Resistir, crear, luchar: feministas de la tierra roja

Resistir, crear, luchar: feministas de la tierra roja

Ni Una Menos en Posadas.

En 2015, con la movilización de Ni Una Menos, la cuestión de género ha tenido gran presencia en los medios y en las calles. Sin embargo, la cultura machista sigue enraizada en una sociedad que todavía naturaliza las alarmantes cifras de femicidios. Dos referentes del activismo feminista en Misiones reflexionan sobre esta problemática, los avances en el último tiempo, las deudas y los anhelos.

Por Ana Espinoza (texto y fotos) (*)

Frente a la opresión patriarcal padecida desde tiempos remotos, las mujeres, desde distintos espacios de organización y de lucha, han salido a la calle exigiendo modos de vida más dignos e igualitarios en el acceso a los derechos. Ese movimiento se llamó feminismo, y en la actualidad, continúa más vigente que nunca. En diálogo con Superficie, Muriel Arensburg y Mariana Pizarro, dos referentes del activismo feminista en Misiones reflexionan sobre el movimiento, las violencias machistas, los avances en el último tiempo, las deudas y los anhelos.
Muriel es licenciada en comunicación social. Se define como una mujer que trata de ser coherente con lo que hace, dice, piensa y siente. Fue criada en un contexto en que las mujeres debían ser suaves y complacientes, sin embargo, a partir de la adolescencia, comenzó a interesarse en la militancia. A los 14 participó en el PC y en la época del golpe militaba en el PST; “siempre tuve una postura crítica y busqué un espacio con el que identificarme plenamente, desde donde poder transformar la realidad”, afirma.

Muriel Arensburg en el escenario de la plaza.
Muriel Arensburg en el escenario de la plaza.

Con el regreso de la democracia, Muriel se enamoró y formó una familia. En el 2002 se instalaron en Misiones, volvió a estudiar y luego de unos años, se separó. “Me di cuenta que lo doméstico no me alcanzaba, que era imperioso volver a ocuparme de lo público. También fue una forma de sanarme”. Hoy es una de las referentes del Colectivo de Acción contra las Violencias de Género, grupo que acciona en la capital misionera. “Estoy convencida de que los espacios de militancia para un mundo más justo se construyen con laburo, con discusión, con tiempo, con paciencia, tolerancia y respeto. Hay una frase que me apropié y de la que estoy convencida ‘La ternura es imbatible’”, expresa.
Mariana Pizarro -artista, docente de la Universidad Nacional de Misiones y de la Tecnicatura de Teatro- define a la violencia como un problema cultural, consecuencia de otras desigualdades sociales. Y apuesta a la educación sexual integral como una herramienta de cambio para prevenir el maltrato y los abusos. “El compromiso fundamental del movimiento feminista es para con los derechos y para con las víctimas”, aclara.
Sobre su método de lucha cita a Eva Giberti: “nuestro trabajo es molestar, molestar y molestar, pero también es necesario pensar cómo una quiere vivir. Por ejemplo, cuando no me depilo las axilas, la gente dice ‘ella quiere provocar’, pero no, yo no pienso en los demás. Mi espacio soberano es mi cuerpo, lo único que tengo y no me lo voy a deforestar… Vivimos construidas por la mirada de otro, de un otro masculino que hace que sea muy difícil querernos, gozar y disfrutar”.

La lucha

Desde los doce años Mariana frecuentó, de la mano de sus padres, el movimiento de las Madres de Plaza de Mayo. En 1984 no podía encontrar en ningún partido político u organización ese espacio que tenía que ver con sus propias opresiones. “Las mujeres hacíamos las tareas de secretaria dentro de los partidos y los partidos que se planteaban la lucha contra la opresión, nunca se planteaban la lucha contra el patriarcado o la opresión de género”, dice la artista.
A partir de ahí, fue una búsqueda larga y personal. Mariana pasó por relaciones violentas y pudo sobrevivir y salvar a sus dos hijas gracias a las redes y los recursos cuando vivía en Estados Unidos. Llegó a Argentina en 2001 y comenzó a trabajar como sobreviviente en servicio en distintas organizaciones de Misiones. En las capacitaciones, conoció a otras mujeres vinculadas a la temática y así llegó la famosa Marcha de las Putas en 2010 que “convocó a muchas mujeres que tratan de ser libres y no quieren el lugar de víctimas”.

Mariana Pizarro marchando en las calles de Posadas.
Mariana Pizarro marchando en las calles de Posadas.

En ese contexto es que se conocieron Muriel y Mariana. Comenzaron a compartir seminarios, talleres y militancia. En una de esas capacitaciones, Muriel propuso organizar la Marcha de las Putas. “Estaba segura que no se trataba solamente de acumular saberes, había que sacarlos a la calle, había que convocar a las mujeres a ejercer su ciudadanía en la calle y teníamos que ser muchas para que nuestros reclamos se escuchen. Había que exigir respeto en el espacio público y político. Porque lo personal es político y también lo político es personal, lo sufrimos en nuestros cueros”, expresa Muriel.
En esa marcha se creó el Colectivo de Acción contra las Violencias de Géneros, de una diversidad destacable, con una participación horizontal, plural, autoconvocada y anárquica. Es un espacio para generar acciones e intervenciones conjuntas entre todxs aquellxs que luchan contra la desigualdad patriarcal. Abierto, inclusivo, de intercambio y negociación. Una de las fortalezas del Colectivo es utilizar el arte como herramienta para visibilizar las problemáticas. El hecho de que existieran las redes sociales permitió además otras formas de debates, organización y coordinación de acciones.
“Conseguimos instalar la discusión sobre la problemática, ponerla en agenda y ser consideradas interlocutoras válidas por el gobierno”, dice Muriel respecto al Colectivo, y luego opina: “Para ser noticia en estos tiempos de espectáculo hay que usar todas las herramientas para llamar la atención, pero creo que sobre todo se trata de argumentar, argumentar, argumentar. Hay cuestiones relacionadas con la violencia que están absolutamente naturalizadas, son miles de años de patriarcado y muchos de dominación capitalista; para cambiar eso no alcanza con rechazarlo frontalmente”.

Una de las intervenciones del Colectivo en la plaza.
Una de las intervenciones del Colectivo en la plaza.

Tras participar en diversas organizaciones (entre ellas el Colectivo), hoy Mariana se identifica con La colectiva Conchuda Intransigente. “Las que estamos hoy en la lucha estamos hermanadas. No me siento alejada de las mujeres del plenario de trabajadoras, la Cecilia Rodríguez, la CTA, Delia Albiser y las mujeres de Jardín América que resisten a la violencia obstétrica. Ahora, no creo que en nombre de compartir la lucha una tenga que callarse la boca y no llevar adelante la discusión, que se tiene que dar profundamente. No tengo miedo a disentir y pensar diferente, pero también me reservo para mí el derecho en absoluta autonomía y anarquía de tomar las decisiones y llevar adelante la lucha como a mí me parece”.
Para Muriel, la lucha y sus formas deben ser consensuadas: “por supuesto que tengo mis ideas y me gustaría que se pusieran en práctica, pocas cosas me dan mas satisfacción que cuando una propuesta mía es aceptada, no siempre lo logro y lo acepto, lo que no tolero es la manipulación, no se puede pretender estar contra el patriarcado e intentar reproducir sus formas autoritarias en el marco de la lucha. Estoy convencida que el logro de ubicar al Colectivo y sus acciones en el espacio público, tiene que ver con esto de combinar distintas personalidades, de permitir que cada una de las integrantes asuma el rol que le queda más cómodo”.

La víctima

Desde sus primeras intervenciones, el Colectivo recibió (y continúa recibiendo) el pedido de ayuda de víctimas, que descreen del actuar del sistema o que fueron rechazadas en el momento de la asistencia. “El colectivo no tiene infraestructura para hacer eso. Nosotras desde un comienzo tratamos de no dejar solas a las víctimas y acompañarlas, pero esto es un trabajo muy demandante, muy demoledor y donde lo único que haces es ponerte al lado de la otra y soportar las mismas violencias que sufre ella a nivel institucional”, cuenta Mariana.
La línea 137 en Misiones fue un gran avance, ya que aportó un grupo profesional capacitado, “pero el problema es que las propias empleadas de la línea también son maltratadas en las distintas oficinas”, agrega.

Ellas deberían estar aquí.
Ellas deberían estar aquí.

Otro de los avances que generó la movilización fue la promulgación de la Ley Nacional que crea un cuerpo de abogados y abogadas para asistir gratis a las víctimas de violencia de género. La norma, sancionada el 4 de noviembre por la Cámara de Diputados, establece la creación de esa dependencia en el ámbito de la Secretaría de Justicia del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, con la misión de “garantizar el acceso a la justicia de las personas víctimas de violencia de género en consonancia con las prescripciones de la ley 26.485”.
Para Muriel, “el sistema debería funcionar para todas automáticamente, está legislado, son derechos establecidos que no se cumplen. Por ejemplo la ley local “de violencia Familiar” dice que el Ministerio de Desarrollo Social debería haber creado refugios en todos los municipios…, olvídate, en lugar de eso hasta hemos tenido que llevar a víctimas a nuestras casas”.

Problema cultural

La organización Casa del Encuentro dio a conocer los datos recolectados en lo que va del año por el Observatorio de Femicidios al iniciar una campaña de concientización por el Día Internacional contra la Violencia de Género. Según la ONG, ocurrieron 233 femicidios en 10 meses, los asesinatos dejaron a 163 menores de edad sin mamá, mientras que las parejas y exparejas fueron los responsables de 142 crímenes.
Uno de los reclamos históricos de los movimientos feministas era la creación de estadísticas oficiales. En el marco del 25 de noviembre, finalmente, el Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina, publicó que en 2014 en Argentina 225 mujeres fueron asesinadas sólo por ser mujeres. Los imputados fueron 228, porque en algunos crímenes hubo más de un responsable (1).
Desde un análisis más profundo, Muriel y Mariana reflexionan sobre las causas de los femicidios. Para la artista, los casos suceden “porque hay mucha impunidad para poder hacerlo y porque además la reacción del patriarcado frente a las mujeres que van ganando autonomía es muy violenta… Hay privilegios que ellos no quieren perder y están muy enojados con eso. No creo que sea la culpa de las mujeres por luchar, es la culpa de la impunidad que siguen teniendo porque hay una lógica muy fuerte que defiende a nivel básico aquello que permite que la violencia exista”.
En ese sentido Mariana discute los micromachismos, que sería la violencia naturalizada en prácticas de la vida cotidiana. “En realidad los micromachismos son estructurales, son la base de la pirámide, y es lo que permite que todo lo otro exista. A partir de eso es que las mujeres pierden su capacidad de deseo y decisión, y ahí sos carne de cañón de cualquier violencia. Es la base donde se mina la autonomía misma de las mujeres. Todos somos revolucionarios pero termina la comida y mamá se levanta a lavar los platos”, sostiene.
Por eso, Mariana considera que para pensar las causas de la violencia machista, es necesario tener en cuenta las otras formas de violencia social: “El 60 por ciento de nuestra población tiene sangre de los pueblos originarios, una sangre que no tiene nombre. Las luchas de género, las opresiones de clase, lo que sucede con los originarios y el planeta, todas estas luchas están conectadas. No hay posibilidad de pensar una humanidad si no vemos cómo funcionan todas las opresiones y cómo se conectan entre sí respondiendo a una misma lógica”.
Muriel coincide en que la violencia de género es una forma de ejercicio de poder y se aprende en la casa, en la familia y en la sociedad: “En la sociedad vivimos permanentemente abusos de poder naturalizados, hay cadenas de abuso y el eslabón más débil son las mujeres y las niñas. Y esta subordinación a la que nos quieren someter en los vínculos, tampoco es nueva ni está restringida al hogar… Además en Misiones hay todavía rasgos feudales, todavía en los pueblos el que gobierna tiene poder absoluto, tanto que sus hijos o cercanos pueden violar y matar niñas impunemente”.

Marcha de las Putas en Posadas, 2010.
Marcha de las Putas en Posadas, 2010.

Ni una menos

El 3 de junio de 2015 fue un día histórico para el movimiento feminista en Argentina. Mariana define a la movilización del Ni Una Menos como demoledora: “aparecieron víctimas de todas partes, personas que no tienen llegada ni son escuchadas en ninguna parte del sistema, con historias tremendas y no hay quien les de contención, no hay recursos sociales para darles respuestas y como movimiento nos vemos absolutamente sobrepasadas por esa demanda… Fue confirmar que falta mucho pero también fue un acto muy poderoso. Ninguna de las que estuvimos en esa plaza salimos igual, algo se cambió en nosotras de muchas maneras”.
Para Muriel también fue un acto emocionante, observar a la multitud en la plaza “sentir que no estamos solas, que es un tema que preocupa y moviliza a la sociedad; si siempre lográramos convocar de esa manera, estoy convencida que otra sería la historia, pero quedó claro que la gente se mueve a participar cuando la convocan desde los medios dominantes. Era políticamente correcto estar, fue increíble que hasta Tinelli se atrevió a adherir, el súmmum del machismo”.

Temas invisibilizados

Con cifras alarmantes, Mariana remarca su preocupación ante la invisibilidad del día internacional para la prevención de abusos de niñas, niños y adolescentes en la agenda pública y, por ende, en la participación ciudadana. También señala que el aborto clandestino sigue siendo la principal causa de muerte de mujeres. “Creo que el tema del aborto es fundamental porque la discusión central está en la decisión y la autonomía sobre nuestro propio cuerpo, y eso es lo que no nos quieren dar. No van a entregar el último bastión que tienen donde ellos siguen siendo, tanto el estado como la iglesia, los dueños de nuestro cuerpo y nuestra decisión y nosotras seguimos siendo incubadoras, que tenemos que cumplir con la función de madre, porque se supone que es un instinto natural y una realización de la mujer ser madre”.
La artista militante recuerda la consigna de la campaña nacional: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. Sin embargo, considera que el aborto está atravesado por la cuestión de clase. “La despenalización del aborto no es una lucha de todas las clases sociales, porque las clases medias y altas abortan en clínicas privadas sosteniendo un negocio millonario y en negro. Es un problema que lleva a la muerte a las pobres, a las que no tiene otra manera de afrontar la interrupción del embarazo”.

Marcha colectiva y diversa.
Marcha colectiva y diversa.

La resistencia

La calle sigue siendo el lugar para transformar. La herramienta de Mariana es el arte y su escenario es la plaza. “Es el lugar público, es el lugar común y de todos. Desde ese lugar uno lucha por lo que es justo y mi compromiso es con las víctimas”. Y aclara: “La lucha tiene muchas maneras, es en todos los frentes, es en la mesa de tu casa o con tu familia cuando rechazas un chiste machista. Los lugares de la lucha son todos: las aulas, las iglesias, las comunidades, los medios. Son instancias para abrir el diálogo y pensar”.
Muriel reivindica el trabajo en red entre las organizaciones y las personas que se ocupan de la temática: “Se hace necesario aunar esfuerzos para producir cambios. En este contexto de desigualdad, sometimiento, injusticia e impunidad, todos los sectores interesados en que la violencia termine, deberíamos coordinar el accionar, y es lo que venimos haciendo, en mayor o menor medida. La conformación de redes funciona y lo bueno de esto es que en esas redes no importa la pertenencia partidaria. Creo que el mejor ejemplo de ese trabajo conjunto fue la liberación de María Ovando… Es fundamental la postura crítica, nada es natural ni inmodificable. Cuando vemos que el sistema no funciona hay que denunciar, exigir y pensar propuestas para modificarlo”.

Soluciones y propuestas

Con la experiencia de la militancia y el acompañamiento a las víctimas, Mariana y Muriel proponen reflexionar sobre las responsabilidades del Estado y la sociedad civil para frenar el flagelo de la violencia. “Hay problemas que son culturales y profundos y que no dependen del Estado. Pero sí es la responsabilidad absoluta del Estado accionar para que esto no suceda. Entonces el Estado tiene la obligación de capacitar en perspectiva de género a todos sus funcionarios, es responsable cada vez que falla el sistema judicial y los servicios de asistencia. Ahora ¿cómo puede haber un Estado que se haga responsable si no hay una ciudadanía que construya esa necesidad de ser responsable? El Estado se va a ser cargo de los problemas sociales siempre y cuando esto se transforme en un reclamo concreto de la sociedad”.
Desde una mirada crítica, Muriel contextualiza: “Vivimos inmersos en una cultura jerarquizada, donde es difícil pensar por fuera de las formas dominantes de ejercicio del poder, es muy difícil asumir la ciudadanía plena. Las leyes están, el discurso de los derechos humanos ha avanzado mucho en los últimos tiempos, pero a los sectores privilegiados les conviene que nos sigamos pensando como niños o como objetos y entonces no difunden ni capacitan”. Ante esa realidad, la mujer de ojos claros propone: “hay que salir a concientizar sobre esto, todo lo que hemos conseguido en materia de derechos se hizo a fuerza de lucha. Y en ese sentido me parece fundamental reivindicar esa forma contrahegemónica de ejercitar el poder, aprendida en el espacio privado al que nos han relegado, el cuidado. Hay que trabajar para que se ponga en acción en “lo público”, y no me refiero de ninguna manera a nada semejante al clientelismo, sino una nueva forma de encarar la política en donde la equidad sea real.
Como sobreviviente Mariana no pierde las esperanzas y expresa con emoción: “Cada vez que una persona comente un acto de libertad, libera a las personas alrededor, entonces cada uno de nosotros construye al mundo en ese lugar donde está… No pierdo la esperanza, estoy viva de milagro, cada día es un regalo. Siempre siento que se puede, hoy se puede ser libre, hoy se puede negociar de otra manera, hoy puede una no callarse. No van a poder parar el movimiento que siempre irá hacia la liberación. Se vale la pena y la alegría de luchar, eso lo aprendí de las Madres de Plaza de Mayo. Cada día que uno/a goza y cada orgasmo bien ganado es ganar la lucha”.

La resistencia de la alegría.
La resistencia de la alegría.

(1) Al 75 por ciento de esas mujeres las mató algún allegado. La mayoría de las víctimas tenía entre 21 y 40 (el 42 por ciento del total). (Los datos pueden consultarse en la web de la Oficina de la Mujer de la Corte (OM), www.csjn.gov.ar/om/femicidios.html)

(*) Cronista de revista superficie

Colaboró con este artículo Alexis Rasftopolo en edición y corrección