Sobre la situación de los refugiados y las políticas europeas

Por Santiago Stabile (*)

Luego de los atentados de Bruselas de hace unas semanas, Europa vuelve a caer en el miedo, escenario que sólo puede favorecer al ISIS en su afán de crear caos y a los conservadores europeos en su cruzada por pasar las leyes que aprueben la “relocalización” de refugiados que lleguen a Grecia. Lo de Bruselas, al igual que lo de París del noviembre pasado, es terriblemente lamentable e imposible de legitimar; pero ante todo las vidas humanas deberían valer lo mismo en todo el mundo. Aún así el trato que dan los medios a cada muerto, dependiendo de su origen, inclina la balanza en hacer creer que la vida de un europeo es más importante que la de, por ejemplo, un sirio, un kurdo o un sudanés.

Entonces, ¿cuán valiosa es la vida de aquellos con menos “marketing”? En Europa se está decidiendo la suerte de miles, quizás de millones de refugiados. La región del mundo con la mejor calidad de vida está acordando en estos días expulsar a todos los migrantes refugiados a Turquía, realojando sólo a sirios.

El continente que se jacta de la democracia y el respeto a las leyes está actuado ilegalmente, ya que la expulsión colectiva está prohibida por la Convención Europea de Derechos Humanos y la Convención de Ginebra de Refugiados según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), y por la Carta de Derechos Fundamentales de la UE y de la Directiva Europea de Asilo.

El pacto para la puesta en práctica de la expulsión a Turquía es ilegal por las siguientes razones:
1- Amnistía Internacional y Acnur recuerdan que Turquía no es un país seguro, como dice la UE: “Está documentado que devuelven a refugiados a Siria, disparan a sirios en la frontera y muchos solicitantes menores no acceden a la escuela”. El derecho a asilo afirma que ninguna persona puede ser retornada a un país donde pueda ser objeto de vulneraciones de derechos humanos. Una persona que busca asilo solo puede ser devuelta si se salvaguarda su protección.
2- Un acuerdo que establece la expulsión directa de extranjeros hacia un país tercero no es consistente con la legislación europea ni con la legislación humanitaria internacional. Ante todo se debe analizar individualmente cada caso y de ninguna manera permitir la expulsión masiva.
3- Un refugiado tiene derecho a pedir asilo en condiciones de seguridad al país donde llega.

Ante el horizonte del acuerdo en cuestión, los líderes de la UE han puesto precio a sus propios principios y dejan de lado lo más importante: el respeto de los derechos humanos. Intercambiar personas por personas, deshumaniza y no es la solución a la crisis. Lo que deben hacer es crear rutas legales y seguras para que no tengan que jugarse la vida en el mar o por tierra. Las soluciones que sigue ofreciendo Europa no son más que tapar agujeros. Por ejemplo, cerrando la ruta de los Balcanes lo único que se logra es forzar a generar una nueva ruta la cual generalmente es más peligrosa que la anterior. Es un proceso continuo; sistemáticamente, las condiciones humanitarias empeoran y dan lugar a que las mafias que operan en las zonas fronterizas puedan continuar su negocio de vender el cruce de fronteras. Está ratificado que las familias que huyen de sus países, mientras no se eliminen las causas por las cuales abandonan sus hogares, van a seguir llegando a Europa, pongan las trabas que les pongan. Todo esfuerzo, sacrificio y peligro es preferible que seguir en sus países de origen.

A una guerra fraticida con causas ya clásicas como ser la intervención militar de las potencias para asegurarse el acceso y usurpación de los recursos, principalmente el petróleo, se suman además la condición geográfica estratégica de Siria como “puente” entre Medio Oriente y el Mediterráneo, la perpetuación y concentración del poder en un tirano y su familia por casi 50 años, la proliferación de la primavera árabe, poblaciones marginadas, pobreza, violación de derechos humanos, el escaso acceso al agua, las cicatrices de la administración francesa por mandato de la Liga de las Naciones, y el posterior acercamiento de Siria a la ex Unión Soviética, acercamiento que sigue latente con la actual Rusia.

Siria es hoy el epicentro de muchos actores internacionales de los cuales casi ninguno es destacable. Rusia juega sus cartas para reaparecer en el escenario militar y político mundial, protegiendo un viejo aliado, mientras mantiene su guerra sucia en Ucrania y juega con fuego con Turquía. EEUU no quiere volver a “quemarse” ni pagar los costos de guerras como la de Afganistán e Irak, además para ellos es tan enemigo el ISIS como el gobierno de Al Assad bancado por el Kremlin, pero se mantiene tibio en su participación. Europa, que actúa fragmentariamente (no como una Unión como debe ser, guiada por marcos legales comunes), donde hay países que amenazan con salir del bloque si no se les da un status preferencial  (Reino Unido) que incluye la negativa a recibir refugiados, donde hay otros que actúan como estados represores de los refugiados (principalmente en Europa del Este y los Balcanes), donde otros cargan con el peso de asilo y sus propias contradicciones políticas internas (Alemania y Suecia, por ejemplo) y unos últimos están agobiados por la afluencia inevitable de refugiados y sus propias condiciones económicas de por sí pésimas (Grecia, y sur de Italia en el caso de refugiados africanos). Está claro que Europa hoy por hoy se presenta como campo de batalla ideológico y humano pero no como actor de peso para decidir la suerte de Siria. 
Los principales actores son EEUU y Rusia, pero en la actualidad de un mundo que ya no es más bipolar se han sumado actores de peso como Turquía (quien ha sido el que más refugiados recibió, además miembro de la OTAN, en histórica confrontación con Rusia, que aprovecha la coyuntura para presionar a Europa a que la admitan dentro de su seno, promovido y apoyado por la principal economía Europea, Alemania, pero resistido por Francia, Grecia y Chipre), Irán y Arabia Saudita (país islámico, en cuyo territorio se encuentra el principal sitio sagrado de la religión de Mahoma, pero que a pesar de ello no recibió un solo hermano sirio, medida compartida por todos sus vecinos del Golfo). Estos dos últimos han tenido también una rivalidad histórica por ser abanderados de una de las dos ramas del Islam, el Sunismo (Arabia, próxima a EEUU) y el Chiismo (Irán, próxima a Rusia).

Entre tanto sigue creciendo el número de refugiados, que obviamente no son solo sirios, sino que se suman de países como Sudán del Sur, Afganistán, Irak, Eritrea, Somalia.

Si bien detrás de cada número hay una vida humana, las estadísticas sirven para dimensionar la gravedad de la situación. Siria antes de la guerra tenía una población que rondaba los 23 millones de habitantes. Al presente hay casi 5 millones de refugiados y casi 8 millones de desplazados internos (ACNUR). Por lo que más de la mitad de la población original ha abandonado el país o se ha desplazado a otras zonas del mismo. Y la cifra más trágica, 250.000 muertos desde que comenzó el conflicto en 2011.

En cuanto al destino de los refugiados, aunque la afluencia a Europa está en boca de todos y en todos los medios, la realidad es que sigue siendo relativamente baja comparada a la que se da en el Medio Oriente, donde Turquía ha sido el principal destino con casi dos millones de refugiados, seguido por Líbano con más de un millón (sobre una población de poco más de 4 millones de habitantes, lo cual significa que 1 de cada 5 habitantes hoy en Líbano son de su vecina Siria). Más atrás se ubican Jordania con 600.000 refugiados, Irak con 250.000 y Egipto con 130.000 (ACNUR). En cuanto a Europa, sólo entre Alemania y Suecia acumulan casi la mitad de solicitudes de asilo, transformándose así en los países mas “solidarios” o menos “egoístas” de un continente que se ha demostrado inhumano ante la actual crisis, preocupado solo por sus propios problemas.

El viejo continente sigue frenado por viejos miedos, el miedo a que una gran afluencia de musulmanes cambie la sociedad europea, aumente la criminalidad y sus valores sean truncados. Pero lo cierto es que si Europa recibiera el millón de refugiados musulmanes que buscan hoy llegar a sus tierras, la población islámica en este continente solo pasaría del 4 al 5% del total. En cuanto a la criminalidad está comprobado que los refugiados son menos propensos a cometer crímenes que la población nativa. Un ejemplo de esto se vio reflejado en los hechos de Colonia, Alemania, en la noche vieja pasada, donde 58 hombres habían abusado de mujeres, manoseándolas. En un principio se dijo que eran todos refugiados, pero luego se comprobó que solo 3 de los 58 lo eran (eldiario.es). Aún así la operación mediática logró cambiar la opinión de muchos alemanes, que ya dejaron de ver con buenos ojos el ingreso de refugiados.

Para terminar me pregunto, tal cual lo vi en un informe, ¿cómo será recordada Europa en este momento de la historia? Quizás como cobardes xenófobos detrás de las vallas, hipócritas que no han hecho honor a las mismas bases de las que tanto se han enorgullecido, basados en los derechos humanos y la mancomunión de esfuerzos. Hablo de cómo han actuado hasta ahora los estados europeos, pero claramente no me refiero a la gente, a los europeos, que estoy seguro muchos están avergonzados por las medidas que sus gobiernos están tomando, y muchos otros que por miedo (fundamentado o no) se vuelven a medidas conservadoras con tal de no perder sus privilegios como Meca del bienestar social, aunque sea para este mundo totalmente imperfecto. Hoy en toda Europa las derechas van ganando terreno y creo que este miedo a los refugiados, sumado a las crisis económicas de los últimos años, pueden ser gran parte de las causas.

Está claro que Europa funciona como Unión cuando las cosas andan bien, pero hablando en criollo, cuando las papas queman, cada uno cuida su quintita.

¿Y que pasa por estas latitudes del sur? Brasil ha recibido casi 10 veces más refugiados que Argentina. Según el Comité Nacional para los Refugiados (CONARE), dependiente del Ministerio de Justicia brasileño, el país ha recibido ya 2077 sirios. Argentina, donde existe una importante comunidad siria, dio asilo a 233 desde el inicio del conflicto, según la Comisión Nacional para los Refugiados. Por su parte, Uruguay recibió a 44 refugiados de esa nacionalidad, de acuerdo con los datos del Ministerio de Relaciones Exteriores. Mientras, Chile solo 10, según el Ministerio del Interior.

¿Por qué Brasil recibió tantos? La respuesta está en que desde las embajadas brasileras en Líbano, Jordania y Turquía se tramitan con poca burocracia y con bastante facilidad las solicitudes de asilo, en cambio Argentina aún mantiene un sistema complicado. De hecho, Brasil ha dado asilo a más personas que España, Portugal, Grecia e Italia. Si bien estos dos últimos cargan con miles de refugiados en sus territorios, eso no significa que les hayan dado asilo.

Más allá de los números y del análisis particular de qué postura toma cada país, cada región, lo importante es que millones de personas sufren las atroces consecuencias de una guerra que no buscaron, de la cual no son culpables, y el mundo sigue mirando para otro lado. La indignación me motivó a escribir esto, y personalmente puedo dar fe de cosas que vi en Europa. Por ejemplo, gente que era bajada de buses en los que yo viajaba (en la frontera alemana/danesa y también en Calais, frontera entre Francia y Reino Unido), o policías deteniendo menores refugiados en París. Refugiados haciendo cola por la noche para lograr registrarse en Berlín, en pleno invierno boreal. Y también experiencias lindas, como la de ver la gente que formaba “cordones humanos” en la estación de tren de Hamburgo para ayudar a miles de refugiados recién llegados del infierno a encontrar el camino. Por cosas como éstas creo que no todo está perdido y que no se puede generalizar a los europeos como descorazonados que abandonan al prójimo a su propia suerte. Hoy es una lucha moral que se sigue dando en toda Europa y debería darse en todo el mundo. Abrir los ojos puede ser doloroso, pero es mejor una verdad que duela que una mentira que nos dé una falsa paz.

(*) Licenciado en Turismo.