Tacumbú: crónica de una masacre anunciada

Por Delia Ramírez (*)

A mediados de 2014 fui a visitar la cárcel de Tacumbú en Asunción, Paraguay. En realidad no fui a visitar la cárcel sino a determinados presos, y no fui por motus propio sino que me llevaron a conocer a los presos políticos por los que hacía tiempo estaba trabajando.

Mi amigo, un joven militante por la causa de los presos políticos en Paraguay, me advirtió que debía llevar polleras porque si no iba a tener que alquilarlas en el puesto de la señora que está frente al penal, ya que no me dejarían entrar con pantalones. No iba a polemizar por eso, así que me puse una pollera bien bonita y calzas debajo de la pollera; calzas que la agente de la penitenciaría me hizo sacar y las retuvo hasta mi retirada.

No recuerdo si fue al ingresar o al salir que le pregunté a mi amigo con tono burlón: “¿Y para qué se supone que tenemos que usar polleras?”. Mi amigo me explicó con paciencia: “dicen que si hay un siniestro mediante la pollera podrían identificarte y ayudarte a salir primero”. A lo que pronto agregó: “pero eso realmente es una mentira porque en las condiciones que viven acá si llega a pasar algo será un caos y difícilmente puedan actuar con un plan de evacuación”.

La mañana en que me enteré de la noticia del incendio en la cárcel de Tacumbú lo primero que recordé fue la historia de aquellas polleras preventivas y la conversación que tuvimos aquel día en que conocí el infierno.

Cuando entré a la cárcel de Tacumbú apagué mis sensores. No quería llorar, no quería espantarme. Ni bien ingresé al predio pasé frente a una celda donde muchos chicos jóvenes sacaban los brazos como queriendo alcanzarme mientras pedían y rogaban. Así es ese lugar y todos deben saberlo. El parte oficial afirma que en el incendio murieron seis personas, pero no puedo evitar hacerme la pregunta si no habrá más, porque hay nombres por los que nadie reclamaría.

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La cárcel de Tacumbú está preparada para mil personas pero ahí vivían en aquel momento cuatro mil. La mayoría de ellos campesinos pobres castigados por luchar por la tierra. La comida es despreciable y sólo la ingieren quienes no tienen otra alternativa. El resto, si quiere comer algo más o menos decente, si quiere dormir en una cama y no en los pasillos, tiene que pagar, pues lo que sí proliferan son redes de comercio en distintas escalas. Muchos presos trabajan y desde la cárcel siguen manteniendo a sus familias.

Tacumbú es un depositario sucio de desprecio por la humanidad. Un gueto donde hay gente por la que ya nadie pregunta. Un monumento a la humillación y la degradación, que en un mundo justo simplemente no tendría lugar.

(*) Licenciada en Comunicación Social. Colaboradora de revista superficie

A continuación reproducimos la declaración sobre el incendio de Tacumbú realizada por el movimiento 138.

Pronunciamiento del Movimiento 138 sobre el incendio en la cárcel de Tacumbú

Lamentamos profundamente la muerte de seis personas el día 10 de junio de 2016 en la cárcel de Tacumbú, Asunción, Paraguay, al tiempo que responsabilizamos absolutamente al gobierno paraguayo por el incendio ocurrido, ya que el mismo se pudo haber evitado si las personas reclusas no estuvieran sometidas a condiciones infrahumanas.

La cárcel de Tacumbú es un depositario que cristaliza la miseria humana y la perversidad de un Estado. El Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNP) ha denunciado numerosas veces el desgaste de las instalaciones eléctricas y de la infraestructura en general, el colapso de la penitenciaría debido a la sobrepoblación carcelaria. En un informe de 2013 presentado a la Ministra de Justicia y Trabajo, Sheyla Abed, el mencionado organismo recomendaba cerrar las puertas de la Penitenciaría Nacional de Tacumbú, denegando el ingreso de nuevos internos, sin perjuicio de los egresos, haciendo uso de sus facultades como autoridad administrativa penitenciaria y estableciendo un tope a la población de esta penitenciaría hasta concretar, finalmente, una clausura definitiva.

El informe del MNP además de mostrar cifras ilustrativas sobre el colapso de dicha cárcel, recuerda al Estado paraguayo su obligación de garantizar la calidad de vida de las personas que están bajo su custodia. Por el contrario, de lo que ocurre ya que las condiciones de encierro impactan negativamente en todos los órdenes de la vida en la cárcel, vulnerando los derechos y garantías de quienes habitan en Tacumbú. “La continuidad histórica de estas deficiencias estructurales, sistemáticas, constituyen tratos crueles, inhumanos y degradantes, incluyendo la tortura” sostiene el informe del MNP.

En la cárcel de Tacumbú prima el criterio de selectividad penal, ya que está dedicada fundamentalmente a perseguir a personas de escasos recursos, para someterlas a tratos crueles, inhumanos y degradantes. El hacinamiento y la superpoblación, se explica en el hecho de que el 80% de los reclusos se encuentran allí sin condena firme, lo que se denomina “prisión preventiva”. Allí las personas son sometidas a la miseria, al punto del deterioro de sus condiciones de salud y no se promueve el acceso a la educación.

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En síntesis, manifestamos nuestra preocupación por todos los presos sometidos a esa cárcel del infierno, haciendo hincapié en la situación de los presos por luchar, presos políticos: Rubén Villalba, Agustín Acosta González, Simeón Bordón Salinas, Basiliano Cardozo Giménez, Gustavo Lezcano Espínola, Roque Rodríguez y Arístides Luciano Vera. En tanto, exigimos que Rubén Villalba sea trasladado al albergue “Virgen de la Merced” ya que sus condiciones de salud son vulnerables. La situación de Rubén solo se explica en un contexto de ensañamiento sobre su figura, ya que no es posible entender de otra forma tanto maltrato al que ha sido sometido en estos años en el marco del proceso de la Masacre de Curuguaty.

Por último expresamos que un país que en los últimos 15 años aumentó cuatro veces su población carcelaria no demuestra un incremento real de justicia, por el contrario, lo que demuestra es la profundización de las desigualdades sociales. Esto tiene que cambiar a partir de hoy, para que nunca más ocurra un nuevo Tacumbú, en todo sentido.

Esta es nuestra palabra.

Movimiento 138. Colectivo de resistencia cultural (Argentina/Paraguay)