San Isidro: el ghetto del desarraigo

Informe Central Superficie
Al Sur de Posadas, casi donde la provincia se funde con Corrientes, se descubre en el barrio San Isidro el asentamiento para relocalizados que la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) levantó para alojar a las familias que desalojó a la fuerza de sus lugares originarios.
Es el último de los complejos habitacionales creados por la hidroeléctrica. Allí, cerca de mil familias continúan aguardando el bienestar prometido.
Comenzaron a llegar en 2008. Las viviendas “permitirán la relocalización de familias que habitan en precarias viviendas en las zonas costeras, mejorando notablemente sus condiciones de vida”1, prometían desde la EBY en 2007. Sin embargo, la realidad muestra hoy un resultado muy diferente: hambre, desocupación, desesperanza y angustia envuelven la cotidianeidad lugareña.
El ánimo de la mayoría de los pobladores es tan gris como el cemento que opaca las casas, las calles, la plaza, y la vida en el barrio San Isidro. Claudio Ortíz fue relocalizado junto a su esposa y cuatro hijos hace dos años. A oscuras -hace ya un mes EMSA le cortó la luz por atraso en los pagos- expresó a Superficie: “Necesitamos trabajo, porque aca todo nos queda lejos y a contramano. La EBY no nos atiende ni escucha. Toda mi vida trabajé de olero y acá no tengo posibilidades de nada”.
Observó que en San Isidro “la mayoría está sin trabajo. Yo sobrevivo con changas y con eso apenas cubro para la comida, porque para lo demás no alcanza. Mis hijos me piden útiles para la escuela y es imposible comprarles todo lo que necesitan”.
Desde hace un año, Norma Venialgo reside con su esposo y cuatro hijos en el sureño asentamiento urbano de la Capital provincial. Manifestó que desde el ente binacional “dijeron que iban a ayudarnos, mi marido es carpintero y antes de venir para acá trabajaba muy bien. Nos prometieron darnos una mano con un emprendimiento de carpintería pero al final no pasó nada”.
Contrastó que “hoy la situación es muy mala. Tenemos que salir a recorrer casa por casa para ver si alguien necesita una puerta, una ventana, o una silla. Y si no salen trabajos la pasamos realmente mal”.
La mujer denunció que desde la oficina barrial de la EBY “están cobrando para entregar las bolsas de mercaderías que reciben. Deberían darnos gratis, pero se aprovechan y sacan provecho de la necesidad de la gente. Nosotros tenemos cuatro hijos y de verdad que hay que hacer magia para llenar la olla todos los días”.
En ese sentido, lamentó no poder asistir a los comedores que funcionan en el barrio, ya que dijo “no dan abasto por la cantidad de vecinos que diariamente se anotan para retirar un plato de comida”.
Largas filas
Espejos de la necesidad, cada mediodía, los dos comedores que funcionan en San Isidro desbordan de gente. En su domicilio y ayudada por su hijo, de lunes a viernes Eva Rodríguez ofrece raciones de almuerzo y merienda a cerca de 130 niños. “Desde hace once años que trabajo con el comedor, vengo de la zona del Jardín Botánico, y nunca vi una necesidad tan grande como la de acá”, expresó.
Contó que entre los niños que almuerzan en el comedor, “hay muchos desnutridos o con muy bajo peso. Pienso que desde Salud Pública deberían venir a controlar a los chicos del comedor por lo menos una vez al mes”.
Eva visibilizó que en el complejo habitacional existen familias numerosas que “viven de trabajitos que le salen por ahí, y como lo que ganan no les alcanza para nada, mandan a sus hijos al comedor”.
Alcohol y violencia familiar
El alcoholismo y la violencia familiar son otras problemáticas que marcan la realidad del barrio de afectados en San Isidro. El Segundo Jefe de la Comisaría XV, Ezequiel López, manifestó: “Creo que el hecho de que la mayoría esté o desocupado o apenas enrolado en algún plan social incide en el consumo excesivo de alcohol que se ve aquí”.
Añadió que el alcoholismo provoca a su vez un significativo incremento en la cantidad de robos y contravenciones. “Es una pena, pero por la bebida se registran muchos problemas entre vecinos, principalmente los fines de semana”, señaló López.
El año pasado, a raíz de los numerosos episodios de maltrato a mujeres y niños se conformó el grupo “Armonía”, de asistencia y ayuda a víctimas de violencia familiar, que trabaja una vez por semana en el Centro de Atención Primaria de la Salud (Caps) 33 de San Isidro.
María del Carmen Perri, responsable del centro asistencial, expresó que “es un tema muy candente, son muchas las denuncias en el barrio”; y estimó que el 80 por ciento de las víctimas son mujeres y el resto, niños.
“Aquí les brindamos contención, información y asesoramiento. Nuestras estadísticas muestran que cada vez hay más denuncias, lo cual es bueno, porque significa que se está perdiendo el miedo”, indicó.
Maquillaje
“No... ni es cielo ni es azul”, afirma el primer verso del tango “Maquillaje”, de Homero y Virgilio Expósito. Desde el barrio San Cayetano, Marcelo Troche llegó hace casi dos años al asentamiento de relocalizados de San Isidro. “El frente del barrio está maquillado por la Eby”, aseguró a Superficie.
Seguidamente, explicó que reside en una de las viviendas emplazadas frente a la Ruta 213 “y me siento realmente aislado del resto de los vecinos, porque pareciera que seleccionaron para esta parte a las familias que estaban mejor económicamente. Casi todos tienen auto y negocios, pero pasando para el fondo se ve solamente pobreza y necesidades”.
“Son dos realidades muy distintas. Sobre la ruta las familias 'bien', y al fondo los negros, para que no se note la pobreza al pasar frente al barrio. Hay un gran maquillaje en este lugar”, reiteró Troche.
También expresa el tango antes mencionado: “Mentiras... / son mentiras tu virtud, / tu amor y tu bondad (...)”.
Rezos a San Isidro
En el siglo XII, cuando niño, Illán cayó a un profundo pozo de agua. Su vida estuvo a punto de apagarse cuando su padre Isidro, con fuertes oraciones, logró que las aguas subieran y el pequeño saliera a la superficie. Por éste y otros milagros que se le atribuyen, la Iglesia Católica beatificó a Isidro en 1622.
Como Illán, pero en un hondo pozo social, las familias que habitan el complejo habitacional de la EBY ven pasar sus días en la desesperante incertidumbre de no saber qué ocurrirá mañana. A su alrededor, las aguas ya no corren, ni suben. Y los rezos, tampoco liberan de la oscuridad.
NOTAS:
1 - Tomado de “El complejo habitacional San Isidro está en plena ejecución”, viernes 23 de marzo de 2007, en www.yacyreta.org.ar
El ánimo de la mayoría de los pobladores es tan gris como el cemento que opaca las casas, las calles, la plaza, y la vida en el barrio San Isidro. Claudio Ortíz fue relocalizado junto a su esposa y cuatro hijos hace dos años. A oscuras -hace ya un mes EMSA le cortó la luz por atraso en los pagos- expresó a Superficie: “Necesitamos trabajo, porque aca todo nos queda lejos y a contramano. La EBY no nos atiende ni escucha. Toda mi vida trabajé de olero y acá no tengo posibilidades de nada”.
Observó que en San Isidro “la mayoría está sin trabajo. Yo sobrevivo con changas y con eso apenas cubro para la comida, porque para lo demás no alcanza. Mis hijos me piden útiles para la escuela y es imposible comprarles todo lo que necesitan”.
Desde hace un año, Norma Venialgo reside con su esposo y cuatro hijos en el sureño asentamiento urbano de la Capital provincial. Manifestó que desde el ente binacional “dijeron que iban a ayudarnos, mi marido es carpintero y antes de venir para acá trabajaba muy bien. Nos prometieron darnos una mano con un emprendimiento de carpintería pero al final no pasó nada”.
Contrastó que “hoy la situación es muy mala. Tenemos que salir a recorrer casa por casa para ver si alguien necesita una puerta, una ventana, o una silla. Y si no salen trabajos la pasamos realmente mal”.
La mujer denunció que desde la oficina barrial de la EBY “están cobrando para entregar las bolsas de mercaderías que reciben. Deberían darnos gratis, pero se aprovechan y sacan provecho de la necesidad de la gente. Nosotros tenemos cuatro hijos y de verdad que hay que hacer magia para llenar la olla todos los días”.
En ese sentido, lamentó no poder asistir a los comedores que funcionan en el barrio, ya que dijo “no dan abasto por la cantidad de vecinos que diariamente se anotan para retirar un plato de comida”.
Largas filas
Espejos de la necesidad, cada mediodía, los dos comedores que funcionan en San Isidro desbordan de gente. En su domicilio y ayudada por su hijo, de lunes a viernes Eva Rodríguez ofrece raciones de almuerzo y merienda a cerca de 130 niños. “Desde hace once años que trabajo con el comedor, vengo de la zona del Jardín Botánico, y nunca vi una necesidad tan grande como la de acá”, expresó.
Contó que entre los niños que almuerzan en el comedor, “hay muchos desnutridos o con muy bajo peso. Pienso que desde Salud Pública deberían venir a controlar a los chicos del comedor por lo menos una vez al mes”.
Eva visibilizó que en el complejo habitacional existen familias numerosas que “viven de trabajitos que le salen por ahí, y como lo que ganan no les alcanza para nada, mandan a sus hijos al comedor”.
Alcohol y violencia familiar
El alcoholismo y la violencia familiar son otras problemáticas que marcan la realidad del barrio de afectados en San Isidro. El Segundo Jefe de la Comisaría XV, Ezequiel López, manifestó: “Creo que el hecho de que la mayoría esté o desocupado o apenas enrolado en algún plan social incide en el consumo excesivo de alcohol que se ve aquí”.
Añadió que el alcoholismo provoca a su vez un significativo incremento en la cantidad de robos y contravenciones. “Es una pena, pero por la bebida se registran muchos problemas entre vecinos, principalmente los fines de semana”, señaló López.
El año pasado, a raíz de los numerosos episodios de maltrato a mujeres y niños se conformó el grupo “Armonía”, de asistencia y ayuda a víctimas de violencia familiar, que trabaja una vez por semana en el Centro de Atención Primaria de la Salud (Caps) 33 de San Isidro.
María del Carmen Perri, responsable del centro asistencial, expresó que “es un tema muy candente, son muchas las denuncias en el barrio”; y estimó que el 80 por ciento de las víctimas son mujeres y el resto, niños.
“Aquí les brindamos contención, información y asesoramiento. Nuestras estadísticas muestran que cada vez hay más denuncias, lo cual es bueno, porque significa que se está perdiendo el miedo”, indicó.
Maquillaje
“No... ni es cielo ni es azul”, afirma el primer verso del tango “Maquillaje”, de Homero y Virgilio Expósito. Desde el barrio San Cayetano, Marcelo Troche llegó hace casi dos años al asentamiento de relocalizados de San Isidro. “El frente del barrio está maquillado por la Eby”, aseguró a Superficie.
Seguidamente, explicó que reside en una de las viviendas emplazadas frente a la Ruta 213 “y me siento realmente aislado del resto de los vecinos, porque pareciera que seleccionaron para esta parte a las familias que estaban mejor económicamente. Casi todos tienen auto y negocios, pero pasando para el fondo se ve solamente pobreza y necesidades”.
“Son dos realidades muy distintas. Sobre la ruta las familias 'bien', y al fondo los negros, para que no se note la pobreza al pasar frente al barrio. Hay un gran maquillaje en este lugar”, reiteró Troche.
También expresa el tango antes mencionado: “Mentiras... / son mentiras tu virtud, / tu amor y tu bondad (...)”.
Rezos a San Isidro
En el siglo XII, cuando niño, Illán cayó a un profundo pozo de agua. Su vida estuvo a punto de apagarse cuando su padre Isidro, con fuertes oraciones, logró que las aguas subieran y el pequeño saliera a la superficie. Por éste y otros milagros que se le atribuyen, la Iglesia Católica beatificó a Isidro en 1622.
Como Illán, pero en un hondo pozo social, las familias que habitan el complejo habitacional de la EBY ven pasar sus días en la desesperante incertidumbre de no saber qué ocurrirá mañana. A su alrededor, las aguas ya no corren, ni suben. Y los rezos, tampoco liberan de la oscuridad.
NOTAS:
1 - Tomado de “El complejo habitacional San Isidro está en plena ejecución”, viernes 23 de marzo de 2007, en www.yacyreta.org.ar

