Represas: Una columna que empobrece el debate



Por Sergio Alvez (*) - El secretario general del Partido de la Concordia Social, Julio César Duarte, salió esta semana a hacer lobby por más represas en Misiones.  Nuevamente,  las voces del poder provincial omiten referirse a cuestiones sociales, ambientales y sanitarias, y despliegan ahora como estrategia discursiva, un absurdo considerable: excluir a Yacyretá del análisis de nuevas represas en nuestra región.  Duarte, además tergiversa la gigantesca gesta del pueblo misionero que en 1996 le dijo No a Corpus a través de un plebiscito. ¿Así quieren un debate serio?


“Represas y la propagación de un error político” se titula la breve columna de opinión que esta semana firma uno de los máximos dirigentes del partido gobernante de Misiones, Julio César Duarte. Vale la pena analizar los párrafos salientes de ese artículo, para descubrir cómo desde el poder político – supuestamente “neutral” como espacio orgánico con respecto al tema represas – se construyen relatos hilvanados en las mismas lógicas y omisiones. Aunque se reclama “un debate serio”, cada una de estas diatribas – desde Leverberg a Guccione, pasando por Rovira y ciertos columnistas afines- excluye aspectos elementales a la hora de discutir los proyectos hidroeléctricos que pretenden inundar miles de hectáreas y expulsar miles de familias en nuestra provincia.

“La consideración de las represas, especialmente desde el inicio de este 2012, comenzó a darse con mayor tratamiento porque en años anteriores las únicas voces que se alzaban eran las visiones negativas de la oposición; Y el motivo principal fue y es la represa hidroeléctrica Yacyretá, ubicada a tan solo 90 kilómetros de Misiones. El error o la falsa opción, fue que en el año del plebiscito del No a Corpus en Misiones, la oposición de aquel momento necesitaba alguna opción para ser su mejor argumento opositor y que mejor que las represas y, en particular Yacyretá, que tiene un alto rechazo hasta el presente por los misioneros y los posadeños en particular. En un estado de situación de aquel año se creó una falsa opción -en dicho plebiscito-, y eso se sigue propagando hasta el día de hoy" afirma el dirigente renovador.

La avivada de omitir Yacyretá

Por un lado, Duarte reconoce que el rechazo – de más del 80% de los misioneros actualmente – a nuevas represas tiene que ver con la traumática experiencia que fue y es Yacyretá para la provincia (generadora de exclusión social, desocupación, desastre ambiental, enfermedades y un cordón de pobreza en la periferia posadeña que no cesa de crecer ante la mirada pasiva de la clase gobernante, incluida la de Duarte), pero pese a ello su análisis no considera que el espacio político que él representa fue y es cómplice determinante en los abusos de la Entidad Binacional Yacyretá contra miles de misioneros. El Estado Provincial, desde hace diez años, es socio de la EBY; el director de la EBY desde hace diez años – etapa dónde más abusos se cometieron aunque quieran distorsionar la historia – es parte del partido gobernante y no se ha conocido a un solo integrante de la Renovación (a excepción del ecologista Raúl Breganolo) que saliera a señalar el desastre que representa Yacyretá para Misiones.

La población misionera tiene sobradas razones para oponerse a las represas. Yacyretá es sin duda una de ellas y no es posible avanzar en ningún debate al respecto sin antes analizar y tener en cuenta cada una de las consecuencias que nos está dejando Yacyretá, irreversibles en su mayoría. No es posible opinar sobre represas sin antes recorrer cada uno de los barrios de relocalizados de la EBY, algunos de ellos militarizados, donde se respira furia, pobreza y desesperanza.

“Yacyretá tardó 36 años en su culminación pasando por innumerables gobiernos militares y democráticos, con un altísimo grado de corrupción y efectos negativos. Por lo cual Yacyretá no es un ejemplo para analizar los aspectos negativos que puede traer aparejados una represa” señala.
Justamente, Yacyretá es el parámetro inevitable para empezar a discutir represas en Misiones. ¿Cuál es la garantía que existe de que no se repetirán los mismos “errores” cuando todo, absolutamente todo en torno a Garabí y Panambí se viene manejando con los mismos criterios e incluso con presencia de las mismas personas que hace diez años están conduciendo Yacyretá?

Lo que plantea Duarte es exactamente al revés: Yacyretá debe ser el punto de partida de cualquier discusión que quiera tenerse acerca de nuevas represas, y en todo caso, los promotores de represas – en este caso Duarte – deberán explicar qué hicieron por detener esos impactos negativos y qué garantías tienen de qué no se repetirán. La primera pregunta está contestada con los hechos: el poder gobernante misionero nunca defendió a los 80 mil afectados a los que Yacyretá marginó y pisoteó. Quizás por eso no les resulte conveniente hablar al respecto.

Agravio a la ciudadanía que se expresó en las urnas en 1996

Resulta grave y despectivo – una ofensa a los ciudadanos que votaron democráticamente entonces – que se siga tergiversando y aduciendo a cuestiones políticas al rotundo rechazo a la represa de Corpus en 1996 a través de un plebiscito. Las personas que votaron entonces, lo hicieron con absoluta convicción de lo que se estaba votando específicamente y el mensaje fue claro al respecto; la lectura política es válida, pero implica subestimar y faltarle el respeto profundamente a aquellos votantes, que aún hoy pueden dar testimonio acerca de la legitimidad de aquel resultado.

En su errónea lectura, Duarte considera la lucha contra las represas como una contienda político partidaria. Bastaría con que acudiese a una sola reunión de las que suele convocar la Mesa Sin Represas en Misiones para poder ver la realidad: la lucha anti represas parte de la independencia y la autonomía partidaria. El “No a Garabí”, parte de una necesidad de evitar nuevos desastres sociales, sanitarios y ambientales sólo para garantizar el negociado de unos pocos – ya visiblemente en marcha – y no para defender intereses partidarios disfrazados de una supuesta preocupación energética.

“Se vuelve a repetir en esta oposición la misma discursiva de aquellos años, pero desde nuestro lado vamos a plantear un debate serio. Puesto que ellos quieren una mesa de conflicto, por que no se debate en forma seria sin un proyecto real. Al no tener un proyecto valedero, cualquier condición de cualquier represa de la argentina o el mundo, en términos negativos les viene bien para aplicar sus argumentos, por lo tanto falsos” completa Duarte.

Debate

Cabe preguntarse entonces ¿qué debate serio se puede tener con quiénes no quieren empezar a discutir lo central? En una reciente charla, Raúl Aramendy- docente de la Mesa Provincial Misiones Sin Represas – planteó abiertamente la necesidad de que exista un verdadero debate (que debe ser televisado y llegar a la mayor cantidad de familias posibles), entre la clase dirigente que quiere más represas y referentes de la Mesa, donde se puedan exponer todo tipo de cuestiones, incluyendo la de las energías alternativas, largamente estudiadas y expuestas en diversas mesas, que al juzgar por el artículo de Duarte, tampoco quieren ser leídas por algunos. El material está. Las alternativas existen. La predisposición al debate también. Pero abarcando todos los aspectos, y no delimitando el campo a medida. El debate debe enriquecerse, no empobrecerse y acotarse, como pretende el secretario general del Partido de la Concordia Social.

(*) co-director Revista SuperficieRepresas: Una columna que empobrece el debate
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