Presos políticos torturados en la Casa de Gobierno, en la Primera y en el Savoy

Historia / Por Javier Arguindegui (*)
El caso de los hermanos Lombardero conmovió a Misiones en 1953.
Contexto histórico
El 28 de Septiembre de 1951 el general de caballería Benjamín Menéndez lideró una asonada antiperonista cuando faltaba un mes y medio para los comicios nacionales. Sin mayor importancia operativa, la conspiración contó con el apoyo de un capitán desconocido por entonces: Alejandro Agustín Lanusse. El 15 de abril de 1953, en el marco de una concentración en su apoyo – Perón había amenazado con irse, en un discurso radial - organizada por la CGT estallaron dos bombas, una en el hall de un hotel sobre Plaza de Mayo, y otra en una estación de subterráneos. Esa misma noche los incendios iluminaron Buenos Aires y explicitaban tanto la indignación de un pueblo, como la acentuación de un odio que fracturaría severamente la sociedad argentina cuyo colofón sería el alevoso bombardeo de la Plaza de Mayo el 16 de Junio de 1955. El famoso discurso de Perón del 31 de agosto pre anunciaba que el enfrentamiento definitivo se acercaba. El golpe iniciado en Córdoba y en Puerto Belgrano, el 18 de septiembre de 1955, culminó el lunes 19 con la renuncia de Perón. El segundo mandato peronista terminaba por decisión del presidente para ahorrar sangre argentina. Un cuarto de siglo antes Hipólito Irigoyen había tomado una decisión similar.
El libro Los Torturadores, de Raúl Lamas, publicado en 1956, describe crímenes y tormentos en las cárceles argentinas, llevados a cabo entre 1947 y 1953, y se adicionan testimonios y expedientes. En la mayoría de los casos las razzias, por panfleteadas y por atentados con explosivos, arrastraron obreros y sindicalistas opositores al régimen peronista. Se los ubica en Venado Tuerto, Avellaneda, La Plata, Olmos, Florida, Boulogne… y Posadas.
Los hermanos Lombardero
El 5 de junio de 1953, Aldo Lombardero fue detenido en Posadas por un pelotón especializado de la Policía Federal que había arribado imprevistamente a la capital misionera. Encarcelado, Lombardero fue torturado para conocer el paradero de su hermano Horacio, que se encontraba en Encarnación, sindicado como partícipe de los atentados de abril del mismo año.
En Casa de Gobierno
Trasladado a la Casa de Gobierno lo encerraron con “Aguilera, García, el Vasco y el Doctor que lo obligaron a desnudarse y a acostase sobre una mesa boca arriba. Recubrieron sus muñecas y tobillos con tubos de goma, y fue atado por sus extremidades. Aquello era la antesala de la tortura con la picana eléctrica que le aplicaría enseguida el Vasco, primero en los labios para que no gritara, y luego en genitales y piernas. “Me recomendaron que no hiciera lío en Encarnación cuando fueran a buscar a mi hermano”.
Supo que habían tomado a un tercer hermano, Miguel, en calidad de rehén.
Al Hotel Suizo
Del puerto posadeño cruzaron a Encarnación en lancha. Llegaron al Hotel Suizo donde se encontraba Horacio Lombardero. Allí surgió la voz del derecho en boca de un comandante paraguayo y de un obrero que reclamaron, infructuosamente, a la comitiva policial que aquello no era una provincia argentina. De regreso en Posadas los hermanos Lombardero fueron trasladados a la Gobernación por segunda vez.
En la Comisaría 1ª
Por orden de Cardoso fue trasladado a la Comisaría 1° para otra sesión de tortura. Se requería de Lombardero el lugar de las armas escondidas que supuestamente habían ingresado del Paraguay partidarios radicales. Aturdido, Lombardero nombró personas que no conocía y exhausto confesó bajo tal presión que las armas estaban en la casa del ingeniero Malvicino, su socio, e indicó el sótano y terminó su suplicio.
Malvicino
A la medianoche en la comisaría Malvicino negaba al principio y luego de ser torturado fue forzado a dictar una falsa declaración. A la tortura de la sed se unía entonces, en Lombardero la de orden moral. “Ante aquel sadismo cualquiera hubiese acusado a cualquiera. Me atormentaba pensar en las personas que había nombrado, no pensaba en mi situación y tomé una decisión”. Lombardero intentó suicidarse cortándose las venas, pero fue curado y trasladado a Buenos Aires, a la sección Orden Político, y de allí a la Penitenciaría, donde informó sobre las torturas sufridas.
En el Savoy
Su hermano Horacio fue igualmente torturado, hasta que la visita del juez Roberto Pettinato obligó a los torturadores a esconder la valija que contenía la patética picana y que Horacio según aseguraba en su declaración, había visto antes en el Hotel Savoy. Fue trasladado a la Penitenciaría de Buenos Aires y puesto a disposición de la justicia.
No es preciso aclarar que esta no tuvo otra ingerencia que la formulista, corriente en esos casos, sin constituir el elemento de protección del orden jurídico que debió ser.
Cobertura de El Territorio
El diario cubrió estos sucesos de 1953 con un particular seguimiento desde las detenciones de junio a la amnistía de diciembre.
El 5 de junio alertó sobre el procedimiento policial efectuado en Posadas, y el 8 que los detenidos estaban a disposición del Poder Ejecutivo.
El 9 de junio se publicó la presentación escrita por el Colegio de Abogados de Misiones ante el juez Pedro Warenycia. La misma exigía “la mayor diligencia para esclarecer los acontecimientos con relación a los malos tratos y torturas sufridos por los hermanos Lombardero y el ingeniero Malvicino, en defensa de las garantías individuales.
El 10 y el 16 de junio se publicaron detalles vertidos por la Policía Federal de las detenciones llevadas a cabo en todo el país y de los atentados del 15 de abril del mismo año. Se describen en la nota traslados, plan de actividades ilícitas de la organización.
El 1 y el 3 de julio se publican sendos pedidos de informes y liberación de los presos políticos, emitido por el Partido Demócrata ante el ministro Ángel Borlenghi.
En septiembre la solicitud de amplia amnistía y del levantamiento del estado de guerra impuesto por el gobierno, como medidas pacificadoras en la que no quedasen “ni vencidos ni vencedores”
El 19 de diciembre se convirtió en ley el proyecto de amnistía iniciado el 15. Finalmente los presos políticos recuperaron su libertad en la navidad de 1953.
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El artículo 29 de la Constitución argentina, expresa que nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormentos y los azotes. Las cárceles serán sanas y limpias, toda medida que a pretexto de precaución, conduzca a mortificar al detenido más allá de lo que la seguridad exija, hará responsable al juez o funcionario que la autorice.
El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Son 11 artículos, el quinto expresamente indica “que nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes”.
Hacia 1930, derrocado Irigoyen por Uriburu, la sección Orden Social y Político, ubicada en el Departamento de Policía estaba a cargo del comisario Garibotto y Leopoldo Lugones alias “Polito”, el esmirriado vástago de don Leopoldo que utilizaba su mente para concebir sistemas de martirio que ponía en práctica en los sótanos de la Penitenciaría Nacional, con el auspicio del doctor Viñas, nuestro Mengele. Polito, era sádico con alma de verdugo, según descripciones del periodista Leonardo Tuso, del semanario Atlántida. La picana eléctrica, instaurada por él, sería institucionalizada en 1934, cuando el general Agustín P. Justo, autorizó la creación de una "Sección Especial" destinada a aplicar torturas a detenidos de diversas ideologías políticas.
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“Hay gentes como los tigres, ávidos de la sangre que pueden lamer. Los que tienen tal temperamento no pueden resistir jamás a sus deseos, a su sed de sensaciones extrañas. La tiranía es una costumbre susceptible de convertirse a la larga en una enfermedad. Estoy seguro de que el hombre más bueno puede pervertirse y embrutecerse hasta el punto de parecer una fiera. La sangre tiene el poder de embriagar y favorecer el desarrollo de la dureza del corazón. El espíritu y la razón son entonces accesibles a los fenómenos más anormales, que parecen goces inefables… y entonces se hace de todo punto imposible la vuelta a la dignidad humana, al arrepentimiento, a la resurrección moral. Añadamos que la posibilidad de tal licencia obra de un modo contagioso sobre la sociedad entera. La sociedad que mira estas cosas con indiferencia está ya podrida hasta la médula…
Y nosotros aspiramos precisamente a turbar esa falta de preocupación por un fenómeno que arraiga muy lejos, a lo largo de los siglos, y que perdura, como un morbo incurable, manchando sistemas de gobierno, regímenes aparentemente inspirados en los anhelos populares y hasta los terrenales desvíos de las religiones que invocan la verdad y el bien como sus virtudes cardinales.
La Historia de las ideas, aún de aquellas que perviven por su poder moral, está jalonada por hitos de dolor, al pie de los cuales cayeron no sólo heréticos, apóstatas y rebeldes, sino también millares y millares que nunca levantarían su voz contra nada ni nadie, aún bajo el peso de la más asfixiante y angustiosa opresión”. (Fedor Dostoiewsky, “Presidio de Siberia”)
(*) Periodista y escritor. Colaboración especial para Revista Superficie.
Foto: Los hermanos Luis Amadeo y Juan Carlos Cardoso, anduvieron por Posadas.
(Gentileza La Nación)

