Montecarlo: el centro, la periferia y los medios


En la medianoche del sábado 7 de julio doce jóvenes de entre 15 y 22 años, provenientes de distintos barrios marginales de Montecarlo permanecen reunidos en el paseo público "La Paloma", en pleno centro de la ciudad. Beben una gaseosa y escuchan cumbia desde un diminuto mp4. Conversan alegremente, celebran el reencuentro: horas antes algunos volvieron de tarefear y hacer otros pesados trabajos en el monte. Por fin se cumplió la quincena.

"¡Al suelo, al suelo carajo!, ¡pidan refuerzos!", ordena el oficial Daniel Haedo, de la Brigada de Investigaciones de Montecarlo, a cargo de un sorpresivo operativo. Son las 00.22. Las cachiporras apuntan directamente a los genitales. También hay patadas, insultos, amenazas. "¡¿Dónde tienen la droga?, respondan pendejos de mierda!"

En los coquetos bares cercanos a "La Paloma" los curiosos siguen con asombro cada movimiento. No es para menos: el espectáculo tiene en escena a seis patrullas y una veintena de agentes armados. Los gritos de la autoridad, que se superponen a los de los torturados, añaden dramáticos efectos sonoros.

Los jóvenes yacen en el suelo. Comienzan a esposarlos, uno por uno. En la calle los vehículos aminoran la marcha. En uno de estos autos circula el profesor e investigador Rubén Ortíz. Reconoce desde la distancia a exalumnos de la Escuela Normal 2, también a  militantes del Sindicato de Tareferos de Montecarlo, estaciona y se acerca deprisa.

- Pero ¿qué está pasando? ¿por qué les maltratan de esta manera?

- ¡Retírese ya mismo señor, usted es un ciudadano, no interrumpa el procedimiento!

Los uniformados no dan lugar a respuestas. Ortíz insiste con firmeza en su pedido de explicaciones. Los policías gruñen su "derecho" a torturar sin interrupciones. La discusión finaliza con la detención de Ortíz, quien es llevado a los golpes hasta la patrulla.

Esposados, ocho jóvenes -tres de ellos menores- son arrastrados hasta otros móviles de la fuerza. Primero pasan por el hospital Samic de Montecarlo, para constatar que no fueron golpeados. Pero el médico de guardia solo pregunta números de DNI, apellidos y nombres, no pone en cuestión las visibles marcas del atropello.

De allí van a la comisaría. Encierran a los mayores en una celda, los menores aguardan en el pasillo. Todos conservan las esposas bien ajustadas en las muñecas.

Las amenazas y maltratos verbales persistirán durante toda la noche. Los policías negarán a los detenidos agua para beber, al igual que el derecho a hacer uso del baño. Recién a las 8 del sábado recuperarán la libertad. El mp4 de uno de los jóvenes tareferos es robado por los policías de la guardia.

Los medios y sus violencias propias

El relato que precede a este apartado fue reconstruido por los propios jóvenes detenidos arbitrariamente y torturados en la vía pública. Voces marginales silenciadas por los medios del poder, reproductores y legitimadores de verdades únicas elucubradas desde la institución policial.

"El piquetero Rubén Ortiz fue preso por ebriedad en Montecarlo", tituló el sábado 7 Misiones On Line, diario del empresario ultrarenovador Marcelo Almada.

"Entre las 1 y 8 de hoy estuvo detenido el sindicalista docente Rubén Ortíz, en una causa contravencional junto a otros cuatro individuos. Según fuentes policiales, en la plaza La Paloma de Montecarlo se realizaba un operativo de prevención y Ortiz 'entorpeció el procedimiento'. estuvo detenido dos horas y recuperó libertad. Se indicó que era un operativo de recorridas en prevención de faltas contravencionales y delitos. La policía realizaba identificación de unas personas en esa plaza y Ortiz se interpuso entorpeciendo el procedimiento e insultó a los efectivos que llevaban a cabo el mismo. Según precisaron 'estaba en estado de ebriedad'"
, indica la nota en cuestión.

El comisario Roberto Carlos Pérez -única fuente consultada- explica allí que "el operativo de identificación de personas se realiza habitualmente de manera estratégica, entre otros puntos del municipio, en la plazoleta La Paloma, sitio que congrega cada fin de semana a cientos de lugareños".

En tanto Noticias del 6, tituló "Detuvieron a Ortíz en estado de ebriedad". Por increíble que parezca, la única fuente de este artículo fue un mensaje de twitter del director de dicho medio, el empresario Jorge Kurrle, vocero de la Entidad Binacional Yacyretá y el Frente Renovador.

El texto consta de apenas un párrafo, que reza: "El dirigente docente Rubén Ortíz fue detenido en estado de ebriedad en la plaza La Paloma de Montecarlo, cuando pretendió interponerse en un operativo de seguridad de la Policía. El dirigente del MPL (Movimiento Pedagógico de Liberación) que se hizo conocido por cortar la ruta nacional 12 y es asesor del partido Proyecto Sur de Pino Solanas, fue detenido junto a otras cuatro personas por infracciones al Código Contravencional y posteriormente liberado. La detención duró de 01 a las 8:00 de este sábado, precisó el periodista Jorge Kurrle, en su cuenta de Twitter".

En ambos casos, la noticia fue utilizada con fines claramente politicos. El objetivo: ensuciar la imagen del dirigente social Rubén Ortíz. Se focaliza la atención en Ortíz resaltando su supuesto "estado de ebriedad", omitiendo que la certificación médica descartó esa condición.

Ni siquiera se menciona que los detenidos fueron jóvenes, tres de ellos menores de edad.

Se apunta que fueron cuatro los detenidos, cuando en realidad fueron ocho. Y respecto al procedimiento, ni por asomo se alude a los gravísimos hechos de violencia policial; simplemente se trató de un "operativo de prevención".

A través de estos mecanismos de desinformación, los medios de propaganda del gobierno provincial invisibilizan las gravísimas violaciones a los Derechos Humanos perpetradas en Misiones por las fuerzas públicas de seguridad, y contribuyen a la profundización de la criminalización de la pobreza.

Hablan los pibes:

"Justo ese viernes a la tarde yo salí del monte y fuimos a compartir, a dar unas vueltas por el centro. Estábamos en 'La Paloma', un paseo público, escuchando música con un par de amigos y de repente aparecieron unos policías y 'al suelo, al suelo', y nos garrotearon, nos golpearon cuando estábamos en el piso, para que abramos las piernas nos pateaban. Y ahí vino el profesor, que no estaba tomado ni nada de eso, les dijo que nos deje, que no estábamos haciendo nada y ahí se agarraron con él. Después en la Comisaría pusieron en la celda a un par y a los menores nos dejaron afuera esposados. Nos amenazaban, decían que si no nos quedábamos quietos nos iban a dejar mas tiempo".
Cristian Villalba (17), trabaja quincenalmente en el monte, limpiando chacras.

"Estuvimos un ratito en La Paloma, compartiendo una gaseosa, tranquilos, escuchando música en un mp4. A las 00.22 llegaron todos los canas y 'al suelo, al suelo' y nos pegaron unos palazos. Muy brutos fueron, nos lastimaron a casi todos. Eran más de quince policías. Primero vinieron dos camionetas y dos autos. Cuando nos tenían a todos en el suelo pidieron refuerzos. Y ahi justo vino Rubén y se agarraron también con él, le pegaron unos palos, le subieron al auto y le llevaron.
A nosotros primero nos llevaron al hospital, no sé para qué, porque solo nos pidieron los datos de nombres y edad. Después nos llevaron a la Comisaría y ahí nos trataron re mal, no nos dejaban tomar agua ni ir al baño. Nos tuvieron detenidos hasta el sábado a las 8.
Fue muy brutal, una ridiculez. Como si fuera que afanamos un banco actuaron ahí".
Matías Jara (16), estudiante en el Instituto de Enseñanza Agropecuaria.


"Llegué el viernes, tarde ya, y salimos con mi hermano y unos amigos. Y ahi llegaron otros amigos, justito teníamos una gaseosa, y llegaron todos los policías. El oficial Haedo dijo 'llamá refuerzos, llamá refuerzos'. Y ahí llamaron y vinieron como seis camionetas, con patrulleros y todo. Nos alzan a todos, pero para eso hicieron el procedimiento re mal. Fue demasiado violento, con la cachiporra te querían hacer abrir las piernas. Si tenías cerradas te pegaban en los huevos. Yo estaba de remera nomás, me arrastraron y me pelé todo. Perdí un montón de cosas y ellos no fueron capaces de decirnos porqué nos atacaban. Me patearon, me empujaron, para mí el procedimiento estuvo re mal.
Ahí llegó un profesor, que nos conocía a algunos por la escuela. Se acercó y les dijo 'ellos son mis alumnos, por qué les tienen así'. Y le respondieron: 'vos sos un ciudadano asi que quedate afuera que no tenes nada que hacer acá'. 'Y bueno, vas a tener que acompañarnos entonces', le dijeron. ¿Pero por qué si les estoy hablando bien?, les dijo el profesor. Y ahí le dijeron de nuevo que les iba a tener que acompañar, y cuando se negó de nuevo le cachiporraron por el hombro, por la espalda, y le hicieron volar adentro de la camioneta. Y le llevaron preso primero a él, cuando no tenía nada que ver...
Nos llevaron al hospital, supuestamente para constatar si estábamos golpeados, pero ahi nos atendió un doctor y lo único que nos preguntaba era el número de documento, apellido y nombre. No nos preguntaba si estábamos golpeados. Yo tenía demasiado frío, tenía miedo de que me agarre asma. El profesor me prestó un abrigo.
Del hospital nos llevaron a la Comisaría. Le pregunto al oficial por mis pertenencias porque me faltaban cosas y me dijo que no tenía nada que reclamar, porque sino no iba a salir. En toda la noche no nos dejaron ni tomar ni ir al baño ni hacer nada.
A las 4 de la mañana le quisieron largar al profesor, le dijeron que se quede tranquilo, pero él no aceptó, él dijo que iba a salir cuando nos liberen a nosotros. Entonces quedamos hasta las 8 todos juntos. El profesor no había tomado nada. Habló respetuosamente, no sé porqué le detuvieron.
No es la primera vez que veo a la policía hacer esto con muchachos que simplemente se encuentran para compartir un momento de amistad en La Paloma. Ellos hicieron el procedimiento re mal. Yo pienso que está mal, tienen que hablar más para llegar a un acuerdo, y no llevarnos a la cárcel, si no estábamos molestando ni haciendo nada.
No entiendo porqué el procedimiento fue así, se me perdieron las cosas. Esa mañana que me largaron fui a reclamarle mis pertenencias, y me dicen '¿ah, vos sos vivo? querés quedar otra vez?' Me quisieron detener otra vez. Y hasta ahora no me devolvieron nada. Y tampoco me quisieron tomar la denuncia.
Germán Aires (22), peón rural, tarefero.

"Estuvo muy mal, los policias no pueden actuar así de prepotentes. Y siempre hacen lo mismo, quieren llevar preso a todo el mundo solo porque se les ocurre. Ellos agarran, te golpean porque quieren nomás. Esta vez de nuevo hicieron así, llegaron, nos rodearon, nos tiraron al suelo y empezaron a golpearnos.

Por suerte pasaba el profesor Ortíz, llegó a ayudarnos. Preguntó porqué nos tenían así en el suelo, esposados, dijo que eramos alumnos suyos. Los policías le decían que se vaya. Entonces él dijo que nos dejen ir a nosotros y que le lleven a él. Y ahí le pegaron un cachiporrazo, y a la fuerza le llevaron.

Eramos doce y caímos detenidos ocho, mas Rubén. Después nos llevaron al hospital, no sé para qué, porque no nos revisaron si teníamos golpes, solo nos pidieron los nombres y numero de documento.

Después nos llevaron hasta la comisaría, nos tenían esposados, nos apretaron mucho las esposas, y eso dolía. Nos sacaron todas las cosas. Nos metieron a la celda y nos tenían ahí, re mal, no nos querían dar agua, no podiamos ir al baño, aguantábamos las ganas de ir al baño.

No había gente como para decir que hacíamos ruido. Estábamos con el mp4, que suena despacio (que no le devolvieron a mi amigo). Estábamos tomando una gaseosa, nada de alcohol, ni nosotros ni el profesor. Nos llevaron presos porque querían nomas. Eso no está bien. Nos preguntaban si teníamos droga, porro, para llevarnos. Y les decíamos que no, que nada.

Después se calentaron porque no encontraron nada. El oficial Daniel Haedo es el responsable de todo, él es quien encabezó el operativo. Nos tuvieron un largo rato. Está re mal, porque no es la primera vez que hacen esto. A mi no es la primera vez que me toca vivir esto. A amigos, otros pibes pobres les llevaron porque ellos querían nomás, con prepotencia.

Nos tratan como si no fuéramos nada, como si no fuéramos gente. Muy mal me parece eso. Un policía me reconoció que había tomado mucho, que estaba tomando mate para sacarse la resaca, eso él mismo me dijo, que estaba en pedo en la guardia.
Cristian Bogado (18), estudiante de la Escuela Normal N 2 Manuel Belgrano.

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"Pareciera que estos rostros no pueden venir al centro"

Opinión / Por Rubén Ortíz

Lo primero que quisiera expresar es que lamento mucho lo ocurrido. Creo que es un hecho que comprueba de que hay un sector de la policía que sigue deteniendo a los jóvenes por "portación de rostro". Porque estos jóvenes viven en los lugares de mayor pobreza de Montecarlo, en los lugares más carenciados.

Tres de ellos eran menores. Algunos fueron mis alumnos en la escuela, otros están estudiando todavía. Algunos de los que trabajan están en el monte tarefeando, haciendo trabajo forestal o macheteando.

Esta gente, que hace trabajos rurales, sale cada quince días al pueblo. Y cuando sale se reúne con compañeros del barrio que están en la escuela pública. Y van para la avenida. Parece ser que ahora algunos sectores de la policía ven con malos ojos. Porque estos hechos ocurrieron frente a la plaza de Montecarlo, un lugar que se llama "La Paloma", donde hay una buena iluminación.

¿Cuál fue el pecado de reunirse ahí? Escuchar música, tomar algo. Ése es el pecado de este grupo de jóvenes. A 150 metros de allí hay lugares donde se expenden bebidas de todo tipo y colores en la vereda. El poder adquisitivo de estos jóvenes no les permite sentarse a consumir ahí, donde la policía nunca ve nada. La policía sólo ve a los jóvenes pobres en una plaza, ven en ellos el peligro. Pareciera que estos rostros no pueden venir al centro.

Esa noche vi que estaban procediendo. Como era tal la cantidad de vehículos policiales paré. Y cuando vi el espectáculo ese, de jóvenes tirados en el suelo esposados, me arrimé a preguntar. Lógicamente pensé lo peor. Pero uno de los jóvenes, que es mi ahijado, me dijo que no habían hecho nada. A casi todos conozco, pero a este chico en especial lo conozco muy bien y sé que puedo confiar en él. Y me llamó la atención que los estuvieran tratando así por nada.

Vi que esos chicos fueron tratados como animales, como bestias. Fueron esposados, lloviznaba, hacía un frío de terror, y ellos boca abajo sobre el pavimento, golpeados con bastones de goma, para que estiren las piernas. Cuando vi eso, que la policía pisaba a los jóvenes para que se quedaran quietos, que ellos se querían levantar y no podían por los golpes... fue un espectáculo muy malo.

Yo me acerqué, les pregunté por qué. Y por la forma en que me contestaron me di cuenta que no había motivos.

Me llamó mucho la atención la violencia sistemática contra estos chicos. Desde la forma de hablarle, los empujones, los pisoteos. Yo les planteé que podía hacerme cargo de ellos, de llevarles a la casa a todos. Pero no había forma de negociar. Lo que ellos querían era justificar, llevar a ese montón de pibes y encerrarlos.

Otra cuestión es que la causa era para averiguar antecedentes. Y no hicieron ninguna averiguación. No hubo procedimiento en ese sentido. Fue llevarlos como ganado, acomodarlos en una camioneta, golpearlos la mayor cantidad de veces, y estaban por meter incluso a los menores en la celda. Fuimos nosotros los que les dijimos que eso no podía hacerse.

Y duele mucho que a aquellos que intentamos ser solidarios nos ponen en el rótulo "posible alcoholizado", pero en el certificado médico no dice nada. Y de eso se prenden algunos medios para escribir lo que escriben. Aunque uno ya sabe bien de dónde viene todo esto.

Lo que da mucha bronca es que hay un sector del periodismo, o del no-periodismo, que aplaude estas prácticas de violencia. Porque estos chicos vienen de lugares con muchas necesidades de todo tipo, de afecto, falta de agua, de vivienda, de posibilidades, de inserción en el sistema educativo... Que uno de ellos haya contado que está trabajando en el monte con 16 o 17 años es una derrota para todos. Más violencia que con 16 años estés trabajando en el monte, ¿qué? Y si encima cuando salís a los 15 días la policía te va a tratar como un animal por tu cara -porque confunden drogadictos con desnutridos-, ¿qué pensar? nadie que trabaja en el monte en esas condiciones es un ladrón.

Esas son las cosas que me duelen. Quizás no sea el dueño de la verdad. Pero lo que me impulsó a meterme es que uno trata en la escuela pública de pelear, que estos gurises se inserten, pero si el Estado, en este caso a través de un sector de la policía, trata a la gente de esta manera, siempre vamos a perder. Y después acusar que estamos alcoholizados me parece una vergüenza, me parece lo más ruin.

Acá el problema no es Ortíz. Se está queriendo desviar la conversación. El problema acá es la violencia contra estos jóvenes que portan cara.

Cuando uno estudia y se preocupa por preguntar a estos chicos quiénes son, descubre que no han tenido oportunidades. Pero a pesar de eso van a la escuela nocturna, trabajan en el monte, son changarines. Y si estos chicos fueran adictos, la responsabilidad es tratarlos, pero no como animales. Ayudarlos. En este caso ninguno estaba alcoholizado ni drogado. Y si existiera entre ellos alguien con ese problema, esta no es la forma, pegándoles con bastones de goma, tratándoles como animales. Eso me molestó muchísimo.

Finalmente quiero hacer otra observación. Nosotros fuimos los que luchamos para que la policía de Montecarlo tenga una celda, condiciones dignas. En el lugar en que nos metieron no había colchón, ni frazadas, nada. El frío era terrible. Me parece que ese lugar no va a recuperar a nadie, todo o contrario, porque no tiene las mínimas condiciones.

El espectáculo que vi me indignó. Y creo que si lo volviera a ver me volvería a meter. Me dijeron que era una contradicción interrumpir el procedimiento. Yo rechazo ese punto de vista, porque por la forma en que trataban a esos jóvenes, cualquier persona hubiera intervenido.

¿Cómo no meterse? ¿si son o fueron tus alumnos? Es muy grave no meterse. Tiene un costo meterse, porque te escrachan si fuiste preso. Parece ser que un docente no puede ir preso. Tratan de defenestrarnos porque uno está tratando de ayudar.

Lo que quiero es una policía que ayude al trabajo que hace la escuela pública. Porque si yo me quedo hasta tarde a pasar una película, a reflexionar con los gurises sobre adicciones, a participar de una actividad deportiva, etcétera, lo que quiero es que ese esfuerzo sea acompañado por la policía. Y la forma de acompañar es tratando bien.




Fecha de publicación: jueves 12 de julio de 2012
Montecarlo: el centro, la periferia y los medios
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