Pasito a pasito en el cumplimiento de un sueño.

“Pasito a pasito”, el hit del momento, suena insistente y persistentemente en la radio de una vecina del barrio Unión de Piray km 18. Ese tema que ha tenido las más diversas y creativas versiones, en esa colonia se oye de manera distinta, pues se mezcla al sonido, también insistente y persistente, de la máquina cortadora de árboles de ARAUCO, la famosa harvester, que trabaja día y noche extrayendo los pinos del lugar.

por Delia Ramírez*
Fotografías: Ilana Reck.

El hit del momento alegra a los vecinos porque ellos disfrutan de los temas musicales que están de moda, y el sonido de la cortadora produce felicidad particularmente a los vecinos que integran la organización Productores Independientes de Piray (PIP) porque así como dice el reggaetón, “pasito a pasito”, están cumpliendo un sueño que persiguen hace más de una década de lucha.
Mucho se juega en cada pasito además de la ansiedad y la espera que crecen desde el pie a la cabeza, ida y vuelta. Se juega la posibilidad de generar una forma de supervivencia a través de la producción de alimentos sanos; la gestación de nuevas maneras organizativas que discuten sobre la tenencia colectiva de la tierra en una sociedad que promueve principalmente el individualismo y el egoísmo aun en tiempos de crisis; se juega la transformación de los relacionamientos entre vecinos, compañeros y compañeras, parientes y familias; asimismo, un proceso de “regreso” a la tierra en un lugar con un pasado reciente en la industria forestal motorizada por la ya desaparecida fábrica Celulosa Argentina y se discute también la distribución en un municipio donde el 60% de la tierra pertenece a la gran empresa extranjera, ARAUCO.

La Harvester en acción: quitando los pinos de Arauco.

Cada amanecer las personas adultas que integran las familias de PIP se levantan y piensan en dos cosas: el trabajo que realizarán en esa jornada y qué comerán al mediodía. Esas preguntas, que con el proceso organizativo se han problematizado con el tiempo y han tomado un tinte político, están en la base de la lucha por la tierra, no solo en Piray, sino en América Latina toda. Los productores y productoras de PIP a veces se olvidan que batallan contra una multinacional, con frecuencia no recuerdan que su pelea es contra el modelo hegemónico del agronegocio, pocas veces se dan cuenta que su lucha puede ser considerada inspiradora e incluso un mal ejemplo para determinados intereses. Hacen bien. En estos tiempos mantenerse optimistas y soñadores es una actitud política de responsabilidad colectiva.

Trabajadores regresan de la jornada de trabajo colectivo

Vientos de cambio y muchos años de lucha.

Allá en Piray 18, cruzando el Piray Guazú, se ven y se sienten los vientos de cambio. Aquellos pinos que acorralan a las casitas que bordean la ex ruta 12, y mantienen todo el ambiente seco, finalmente se están corriendo. Pero no ocurre solo eso, las mujeres de PIP trabajan en un proyecto de vivero que pronto empezará a producir, pero que mientras tanto ha estrechado la relación entre esas mujeres.
En la sede de PIP una hermosa huerta también sostenida por esas mujeres guapas produce verduras y hortalizas para alimentar a los visitantes de la organización. Casi todos los días hay reuniones y los domingos por las mañanas se realizan multitudinarias asambleas que apuntan a discutir los pasos a seguir para trabajar la tierra.
Actualmente, una de las preocupaciones de la organización son los sucesivos focos de incendio que se vienen produciendo en las tierras ganadas, incendios que podrían ser intencionales, y que ponen en riesgo la vida y la integridad de los vecinos.
Cuando son entrevistados acerca del momento que están viviendo, los dirigentes de PIP se preocupan por recordar la historia de lucha de la organización. La mayoría de los viejitos pioneros ya no están. El desafío, el entusiasmo, el aprender nuevas formas y desaprender maneras no constructivas se encuentran en las acaloradas discusiones. Nada es fácil, pero imposible es no intentarlo.

En el año 2006 algunos vecinos, con sus respectivas familias, en la colonia conocida como Piray km 18 (municipio de Puerto Piray, departamento de Montecarlo) comenzaron a organizarse alrededor de la necesidad de obtener tierra para producir alimentos y comercializarlos. A partir de entonces comenzaron a comprender que uno de los mayores problemas estaba asociado a la concentración de tierras por parte de la empresa Multinacional ARAUCO, dedicada al agronegocio forestal. La empresa es propietaria del 60% de las tierras del municipio y en la provincia de Misiones tiene 230 mil hectáreas.
Así se conformó la organización de Productores Independientes de Piray (PIP) quien además de denunciar la concentración de las tierras, la pérdida de fuentes de trabajo del sector obrero de la foresto-industria a partir de la modernización del sector también, se viene manifestando por los efectos en la salud y el ambiente que ocasiona la producción intensiva de árboles.

Camión de carga de rollos en Piray 18

Luego de años de conflicto y demanda, en el 2012 la organización PIP consiguió que los diputados sancionaran la ley de compra o expropiación de 600 hectáreas de tierra de la empresa ARAUCO (ex Alto Paraná S.A). Actualmente, tras 5 años de lucha intensa por el cumplimiento de la ley, PIP ha podido acceder a una parte de esas tierras (166 hectáreas), por lo tanto los productores se encuentran viviendo un momento histórico lleno de desafíos.
PIP está integrada por 70 familias que conformaron una cooperativa para poder recibir y producir en esas tierras de manera colectiva. La mayoría de esos productores son paraguayos/as o hijo de paraguayos que vinieron a partir de la década de 1950 para trabajar en la ex fabrica Celulosa Argentina.


Notas de la autora:

Visitamos Piray km 18 la última semana de julio con el equipo de mujeres de la Revolución de los Afectos conformado por Gio Guggiari, Lujan Oliveira e Ilana Reck a quienes quiero mencionar especialmente porque son parte de un proceso colectivo en marcha de producción y socialización del conocimiento.
Agradecemos todos los vecinos y vecinas de los barrios de Piray 18 y muy especialmente a la organización Productores Independientes Piray (PIP) por abrir las puertas de la sede, de sus casas y de sus corazones.

* cronista de Revista Superficie.