Buscados

Buscados

Noche del 27 de marzo de 2008. Hacía un poco de frío y la humedad formaba una cortina tenue de neblina. Por estas horas, entre el trasnoche y la madrugada, Mario Golemba era visto por última vez golpeado, torturado, en una comisaría de Misiones.

Por Diego Bogarín (*)

Con secuencias.

Siesta del 27 de marzo de 2015. Irma cuenta que está por cumplir 60 y que tiene ganas de descansar: “el cuerpo pasa factura”; pero agrega: “Ver que hay jóvenes juntándose para luchar como que recarga las pilas y da más esperanza”. Lo dice cuando las cámaras se apagan, se sincera caminando despacio en el patio de una casa donde compartimos el mediodía. Acaban de grabar un mensaje para las víctimas de injusticias y volvieron de entregar otro petitorio para que el gobierno se haga cargo de buscar a su hijo.

Ha sido una larga e intensa mañana; gris por la lluvia, luminosa por las miradas de una madre y un padre que no descansan. Escucha Irma con atención las palabras de Antonio, él adorna con poesía, con rimas y refranes un reclamo de años; se disculpa de a ratos por desconocer la burocracia de los reclamos de justicia, como si la culpa fuera suya y no de los burócratas del sistema. “No busco culpar a nadie, pero quiero saber dónde está mi hijo. Su espacio en nuestra familia está ocupado por el dolor y la angustia.”

El gobierno de Misiones quitó los recursos destinados a la búsqueda del joven Mario cuando, al año de la campaña por su aparición, los testimonios lo ubicaron dentro de una celda de la maldita policía misionera, la misma de los constantes suicidados, de los submarinos secos, del gas pimienta en cuerpos desnudos, de las certificaciones médicas de lesiones en la espalda con forma de borceguíes pero autoinfligidas, y de otros numerosos mecanismos de tortura denunciados por detenidos sobrevivientes. También Mario estaba recibiendo golpes. Dicen que gritaba su propio nombre, como quien es víctima de una confusión; dicen que llorando y a gritos, agregaba: “No hice mal a nadie, por qué me pegan!?”

Leer el expediente es encontrar los gritos de auxilio; es entender que no hablamos de fuga de hogar ni de averiguación de paradero: hablamos de privación ilegítima, de apremios, de torturas, de abuso policial, de impunidad y complicidad política. Ewaldo Katz era el comisario a cargo de la sede policial donde fue visto Mario el 27 de marzo de 2008; ahora está a cargo de la unidad regional con jurisdicción sobre municipios donde los intendentes trafican sobre el río Uruguay -y nadie trafica sin conocimiento y complicidad de la policía. Jorge Franco, funcionario histórico de la renovación y actual ministro de Gobierno, carga en su frondoso prontuario al menos 23 muertes y más de medio centenar de denuncias por torturas en comisarías desde que es responsable de la policía provincial. Maurice Closs es gobernador de Misiones desde 2007, garantiza la impunidad policial desde entonces y lo profundizó llevando este año de subjefe de la policía a uno de los fundadores del Grupo de Operaciones Especiales.

Hablamos de desaparición forzada. Hagamos memoria: a los desaparecidos los desaparecieron, a Mario Golemba también. Por eso seguimos buscando y, a 7 años, seguimos preguntando: ¿Dónde está?

(*) cronista de revista superficie