerembas capturan a las mujeres de los pueblos enemigos como forma de compensar las mujeres que comienzan a faltar en sus comunidades por la entrega pactada o forzada por parte de los españoles, los conquistadores ven la oportunidad de establecer un mercado de mujeres esclavas creando redes comerciales hacia la frontera con los dominios portugueses.

Muy tempranamente se comenzaron a registrar denuncias acerca de la venta de mujeres como piezas o su uso como prendas de cambio. El estatus de vasallos libres dado por la Corona a los pueblos originarios sometidos no regía en la práctica en la colonia, señalándose al propio gobernador Martínez de Irala como el funcionario que estableció las relaciones comerciales para vender yndios a los pueblos portugueses del Brasil.

En 1542, Alvar Nuñez emitió un bando en el que “recordaba” que los yndios son vasallos libres y no podían ser comercializados, esclavizados ni cambiados en trueque por objetos. A pesar de ello, la venta de mujeres llegó a cobrar gran dimensión en el puerto de Asunción.

Profundización de la violencia: las rancheadas

Las prácticas de maltrato y explotación que existieron desde el comienzo de la relación entre conquistadores y conquistados como episodios de abusos se generalizarían a partir de 1544 cuando, tras una larga disputa política, Alvar Núñez fue apresado y Martínez de Irala asumió su segundo periodo como gobernador. A partir del comienzo de su mandato, Irala cedería a la presión de la soldadesca que exigía que se les dé libertad de acción para dirigirse a los asentamientos cercanos y tomar ya sea mediante pacto o por la fuerza cuantos nativos quisieran para obligarlos a trabajar para ellos. Estas expediciones tomaron el nombre de rancheadas y significaron violentísimos ataques a las comunidades, mediante los cuales los españoles tomaban por la fuerza más que nada a mujeres y niños y los llevaban para su servicio o para su venta.

La práctica de las rancheadas se habría extendido en forma permanente al menos por cinco años, y provocó como respuesta la gran rebelión de 1546, la primera que puede considerarse realmente “panguarani”, en el sentido de que unificó a gran cantidad de cacicazgos.

La situación provocada por la extracción violenta de mujeres y niños de las comunidades para ese entonces es caracterizada por Susnik como de ocaso sociobiológico. El violento choque civilizatorio y las imposiciones de los conquistadores habían resquebrajado seriamente el antiguo sistema de relaciones en el mundo guaraní en la zona de influencia de los españoles.

Privadas las comunidades de su fuerza de trabajo y de sus procreadoras, las hai, se les hacía cada vez más difícil continuar su antiguo modo de vida. Hacia 1546 las comunidades cercanas a Asunción se encontraban en situación crítica dado que prácticamente ya no nacían niños guaraníes por la apropiación de mujeres por parte de los españoles. A su vez, era frecuente que los jóvenes guerreros que acompañaban las expediciones de los conquistadores ya no quisieran regresar a sus antiguas comunidades, con lo que se dificultaba el establecimiento de relaciones de cooperación y reciprocidad.

Una de las mayores preocupaciones de los guaraníes en ese tiempo era el hecho de que los niños mestizos nacidos de las mujeres guaraníes con los españoles ya no se relacionaban con la comunidad materna, quebrando los antiguos lazos de parentesco, base de las relaciones guaraníes.

En esa situación y ante el embate de las rancheadas, muchas de las comunidades cercanas a Asunción optaron por alejarse de la zona y buscar refugio en zonas más alejadas, selva adentro. En pocos años en Asunción y sus alrededores, casi la totalidad de la población será por lo tanto mestiza.

La extracción, primero pactada y luego forzada de las mujeres guaraníes terminó teniendo un costo excesivamente alto para las comunidades originarias, poniendo en riesgo su propia continuidad.

Hacia 1556, luego de fracasadas las grandes rebeliones guaraníes que persistirían de todas maneras hasta 1616, el gobierno de Asunción se decidió a acatar las normas de la Corona reglamentando el sistema de encomiendas.

Dicho sistema, si bien declara la intención de proteger a la población originaria preservándola del abuso de los conquistadores, implicaría nuevas relocalizaciones de las comunidades, la obligación de asentarse definitivamente en un lugar, rompiendo su tradición de nomadismo; y la dislocación definitiva de sus antiguos principios organizativos y costumbres.

Junto al fin del ciclo de rebeliones, el establecimiento del sistema de encomiendas significaría para los guaraníes el comienzo de formas pasivas de resistencia.

(*) La autora es comunicadora social y periodista de revista superficie

Bibliografía:

Guillaume, Candela (2014), “Las mujeres indígenas en la conquista del Paraguay entre 1541 y 1575”, Revista Nuevo Mundo Mundos Nuevos – Colloques 2014, URL : http://nuevomundo.revues.org/67133. Consultado 02/03/2016

Susnik, Branislava (2010), “La Independencia y el Indígena”. Colección: Independencia Nacional, Intercontinental Editora. Asunción

Romero, Roberto (1995), “La Revolución Comunera Del Paraguay- Su Doctrina Política” Imprenta Leguizamón. Asunción

Núnez Cabeza de Vaca, Alvar, “Relación de los Naufragios y Comentarios”. https://archive.org/stream/relacindelosnau01herngoog/relacindelosnau01herngoog_djvu.txt Consultado 02/03/2016

El pasado 28 de enero, la multinacional APSA intentó desalojar a unas 30 familias mbya en Puerto Libertad. La intentona incluyó disparos de armas de fuego. En ese municipio, APSA tiene posesión jurídica del 80% de la tierra. El episodio sumó un nuevo capítulo al frondoso historial de abusos de APSA contra comunidades guaraníes y campesinas en Misiones. La vergonzosa complicidad del Estado provincial.

Por Sergio Alvez (*)

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Numerosas comunidades indígenas Mbya Guaraní asentadas en la provincia se sumaron a la Consulta Popular sobre Represas, que se desarrolló en Misiones del 20 al 26 de octubre.

Tekoa Tamanduá, Fortín Mbororé, Perutí, Chapá, fueron algunas de las aldeas en las que sus integrantes resolvieron una participación activa en la iniciativa ciudadana.

Según indicaron desde la Mesa Provincial No a las Represas, en la localidad de San Ignacio, donde trece comunidades sufrieron el impacto directo de la represa de Yacyretá, las familias Mbya colaboraron activamente con urnas fijas e itinerantes.

 

Fotografía: Prensa Consulta Popular sobre Represas

San Ignacio [Por Sebastián Korol]. Caciques y representantes del pueblo Mbya Guaraní realizaron del 14 al 17 de octubre un Aty Ñeychyro (asamblea tradicional) en Tekoa Mbokajaty (localidad de San Ignacio) en el que resolvieron apoyar el pedido de construcción de un camino en el Lote 8 de la Reserva de Biósfera de Yabotí, solicitado por las tres comunidades Mbya asentadas en esa zona (Tekoa Yma, Kapi`i Ivate, e Itao Miri).

Durante el encuentro se elaboró un documento en el que ratificaron el reclamo de un camino terrado de cuatro metros de ancho que pueda permitir a las comunidades el acceso rápido, seguro y práctico a la Ruta 2 (asfaltada y de uso principalmente turístico).

documento Aty Ñeychyro
Documento Aty Ñeychyro – Tekoa Mbokajaty, 17 de octubre de 2014.

Las familias Mbya observaron que si bien existe actualmente un camino, que pasa por el Puente de López, éste es intransitable y muy largo, ya que tiene 40 kilómetros de extensión. “Lleva muchas horas en vehículo poder llegar desde el asfalto a las comunidades”, explicaron.

Consideraron que el proyecto vial resulta necesario por diversas razones: emergencias de salud, ingreso de ambulancias, búsqueda de mercaderías, trámites generales y participación en actividades tradicionales y sociales con otras comunidades.

“Queremos que este camino se haga a la brevedad, no pueden seguir manteniéndonos aislados. Sólo las obras y construcciones de cemento que hay y se planean en el Parque -comedor, embarcadero, estacionamiento, sala de primeros auxilios, centro de interpretación, baños- dañen o no, son consideradas buenas porque sirven para los turistas, y se discrimina el acceso a las Comunidades tratando de mantenerlos presos en sus propios territorios, privándolos de los mínimos derechos humanos”, señalaron en el documento.

Expresaron: “Queremos que se abra el espíritu de aquellos que se oponen y comprendan que los Mbya también tenemos derechos y que los que siempre hemos cuidado el monte no seamos los castigados”. En ese sentido, aseguraron que se cuidará de hacer “el menor daño posible a los árboles, plantas y la vida de los animales en el Parque Provincial Moconá”.

Jorgelina Duarte, de la Comunidad Mbya Guaraní Tamanduá, comentó a revista superficie sobre los acuerdos alcanzados en el Aty Ñeychyro realizado en Tekoa Mbokajaty.

Fotografías: gentileza María Josefa Ramírez y Jorgelina Duarte.

Entre 1537 y 1616 se registraron veinticinco rebeliones de los indios Guaraní contra la invasión de la dominación española. No querer trabajar para los españoles y al mismo tiempo reafirmar sus tradiciones religiosas amenazadas, fueron las dos principales causas. El levantamiento del cacique Oberá en la región de Guarambaré, por el año de 1579 es un caso paradigmático de lo que fueron muchos de los movimientos de liberación Guaraní.

Por Bartomeu Meliá (*)

¿Cómo afectan las represas hidroeléctricas a los pueblos originarios? El caso de las comunidades Mbya Guaranies en San Ignacio afectadas por la represa Yacyretá (Misiones), expone el modo en que el modelo energético capitalista, no solo destruye territorios, sino también, culturas ancestrales y modos de vida tradicionales, sembrando desarraigo y escasez. Una producción de Cooperativa Superficie.

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