La invasión y los niños, otra página en la agresión a Tekoa Alecrín


“La Justicia es como las serpientes,
solo muerde a los descalzos”
Eduardo Galeano


Cuando un cuerpo sufre un impacto en cualquiera de  sus partes  todo el organismo, de una forma  o de otra, responde. Una  Comunidad Mbya no es simplemente un conjunto de  personas sino mucho más que eso, es una integridad, en consecuencia los niños no están ajenos a lo que  en ella sucede. Así la intrusión, bendecida desde algún punto de poder, ha conmocionado la vida comunitaria provocando temor y nerviosismo en los niños que viven en ella.
        
Gritos, armas, amenazas, corridas, presencia policial, autoridades comunitarias que se  reúnen con urgencia, olor a violencia en el aire, no es el ambiente en que se desarrolla la vida de los niños y niñas de una Comunidad. Hoy la inseguridad y el temor entraron en sus vidas. Mientras la “Señora de los ojos vendados”, en este caso, se toma su tiempo en la comodidad de los despachos.

Hasta hace apenas un mes, el único conflicto que enfrentaba la Comunidad de Alecrín era con la Empresa Harriet, primer intruso en sus tierras,  hoy casi cien individuos, no familias, irrumpieron con violencia e impunidad en el territorio comunitario metiéndose entre sus casas, arruinando sus espacios, robando  el maíz y rompiendo  sus huertas, distorsionando sus vidas. Otra vez una violencia desconocida golpea a los indígenas, esos “nuestros  hermanos guaraní” tan mencionados en los discursos.

Las pulseadas políticas entre los grandes tienen como resultado que las fichas  de un lado del tablero son los que menos posibilidades tienen de ser  escuchados y, del otro, aquellos que  creen que obtendrán algo sin importarles a quien atacan, y son solo una herramienta momentáneamente útil del poder y el capital. Cuando los poderosos hayan logrado lo que buscaban y limado sus asperezas, sentados con un cigarro verán como  se deshacen del material usado, hasta la próxima campaña.

Mientras tanto los niños y niñas temen salir de sus casas o separarse de  sus padres porque a  su alrededor circulan una cantidad de extraños que gritan, amenazan e insultan. Sin duda  mañana o pasado los intrusos  deberán abandonar el predio invadido, lo saben, solo están allí para presionar políticamente a alguien,  pero el daño a los pequeños es irreversible.
En el país del Bicentenario la justicia es rápida solo para algunos.


Fuente: Equipo Misiones de Pastoral Aborigen (EMiPA)
Fecha de publicación: 15 de febrero de 2012

Foto: Vasco Baigorri
La invasión y los niños, otra página en la agresión a Tekoa Alecrín
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