Claudia Acuña: “Para hacer la revolución, también hay que cambiar los modos de producción de la noticia”

 
 Entrevista / Por Sebastián Korol
 
Existen “otras argentinas”, más allá de la que resplandece en 678, o la que se incendia en TN. Luchas, resistencias, victorias y derrotas, que no tienen lugar en las agendas de Página/12 ni Clarín. Afortunadamente, también existen otros comunicadores sociales que las cuentan, visibilizan, sienten y acompañan.

Cinco de la tarde. Café-bar cultural MU. Punto de encuentro (Hipólito Yrigoyen al 1400, Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Empanada y gaseosa: seis pesos. A mi lado se encuentra la profesora y periodista -misionera- Claudia Acuña, miembro fundadora de la Cooperativa de Comunicación La Vaca, organización parida en plena crisis neoliberal de principios de siglo, con la convicción y necesidad de generar herramientas, vínculos y saberes que fortalezcan la autonomía de las personas y sus organizaciones sociales.

La iluminación es tenue. A nuestra derecha, una biblioteca de lavaca editora propone títulos como “Territorios en resistencia”, “Generación Cromañón” o “Argentina originaria”. A la izquierda, sobresale un cuadro que muestra a tres niños en posición de crucifixión, de la impactante muestra itinerante “Ningún pibe nace para chorro”. En el aire vibra un pegadizo candombe instrumental. Al fondo, aguarda un escenario todavía vacío, pero con instrumentos afinados.

La charla se extenderá por cincuenta minutos. Hablaremos de su infancia en Misiones, las influencias de la cultura Mbya Guaraní en su práctica profesional, sus inicios en la Comunicación Social, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y el periodismo actual, el kirchnerismo, y por supuesto: la experiencia del colectivo La Vaca.

Como una paráfrasis involuntaria del clásico chamamé de Alcibiades Alarcón, Claudia se presenta expresando que “no solamente me siento misionera, sino me siento guaraní, mi raíz es esa”. Y agrega que se siente “hija de una época, de una sensibilidad”.

“Decía el viejito Marx que si vos cambiabas los modos de producción estaba todo, ¡hacías la revolución! Entonces nos pusimos a ver cómo cambiar los modos de producción... de la noticia. Y empezamos a cuestionarnos todo”, recuerda sobre los orígenes de La Vaca.

Acuña define al kirchnerismo como “una curiosidad periodística interesante. Es la expresión de un deseo, de un sector social que a mi entender no es lo que llamamos ‘pueblo’ -entendido como las clases más bajas- sino es que es un fenómeno mas urbano, de clase media, lo que podríamos llamar -vaya paradoja- ‘el lector de Clarín’. ”

- ¿Misionera?

- Totalmente, y no solamente me siento misionera, sino que me siento también guaraní, mi raíz cultural es esa, el lugar donde siento expresada mi sensibilibilidad, es absolutamente así. Mi abuela, que ejerció una gran influencia sobre mí, era una persona muy apegada y aferrada a la cultura guaraní, hablaba solo guaraní. Tengo la desgracia de que no lo aprendí... pero mis padres y mis tíos se comunicaban en esa lengua.

Y además, toda la sensibilidad y la intuición, que tanto me ayudaron en mi profesión periodística- que otros dirán que es el “olfato periodístico”-, esa intuición que permite leer tu época, y esa sensibilidad suficiente pare entender tu momento histórico, es algo que sin dudas me viene de ahí. Así que para mi profesión ha sido muy útil aferrarme a esa cultura.

Además, desde el lado de lo femenino, la cultura guaraní también fue para mí un modelo muy inspirador, porque hay un estilo de poder que es mucho más autorizante para una mujer que en el estilo occidental y cristiano, ya que  permite que la investidura de tu autoridad nunca esté dada por las formas, sino por cómo conservar las vidas. Eso es muy interesante también para aplicarlo a otros aspectos.

Y entender a la producción como una forma de relación con el mundo. Ellos lo expresan como con la naturaleza, pero nosotros podemos “occidentalizarlo” y decir: vos con tu época, vos con tu mundo, y ahí hay una relación. En esa relación, en todo caso está en conflicto quién la media, puede permitir entender el medio no como una forma de medicación entre las personas y su mundo y su época, sino como una forma de comunicación, lo cual es muy diferente, aunque parezcan sinónimos.

Por otra parte, está el valor de las palabras. El entender la sutileza de la palabra, cuando más estudio la cultura guaraní, más lo vinculo con la comunicación, que es mi pasión, la única manera que tengo de ganarme la vida, y además lo que me gusta.

Mi padre es de Oro Verde, pero yo nací en Posadas, fue el lugar donde finalmente me anotaron, pero me crié en Buenos Aires, porque ya venía el aluvión zoológico peronista, fui parte de esa realidad histórica. Mis abuelos venían de Paraguay, pero en el lado misionero criaron a toda su familia, moviéndose siempre al lado de la cosecha. O sea que mis padres y mis tíos nacieron en pueblos diferentes, porque dependía de dónde estaba el trabajo. Yo me fui acercando cada vez más a lo que  fue la desterritorialización que significó el peronismo para nuestra familia. En fín, mi cultura es la cultura del inmigrante de allá.

- ¿Cuándo y cómo fue despertando en vos el interés por la comunicación social?

- Mi familia siempre estuvo muy marcada por el peronismo, y por eso fue muy perseguida por la dictadura gorila. Yo empecé a militar en los 70, pero como era "rebelde", era trotskista. No podía ser de otra manera, con 13 años, una efervescencia muy fuerte, ya era dirigente juvenil. La dictadura militar me encontró convertida en una militante social, primero en un partido y después con los Derechos Humanos.

La militancia la practicaba en zonas que no tienen nada que ver con lo que son los organismos, pero los conozco a todos desde aquella época, incluso antes de que se dividan y se peleen, y en las zonas pobres obreras, que son muchas veces, ignoradas por las organizaciones de Derechos Humanos -porque también es bastante clasista la defensa de los Derechos Humanos, siempre se lo asocia mas con el militante universitario que con el obrero delegado.

Yo estaba en La Matanza y ahí hubo una represión muy fuerte en las comisiones internas, yo iba a colegios nocturnos y casi topos trabajábamos durante el día en fábricas, entonces llevarse desde ahí a la gente tuve que estar, mi madre fue delegada gremial, luego tuvimos que huir y malvivir, porque nadie podía conseguir trabajo formal.

En ese recicle, yo descubro el periodismo, que fue como mi tercera vida. Tenía 24 años y ya estaba naciendo por tercera vez. Empecé a estudiar periodismo y muy rápidamente entré a trabajar en periodismo. Fue apenas tres meses antes de la guerra de Malvinas, o sea, cinco minutos antes de la caída del régimen.

Cuando empecé en esto, te confieso que no conocía a Rodolfo Walsh, era bruta, no había terminado el secundario, era una persona formada a partir de la vocación. Soy el antimodelo. Terminé el secundario rindiendo libre en tres fechas y ahí empecé a estudiar periodismo, para mi la secundaria fue un trámite para empezar a estudiar, e inmediatamente empecé a trabajar. De alguna manera, en esa época tenías que ocultar que eras universitario, porque era mal visto.

- ¿Qué implica ejercer el periodismo hoy?

- Es gracioso, porque yo doy clases en los posgrados ahora pero en realidad mi formación es callejera. Creo que nunca el oficio fue visto como el resultado de una formación. Yo aprendí, soy hija, de una época de sensibilidad. Quizás ahora nos toque el turno de poner eso en balance, porque se desbalanceó.

Creo que se formó a una generación, la que nació en democracia, en la derrota, en la claudicación ética, en lo posible, y no en lo imposible, en el sentido de valor.

Cuando se reabrió comunicación en la UBA, fui de las primeras docentes, o sea que no estoy afuera del problema, soy parte del problema, de una generación de profesores que enseñamos mal.

Si la academia rebaja la formación profesional a la medida del mercado va a ser siempre muy pobre, porque el mercado es muy pobre, muy animal. Entonces, hoy en día, tenemos que recuperar la dimensión social del periodismo. Lamentablemente, academia está de espaldas a ese proyecto. Es algo que veo con mucho dolor.

Particularmente, soy una persona que trata de formarse todo el tiempo, porque creo que dar clase, es estudiar. Yo me propongo un tema, lo investigo, lo analizo junto con el grupo que me toca, entonces es un placer y aprendo mucho dando clases. Y es mi espacio de formación desde hace diez años.

Así que para mí es una fiesta, y creo que también es una fiesta para el que lo recibe, porque ver a un docente motivado, que investiga, que permanentemente esta leyendo, investigando, estudiando con el grupo es algo muy poco habitual, que debería serlo, desde Aristóteles para acá los griegos nos enseñaron que enseñar no es mas que aprender “junto con”.

Me gusta recuperar ese espíritu, así que yo diría que todo el tiempo que le dedico a la docencia es tiempo que le dedico a la formación, y eso hace que lo haga con mucho placer, porque es como “mi tiempo”, para nutrirme, de esparcimiento, de privilegio, yo me siento rica, que alguien se siente con libro a pensar sobre lo que pasa, para mi es un lujo.

Ahora, que ese espacio, que para mi es un privilegio, no se use para la reflexión critica me parece que es una "hijaputez", va en contra de todas mis utopías, porque yo soy de las que creen que si todo el mundo come, tiene acceso a la salud y a la educación, van a ser buenas personas, van a ser mejores personas. Ahora, si una persona que tiene todo eso lo usa para ser conformista o para justificar la injusticia me parece tremendo, es mi enemigo, porque así no se construye otro futuro.

- ¿Cómo nació la cooperativa La Vaca?

 Veíamos agotado el periodismo comercial, y teníamos ahí un lugar de responsabilidad. Entonces le propongo a un grupo de gente con el que habitualmente trabajaba formar un grupo para pensar qué era lo que estaba pasando, que evidentemente había un cambio de paradigma muy grande en la comunicación, que por un lado estábamos bailando en el Titanic, pero que por otro lado ¡aleluya, que se hunda el Titanic!, porque era una porquería lo que se había armado hasta ahí.
Queríamos ser parte de lo nuevo, de lo que viniese. Fue de alguna manera una intuición. Esto fue en abril de 2001, en diciembre nos encontró donde teníamos que estar: en la calle. Muy atentos. Y tuvimos la fortuna de leer lo correcto, en vez de ir atrás de las asambleas barriales, que a mucha gente les había fascinado, fuimos atrás de un fenómeno menos atractivo, pero que a nosotros nos fascinó que eran las fábricas recuperadas.

Y ahí lo que encontramos de interesante es que era gente inventando nuevas formas de hacer y administrar la creación colectiva. Entonces dijimos “ay, acá hay alguien que está preguntando por las formas de producción”. ¿Y cómo hacemos para aplicar esas nuevas formas de producción a nuevas formas de producción de la noticia?. Hicimos un análisis de la gestión, porque si vos cambiabas los modos de producción -decía el viejito Marx- estaba todo, ¡hacías la revolución!

Entonces nos pusimos a ver cómo cambiar los modos de producción… de la noticia. Porque para hacer la revolución, también hay que cambiar los modos de producción de la noticia… Y ahí empezamos a cuestionarnos todo. La hipótesis de qué pasaba con firmar las notas, porqué, qué construía el ego de un periodista, qué había construido el ego de un periodista, qué había construido la omnipotencia, qué significaba crear una voz colectiva... no fue fácil, lo que te puedo asegurar es que fue muy divertido, porque era como un parque de diversiones, este país en los últimos diez años, para un periodista fue un picnic…

Ahora bien, apagamos la televisión. Yo no miro la televisión, no escucho la radio ni miro un noticiero, porque si te sintonizas con eso no podés hacer periodismo, eso es hacer propaganda, porque te fijan una serie de temas como importantes cuando no lo son. No tienen ninguna importancia en la realidad. Entonces, desenchufas Macri, y vivís como en Macri: pobre, más humilde, pero más real.

Ninguna lectura de la realidad depende de que nosotros miremos Crónica TV. Para nosotros, éste es nuestro noticiero (señala la calle). No hay quien te pague la experiencia de saber leer tu época. En tu cuerpo va a quedar eso toda la vida, impregnado, eso es el posgrado que tenés que hacer.
Por lo menos desestructuradamnete, MU es un intento en ese sentido. No hay una sola forma de hacer periodismo. Para nosotros, el laburo que hacemos es muy influyente, a nosotros nos lee el mundo, ¿cómo puede ser que seamos perdedores?

Fijate página/12, sus periodistas están totalmente desmotivados, fracasados, humillados, una pena. Te lo digo con mucha pena, porque veo a gente muy valiosa vencida, humillada, nosotros lo hacemos con mucho orgullo, y hay que saber que el orgullo del periodismo pasa por otros lados, pasa por leer tu época, si no sos ciego, y no sos Borges, cagaste.

Nosotros estábamos muy divertidos con la página web, la cátedra, un espacio para hacer y un espacio para pensar, con lo cual siempre nos sustentamos con la cátedra, porque es una cátedra que paga, es nuestro modo de vida, dar clases, es nuestro medio de vida al principio, y empezamos a sacar libros, lo cual nos trajo mucho éxito, fueron traducidos a idiomas

También desde La Vaca empezamos a trabajar con algunos colectivos sociales que nos dimos cuenta que podían tener también un producto para vender, por otro lado que también el papel era un lugar de fijar temas para pasar a la agenda política, se empezó a complicar la realidad, había sectores que no iban a salir del lugar donde estaban, y eso que estábamos en el mejor lugar del mundo y nadie lo discutí aporque nadie iba a discutir el impacto de comunidades que habían quedado afuera de la fiesta kirchnerista, entonces dijimos bueno, vamos a ver si colgamos todos los meses en los kioskos un tema y eso ya es una bandera en si misma, lo cual ya es todo un éxito colgar en Capital con la visibilidad que tiene la revista hoy, lo cual fue también un proceso, que hubo que construir.

Pero era un tema salir a discutirle al fascismo porteño con la campaña “Ningún pibe nace para chorro”, pero eso discutimos hablamos con la calle, era como una pancarta, pero lo podíamos hacer si había la cantidad suficiente de gente para bancarla, porque de hecho el numero 1 nos lo banca esperando cobrar una empresa recuperada, ellos nos dieron la financiación que necesitábamos para salir a la calle con el primer número, hubo la cantidad de gente que se suscribió para hacerlo por seis meses-por lo tanto estuvimos obligados a hacerlo por seis meses- administrando muy bien esos recursos y ahí largamos, y ahí vino MU, después vino el MU punto de encuentro, porque eso nos ponía en un lugar muy periodístico, y dijimos vamos a salir de ahí porque sino íbamos a quedar nuevamente muy metidos en el rol industrial de fabricación, entonces eso nos sacó, o por lo menos complejizó ese rol del periodista de quién es editor, quién el fotógrafo...
El fracaso al que nos expuso el bar hizo que se entrara en una crisis muy profunda: para qué estamos haciendo, yo no hice todo esto para vender empanadas... y hubo gente que la superó y otros que la tomaron muy mal, pero lo que quedó fue un grupo que había entendido que se había parido, con todos los dolores del parto que implicaron. Y a partir de ahí dijimos: curemos un poco la herida narcisista que uno también la tiene, volviendo al periodismo y empezamos con el programa de radio, y de esa crisis salimos con el programa de radio, porque nos preguntamos cómo llegar al que no estábamos llegando ni con la MU ni con la web, entonces inventamos el programa, con un principio que todo esfuerzo tiene que ser muy aprovechado, porque no nos podemos dar el lujo de que todo lo que tanto cuesta hacer, mañana envuelva huevos.

Las MU duran toda la vida, el tema es que nada sea desperdicio al día siguiente es una cuestión que nos enseña la naturaleza: la cascara de banana abona la maceta, entonces, nosotros creamos un formato que hoy puede ser aprovechado por 120 radios.

Fue un éxito desde todo punto de vista, porque volvimos a entrar en barrios, donde no hubiésemos podido entrar ni con MU ni con la web, donde la devolución que recibimos es muy cariñosa, porque la radio genera un vinculo de mucho cariño, estamos en un programa de radio donde hay una voz y nadie sabe el nombre, en su sabor, entonces vienen acá y cuando escuchan esa voz la reconocen. Y eso es un desafío, para los que dicen: esto se hace así”, cuando en realidad, esto se hace, como sea. Lo que importa es si tenés algo para decir, eso es lo que finalmente es la comunicación.

-¿Qué pensás de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?
 
- La sociedad ya lo discutió. Son cuestiones del poder. El poder se está poniendo en sintonía con lo que creó la sociedad. Siempre primero está la sociedad, luego los medios o lo que llamamos política, porque hoy medios y política es casi sinónimos. La sociedad creo, fijate que interesante es el proceso: en los 90 se dio la concentración, ¿qué hizo la sociedad ante esta concentración? Desconcentró. Creó experiencias chiquititas. Micromedios, millones. Y cada gota forma un océano, lo que llamamos comunicación social. Y se convirtió en un fuerza de lobby capaz de inclusive reunirse, como puede ser el caso, para hablar más concretamente de FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias), en una serie de puntos que fueron las bases para una Ley democrática de servicios de comunicación.

Cuando el poder los convoca, los tipos entraron, pero con una proclama que ya estaba escrita, no es que la redactó el poder. Eso pasó siempre así. Pasó por ejemplo con la creación del estatuto del periodista, cuando Perón era secretario de trabajo, lo llamó -con la historia de “los enemigos de mis enemigos son mis amigos”, los hizo entrar y les dijo “tenemos este proyecto” y ahí se aprobó, o sea, primero te abren la puerta, pero una cosa es que vos te pongas a jugar el juego del poder y otra es que le digas “esto es lo que nosotros queremos”. Eso el movimiento, se llame FARCO, o como sea, ya lo tenía redactado, y todo eso se hizo a espaldas de toda institución académica, política, técnica y hasta partidaria, eso lo hizo la sociedad, sola y en horizontal, desde abajo.
Luego el poder lo que hace es captura eso, y lo convierte en un debate por el poder. Obviamente quién la tiene, propaganda contra propaganda, lo que crea como comunicación el kirchnerismo es una disputa de realidad virtual contra realidad virtual, de relatos por quién narra la realidad. La narro yo o la narrás vos. Hay que reconocerle que tuvieron la astucia de saber cómo pelear este combate, hasta ahora todos los gobiernos habían seguido una extorsión, y ahora lo que hizo fue yo también lo hago. Y la verdad es que la caja del Estado es más grande que la cualquier multinacional, si la ponés para una sola cosa. Así que lógicamente la ganaron, porque pusieron más plata. Me gustaría ver en todo caso qué pasaría con todo ese aparato de comunicación sin dinero. Y yo no creo que si hubiese tanta vocación los kirchneristas que nosotros vemos hoy comunicólogos, pero la comunicación social llegó igual, porque se construyó sin el paradigma del dinero, se construyó como una necesidad social, hoy la plata fortalece a una radio comunitaria un subsidio, la ayuda a mejorar técnicamente, pero no es lo que le garantice que mañana este en sintonía, porque donde vos dejas de pagar los sueldos, fortunas que están pagando a los comunicólogos oficiales, y… se terminó el periodismo oficialista. De un día para otro. O sea, lo construido, lo mismo que el paradigma clarín, el paradigma K es con los cachets.

Creo que la Ley de Servicios de Comunicación viene a poner al Estado en sintonía con la realidad, lo mismo que la ley de aborto, abortos se hacen, ahora el Estado ¿se hace cargo de eso? No. lo resolvés vos comos sea, en una plaza, en una clínica de Miami, como sea, yo Estado no existe ese problema para mí, ahora el aborto se hace, no es que porque no haya ley no hay aborto.

Con esto pasa lo mismo, la comunicación social se hace igual, es más, durante el gobierno de Alfonsín te metían en cana y te incautaban los equipos, era ilegal y una causa penal; ahora igual se hizo, es como tapar el sol con las manos, igual se va a hacer la comunicación social. Porque es una necesidad, y la comunicación está lejos de estar representada en la comercial, la comercial es otra cosa, es lobby, es la que todos los días te dice qué lindo que sos, qué lindo que sos, hasta que la gente se termina creyendo que es linda. Eso no es comunicación, ponele el nombre que quieras, pero no es comunicación.

Pero como la comunicación es una necesidad básica, como comer y respirar, vos tenés que quizás comunicarte con tu otro, con tu mundo y con tu época, la gente te va a seguir haciendo igual, como si obligara a alguien a no comer, y bueno va a comer tierra, pero va a morfar, esto es lo mismo, lo que está haciendo el Estado es democratizarse a sí mismo, no a la sociedad. La sociedad ya es democrática, la vida es vida, las instituciones estaban muertas, y eso fue el grito “que se vayan todos”, todos los cadáveres, los zombis.

La necesidad de revivir hace que una de las cosas que se tienen que actualizar sean las leyes, porque son la expresión de un modelo social que no existe más: el modelo que está en crisis es eclesial, provinciano, donde la justicia es para pocos, eso es lo que estamos discutiendo. Ahora: ¿quiénes,  la sociedad, qué partidos lo toman?, más de uno, la izquierda lo toma, el kirchnerismo lo toma, por suerte... no es el dueño del progresismo el kirchnerismo, es la sociedad la dueña, es interesante que se expresen más de una vez. Ves el modelo de la muerte del militante del PO, ¿en qué se diferencia del militante que fue a despedir a Kirchner? ¿En dónde puso sus ideales?, pero es una generación que está participando, y tenemos que cuidar que no la maten. Marcelo (Ferreyra) para mí representa una alarma, que fallamos como sociedad, porque no se puede morir un chico por militar en un partido político.

-¿Qué lectura hacés del kirchnerismo?
 
-A mi me interesa mucho, como curiosidad periodística me parece bastante interesante. Creo que el kirchnerismo es la expresión de un deseo, de un sector social que en mi entender no es lo que llamamos “pueblo” -entendido como las clases más bajas- sino que es un fenómeno más urbano, de clase media, lo que podríamos llamar “el lector de clarín”, fijate vos, si lo ponemos en términos periodísticos, con todo lo que eso significa: la tema de la argentina, la clase media en todas sus variantes, aun cuando en consumo no sea clase media, se siente como clase media en aspiración, como se llama en valores de análisis de mercado.

El kirchnerismo construye, fabrica, y le pone un piso a ese modelo, que sería otra cosa, muy diferente, si la sociedad encabezara otros deseos. Pero que sin dudas lee muy bien, y hay un equipo muy atento de lectura de la realidad, muy atento, pero no sabés hasta donde.
 

 
 
 
 
 
 
Claudia Acuña: “Para hacer la revolución, también hay que cambiar los modos de producción de la noticia”
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