La lucha por la tierra en Puerto Piray. Charla con Raúl Gorriti


Por Sebastián Korol (*)

Decididas a luchar por la expropiación de tierras a la transnacional chilena Alto Paraná S.A. para el cultivo de alimentos, cerca de doscientas familias campesinas de Puerto Piray “Kilómetros” conformaron hace cinco años la organización Productores Independientes de  Piray (PIP).

Es sábado, 8 de la mañana, día de reunión “por tema tierras”. Nos disponemos a visitarlos. El encuentro está previsto para las 9, en el salón de PIP. En la terminal de Eldorado nos espera alguien que acompaña a los colonos de Piray desde el inicio: el Ingeniero Agrónomo Raúl Gorriti, técnico de la Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación, y delegado de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).

Compartiremos con él un viaje de treinta minutos, que pasarán rápido, entre la charla y el mate. En el camino nos irá mostrando y explicando las gravísimas problemáticas locales derivadas de la presencia y accionar de la corporación forestal.

“Nosotros estamos trabajando junto a estas familias precisamente en donde estamos, en la colonia, en la zona rural del municipio de Puerto Piray”, comienza. Se trata de un proyecto relacionado al uso de las tierras que reclaman los vecinos. “Nuestro aporte se da en la producción de horticultura y fruticultura y todo lo que es animales de granja. Pero no podemos avanzar con la superficie que la gente tiene hoy. No podemos avanzar en un proyecto de agricultura familiar con menos de media hectárea, que es lo que tienen actualmente”.

Transitamos un dificultoso camino de tierra. Gorriti nos señala el fondo de los terrenos de las familias campesinas. Un ejército de árboles de color uniforme, delgados y altos marca la línea divisoria entre la empresa y los colonos.


“El momento es ahora”

En marzo de este año la empresa chilena cosechó los pinos de la zona Piray "Kilómetros", que tenían gran altura, e hizo tala rasa.

Expresa Raúl:

“Entonces los colonos, que venían reclamando esas tierras desde hacía cinco años, dicen ‘no vamos a esperar otra vez quince años, el momento es ahora’. Y es ahí cuando vinieron y como medida de acción directa bloquearon la entrada y salida de los camiones, en el límite, porque como ustedes ven, son 70 metros de fondo, donde cultivan frutas, verduras, tienen sus huertas, sus gallinas, sus chanchitos; efectivamente este pedacito de tierra no alcanza para sostener la agricultura familiar campesina”.

La policía no tardó en llegar. Hubo intimidaciones, amenazas de desalojo violento. Todo fue filmado por los vecinos.

Luego se abrió una mesa de diálogo, entre el gobierno provincial, el gobierno municipal, y los productores. El gobierno provincial propuso que se libere la salida de camiones y maquinarias de Alto Paraná, a condición de que la empresa no eche veneno ni plante pino. Ambas partes aceptaron.

“Finalmente la gente salió de estos lugares, pero la empresa echó veneno y plantó pino”.

Como nuevas muestras de la judicialización de la protesta social en Misiones, tras la medida de fuerza  la justicia abrió causas por supuesta usurpación a dos campesinos y un técnico de la Subsecretaría de Agricultura Familiar.

La mesa de diálogo quedó en la nada. Alto Paraná se negó abiertamente a ceder tierras, y el gobierno provincial se quedó de brazos cruzados.

Por la tierra, para alimentos


El reclamo de los pobladores es que los pinos sean retirados mil metros al fondo, para que todas esas tierras se habiliten para el cultivo de alimentos.


Según el mapa productivo nacional, Piray Kilómetros es considerada como “zona forestal”. La definición impide la soberanía alimentaria de las comunidades locales.

“Estas doscientas familias están privadas de producir para las localidades cercanas como Montecarlo, Puerto Piray y Eldorado, en donde deben haber por lo menos 150 mil habitantes. En estos lugares, donde ahora hay herbicidas y pinos, se podría producir para el consumo de estas tres localidades”, observa Gorriti.

Comenta desde dónde esos municipios se abastecen de productos hortícolas: “Entran los camiones con zapallitos de Brasil, se van a Buenos Aires, vuelven, cuando todo se podría producir aquí. Acá (señala el fondo de las viviendas de los productores) hay aproximadamente mil hectáreas, que podrían llegar a producir frutas, verduras, carne. Y también se podrían recuperar los arroyos, porque hay plantaciones hasta los bordes de los arroyos, lo que está denunciado desde 2002. Hasta el intendente lo denunció oportunamente. Acá lo vemos, con mucha impotencia. Todas las posibilidades, pero todo paralizado por el pino”.

Arsenal

El uso indiscriminado de agrotóxicos en proximidades de la comunidad es otra preocupación entre los productores.

“El Ministerio de Ecología -en estas mesas de diálogo estaba un funcionario justamente del área que ellos dicen agroquímicos, -que nosotros decimos agrotóxicos-, dice que Alto Paraná no infringe ninguna Ley ambiental. Y claro, el glifosato está permitido por el Ministerio de Agricultura de la Nación, y desde ese punto de vista es razonable. Efectivamente no incumple con ninguna ley ambiental. El problema es ver cuáles son las leyes ambientales que tenemos. Siempre están a favor de las grandes empresas. Por eso, a nosotros nos parecen promisorios los fallos de San Jorge y La Leonesa, en el Chaco. Si esa jurisprudencia se hubiera aplicado acá no se habría echado veneno en ninguna parte, porque hasta el arroyo son mil metros. Lamentablemente todavía no es así”.

Acota Gorriti: “hay efectos de enfermedades crónicas, como cánceres y un sinnúmero de enfermedades que la gente padece; pero como es gente pobre no pueden demostrarlo, no tienen elementos ni los medios para ejercer esos derechos, para demandarlos en la justicia, porque tienen que ‘probar’ que fueron los agrotóxicos los que les enfermaron, lo que finalmente lleva a que la gente desista. Hay muchos casos de enfermedades. Son enfermedades crónicas que tampoco la medicina lo vincula al ambiente, sino que dice ‘bueno, la persona de repente se enfermó y vaya a saber porqué’.”

La mezcla de herbicidas utilizada por Alto Paraná en los pinales se conoce como “Arsenal”. Es una explosiva combinación de glifosato con otros tóxicos que elimina todo, excepto el pino.
En épocas de fumigación, llegan cuadrillas con cientos de hombres que en pocas horas riegan con venenos la tierra.

“Por esa razón, hubo que presentar un recurso de amparo para evitar que esto siguiera ocurriendo. Efectivamente con un recurso de amparo presentado por un municipio y un Juez que se ponga los pantalones se pararía esto. O sea, desde el punto de vista legal, de las leyes y la propiedad privada ‘no se puede coartar la libre empresa’, pero cuando hay decisión política sí se puede”.



Concentración

Oficialmente, la empresa Alto Paraná es propietaria de 230 mil hectáreas en Misiones. Pero a esa cantidad deben sumarse los territorios explotados por medio de testaferros, arrendamientos de tierra y otros tipos de manejo, con lo que la firma supera las 280 mil hectáreas: el 10 por ciento de la superficie total de la provincia.

El municipio de Puerto Piray cuenta con 36 mil hectáreas. Allí, la empresa Alto Paraná posee 22.500 hectáreas, el 63 por ciento de la superficie.

Otros municipios fuertemente afectados por la concentración y extranjerización de tierras para el monocultivo de pino son: Puerto Libertad –donde la corporación es propietaria del 80 por ciento de la tierra-, Wanda, Esperanza, Colonia Delicia, Victoria, Montecarlo y Eldorado.

Expulsión y desempleo


Raúl Gorriti analiza que el modelo forestal expulsa definitivamente de la zona a cada vez más familias, por la imposibilidad de producir en las chacras, y de conseguir un trabajo en el pueblo.

Desde hace algunos años, Alto Paraná S.A. utiliza para la cosecha del pino una moderna máquina conocida como “procesadora”. Cada una de éstas reemplazó el trabajo de ochenta motosierristas, más los ayudantes que acarreaban la producción.

 “Efectivamente, ésta es una empresa privada ‘eficiente’ en la producción de pasta de papel y madera para aserrío, y es lo que dicen constantemente los técnicos, y que generan puestos de trabajo. Pero lo que me parece que sería bueno poner en discusión es cuáles son las concepciones de desarrollo de las cuales estamos hablando. Según la empresa, y el sistema que los apoya, la concepción de desarrollo es la generación de riquezas. Sin preguntar: riquezas para quién ni riqueza costa de qué. Los vecinos denuncian constantemente que esa generación de riqueza queda en pocas manos, de empresas transnacionales, y a costa del desastre ambiental. Alto Paraná dice ‘damos trabajo’, pero en definitiva lo que estamos observando es que emplea cada vez menos mano de obra. Lo estamos viendo en Puerto Bosetti con el cierre del aserradero, el despido de los motosierristas justamente, que antes trabajaban y que ahora están siendo reemplazados por estas maquinarias, que desde el punto de vista capitalista son muy ‘eficientes’.”



Proyectos trabados

Cuenta Raúl que como técnicos de la Subsecretaría de Agricultura Familiar de la Nación, han presentado al Subsecretario de Tierras de Misiones, Jaime Ledesma, un proyecto en relación al uso de las tierras que reclaman los vecinos. “El proyecto está orientado a la producción de horticultura y fruticultura y animales de granja. Pero no podemos avanzar con la superficie que la gente tiene actualmente. No podemos avanzar en un proyecto de agricultura familiar con menos de media hectárea, que es lo que tienen actualmente. Por eso nos parece pertinente y apoyamos el reclamo de la gente en relación a que se habiliten estas tierras, en actual uso forestal, para la agricultura familiar”.

La intención es abastecer primero a la comunidad local, pero también a los municipios de Montecarlo, Puerto Piray y Eldorado, que cuentan con aproximadamente 120 mil habitantes. "Por lo tanto, nos parece que contribuye al desarrollo local. En vez del actual modelo, que trae todos esos productos para consumo masivo del sur: Posadas, Mar del Plata, Mendoza, y otras zonas del país. Que eso, en vez de venir de otros lados se produzca acá, que genere trabajo, genuino, y acorde a la cultura que tienen los pobladores, que son campesinos. Ellos saben cómo hacerlo, nosotros lo que hacemos es tratar de apoyar desde el punto de vista técnico lo que la gente ya sabe. Pero llega un punto que es el techo, y es la necesidad de tierras. Y ese es el conflicto. En definitiva, es un conflicto que se plantea también a nivel provincial, que es, por un lado una provincia de base agraria con gente que vive en sus comunidades, que cría a sus hijo y nietos en sus comunidades, una provincia de base agraria con gente; y por otro lado, una provincia con un modelo foresto industrial en gran escala, turística y de desarrollo energético a partir de las represas”.

Son los dos modelos en pugna, que están actualmente en conflicto. "Nosotros, como trabajadores de la agricultura familiar, estamos claramente a favor de una provincia agraria, con miles de chacras, y gente que pueda criar sus hijos y ver criar sus nietos en este lugar; en vez de que queden en este lugar las poblaciones de mayores edades y los hijos tengan que migrar hacia los grandes centros urbanos. Eso es lo que no queremos porque vemos que la gente lo sufre. La gente sigue organizada, sabe que la pelea es muy dura, y que la lucha por la tierra es muy difícil. Pero siguen organizados y sumando fuerzas con otras organizaciones, que también están peleando por la tierra”.

Raúl avisa que estamos llegando. Estacionamos frente a un salón amplio con ladrillos a la vista. Un cartel blanco con letras rojas anuncia: PRODUCTORES INDEPENDIENTES DE PIRAY. Aguardan afuera decenas de mujeres y algunos hombres. Sobre una larga mesa de madera se observan equipos de mate y platos con chipas “cuerito”. Está todo preparado para que comience la reunión.



(*) Co-director de revista superficie.

Fecha de publicación: Sábado 5 de noviembre de 2011.
Imágenes: Nicolás Amadío





La lucha por la tierra en Puerto Piray. Charla con Raúl Gorriti
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