Poesía de Ultramar

Poesía de Ultramar

Hace 30 años exactamente, una editorial nórdica publicaba Ultramar, exquisito poemario del escritor obereño Alberto Hedman, entonces exiliado en Suecia. Compartimos aquí una breve biografía y un puñado de los poemas contenidos en aquel libro.

“Como un barco que al zarpar arranca el puerto, como un avión que borra el punto de destino (cuestiones éstas que no pueden ser resueltas por el afecto), Alberto Hedman, irradia sonidos e imágenes desde una habitación vacía no localizable. Estos círculos de fuego o niebla alrededor del azar de los sentidos, no buscan aprisionar la atención del lector, sino más bien liberarla de una cierta obsesión por la repetición y la copia” (contratapa del libro Ultramar, de Alberto Hedman, publicado en Suecia en 1985)

Alberto Hugo Hedman nación en 1950 en Oberá, provincia de Misiones, Argentina. A los 17 años comenzó a escribir y sus poemas fueron publicados en diversas revistas locales. Su formación autodidacta se enriqueció con experiencias teatrales y en el periodismo.

Los conflictos sociales que sacudieron a toda América Latina desde la segunda mitad de la década del 60 lo envolvieron activamente. La urgencia de la militancia determinó el abandono de sus tareas literarias.

Un par de libros inéditos se perdieron en esas circunstancias, y lo llevaron, en 1977, luego de dos años en Buenos Aires, a refugiarse en Brasil. Ese mismo año se exilia en Europa: primero en Alemania, luego en Finlandia para finalmente radicarse en Suecia. Tras su regreso a Misiones, ya en democracia, Hedman se desempeña como periodista, actividad que sigue ejerciendo.

Ultramar recoge y muestra las huellas de todo ese largo itinerario de tiempos y espacios dispares, vividos con toda intensidad.

SUPERVIVENCIAS

Dictar una conferencia al borde de un precipicio
para un público que cae sin paracaídas hacia el fondo
no es tarea fácil
aún cuando se tenga una larga experiencia en el vacío
y la perspectiva renacentista de una sonrisa aprendida de memoria
No es tarea fácil, cuesta arriesgarse a pronunciar una palabra (aunque por dentro se sientan las vibraciones del deseo sonando como la cuerda de un contrabajo de una iglesia gótica)
cuando el diario vivir te aprisiona con sus urgencias…
Cuántos centímetros de tristeza caben en un metro de aburrimiento
a cuánto se cotiza una lágrima verde en el mercado, los días grises cuando una delgada de nivel borra la música de los diccionarios.
Pareciera que ya es tarde hasta para atardecer
y es inútil que vengas a buscarnos hermanita de la buena conciencia
estampa del rendimiento eficaz, de la alegría redonda como un huevo.
No vengas a buscarnos que ya es tarde
nos han atrapado esos fantasmas grises con sus largas agujas
Igual no perdemos la esperanza.
En el río de Heráclito nadie te asesina dos veces

Seguiremos creciendo desacompasadamente, aún sin un horizonte definido y ya ni las sombras nos caben en el mapa.

CONTRADICCIÓN

La contrariedad de haber nacido
sin haber manifestado previamente ninguna vocación especial
para la vida,
es que se sigue viviendo por inercia.
Y como no se tiene el privilegio de nacer todos los días,
hay que aceptar los hechos consumados
adaptarse a los imperativos del programa
Entregar primero la infancia,
luego los atributos de de una madurez duramente conquistada
para, finalmente, cuando uno ya se había acostumbrado
a una vejez tranquila
tener que morirse obligatoriamente
sin haber manifestado con anterioridad
ninguna vocación especial para la muerte.

PROPUESTAS PARA LLENAR EL VACÍO DE UN DÍA CUALQUIERA

Podríamos inventar un mundo nuevo, fumarnos un cigarrillo
o ir de compras a algún supermercado.
Construir una sonrisa dentro de una botella oscura
o un naufragio dentro de un guante de terciopelo.
Podríamos tomarnos una cerveza, subir a mirar los edificios desde una terraza
Bajar a ver los delfines al estanque,
medir la distancia que hay entre la sombra de un pensamiento
y la velocidad del horizonte.
/o dejarnos atropellar salvajemente por uno de esos ciervos que aparecen siempre en los cuadros de paisajes montañosos/

Podríamos ir a sentarnos en el banco de una plaza
o acostarnos en un rectángulo de sombra
hasta dejarlo blanco
Podríamos escribir una carta sin palabras
Y no terminar nunca de leerla.

EN ALGUNA PARTE

En alguna parte, lejos
alguien está construyendo una puerta
por la que habrás de pasar.
Una ventana por la que verás entrar la luz del día.
Lejos, en alguna parte alguien mezcla cal con ladrillos
levanta las paredes de una casa
construye una silla
diseña la forma de una esquina o el refugio de un patio con jazmines
En alguna parte, lejos,
Alguien construye una mesa
en la que pondrás tu máquina de escribir,
tu lámpara, tu taza de café,
naturalmente
como si todo te estuviera esperando desde siempre
como si las cosas no viajaran también en el tiempo.

AZUL SECRETO

Es extraño que estando seguro de ser yo mismo
siempre haya otro apareciendo en mis retratos
Haciendo oír su voz en mis conversaciones, juicios y raciocinios
Su voz me dice:
Todos tus programas están cancelados, bailarín de la medianoche,
y tu colección de trajes será donada al Museo Etnográfico
y en un abrir y cerrar de ojos, hasta las sílabas te darán la espalda
Igual, en secreto, me visto de azul furioso,
y le dibujo música de sorpresas a la sombra.
En secreto miro por la ventana: recuerdo lo que no existe,
Imagino los colores dormidos de este día
Lo que podría ser yo mismo si no fuera tantas veces el mismo
y siempre otro.
Ese constante pasajero de ojos acuosos y pensamientos de pescado frito
que no se reconoce en sus retratos
y en secreto se viste de azul furioso.

PERSECUCIÓN

La vida, ese plato vacío
en el que nadan peces de todos colores
Peces veloces que no muerden nunca el anzuelo
aunque se les presente la carnada perfecta.
Un plato sin comida al que todos persiguen
con tenedores ansiosos y cucharas sedientas.
Hoja de papel arrancada de árbol antes de tiempo
traje cortado por las tijeras del misterio
al que es inútil llevar mensualmente a la tintorería.
Cuando se gasta lo mejor es hacerle bordados exquisitos
Y esperar a que llegue la noche.

TRÍPTICO

I
Sin fondo de violines ni horizontes marítimos
crece entre las hojas del mediodía
rechazando por igual la piel indeleble del recuerdo
y los tatuajes furiosos del olvido.
Ni una cosa ni la otra, no es la tierra, pero incluye lombrices
y travesías de pájaros que vuelven hacia el fuego.
No es el mar, pero le sale espuma, le cruzan corrientes de aire enrarecido
cardúmenes de horas errantes y una extraña ternura
que parece arrancada al fondo del océano.

II
Es esa mano incierta que borra los contornos de los cuerpos
Y te deja los ojos abiertos
Tan abiertos que el mundo se vuelve pequeño e inmenso al mismo tiempo
Como una fruta que violenta sus cerrojos y se desnuda
hasta volar y encontrarse como máquina ilusoria o pájaro impreciso en el aire.
Para decirlo de una vez, esta palabra
es un señor pálido de cabellera verdosa intentando
abrir las puertas de una casa en llamas.

III
Y el poema es un deseo súbito de abrazar a esa señora: lo imposible.
Una tarde de jazz con música de lluvia.
Un olvido que se encuentra a sí mismo entre los otros.
Un año bisiesto dentro de una caja de fósforos
/que alguien prende al para sin saber que en ello se le va la vida/
O al menos su forma desfigurada y convencional
Con fondo de violines y horizontes marítimos.

TRISTE MÚSICA DE ATARDECER LAS DESPEDIDAS

El atardecer llega saludando delicadamente a todo el mundo
con un abrazo triste que parece la estrella de un ahogado
Es la hora de la despedida
blanca como un pañuelo de seda acariciando las gargantas de los presentes,
que se van llenando de ausencia a medida que el barco abandona la costa.
/sin mirar atrás, con esa indiferencia propia de las máquinas/
Cada ojo se asoma a un puerto diferente
Y cuando el barco parte pareciera
que también los que se quedan se van alejando
Quien sabe a donde van las miradas que se pierde
cuando ya la imagen del barco no se distingue en el horizonte
Triste música de atardecer las despedidas.

LOS PIES SOBRE LA TIERRA

Probablemente sea lo correcto
sea la hora, de poner los pies
sobre la tierra
Naturalmente con cuidado
tomando las debidas precauciones
No es cuestión de enterrarse hasta la rodilla
y quedar ahí, sin poder moverse
soportando que las nuevas generaciones
te confundan con una planta exótica
o con un monumento del pasado.

No confundir terrestres
con enterrados.
Cuando digo con los pies sobre la tierra
quiero decir
con los ojos abiertos
quiero decir sin tanto abrigo, sin
tanto miramiento.
Quiero decir que deberíamos
estar desnudos, en el cuerpo y hasta en el cerebro
cuando vamos al cine y cuando le contamos a alguien
la película
– y por qué no cuando caemos en la tentación de oir o dar una conferencia–

De cualquier manera habría que cuidarse
de que nadie use su desnudez
como un traje.
Probablemente sea lo correcto
sea la hora de poner los pies
sobre la tierra.
Sin olvidar por cierto que la tierra misma
gira en el vacío

(publicado en Apuntes para la reconstrucción del silencio, Suecia, 1983).