Los verdaderos dueños de la tierra no tienen ni dónde caerse muertos


Originarios / Por Claudio Salvador (*)
 
Puerto Iguazú, Misiones,
23 de septiembre de 2010
Señora Presidenta de la Argentina
Dra. Cristina Fernández.
Balcarce 50, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Como americano, ciudadano argentino y colaborador de una Comunidad Mbya de la Nación Guarani, permítame expresarle mi gratitud y decirle que celebro enfáticamente que haya decidido que nunca más se conmemore el 12 de octubre como “día de la raza” en nuestro país. Día del Respeto a la Diversidad Cultural le queda bien e este nuevo tiempo que se pretende instalar en la Argentina.

Es justo decir que los pueblos originarios nunca han considerado un motivo de fiesta el recuerdo del desembarco de Cristóbal Colón. Sería como festejar el día en que comenzó el saqueo más atroz, el inicio del fin para muchas culturas precolombinas. El cumpleaños de la injusticia más aberrante contra la identidad. Quién sería capaz de recordar con una fiesta la masacre de decenas de millones de semejantes.


No obstante, así como deseo sumarme a su gesto de reparación, desde mi pequeña misión en territorio indígena debo decirle, Señora, que no coincido conque esta jornada, que debe ser de profunda reflexión, no sólo en los ámbitos educativos sino también en la sociedad toda, sea aprovechada únicamente como un feriado turístico. Mi corazón me dicta que ésta no es su intención y por eso me apresuro a escribirle, rogando al dios de todos que me escuche.

Su valentía en dar por acabada la parodia del “día de la raza” es encomiable. En nuestra “escuelita de la selva”, con el sonido de fondo de las majestuosas cataratas del río Iguazú, haremos nuestra parte el mismo día 12 de octubre conmemorando a los hermanos caídos, añorando la naturaleza devastada y exaltando la resistencia Mbya que permite, a este noble pueblo de la selva, coexistir con la sociedad envolvente en condiciones de escandalosa desigualdad y marginación forzada, ya sea por omisión o desidia en cuanto a sus derechos, consagrados por las leyes pero negados en la realidad.

No es posible que la humanidad desoiga este clamor de justicia. Usted, Señora Presidenta, nos ha devuelto el ánimo a quienes acompañamos la dura realidad indígena. Nos está mostrando otro camino, diferente y luminoso, en medio de tanta ignominia histórica.

Señora. No hay más tiempo. El genocidio de la historia se prolonga, hoy más silencioso pero igualmente cruel, con el etnocidio cultural de los pueblos originarios. Las tierras deben ser devueltas sin demoras, y la dimensión de los territorios retornados debe ser suficiente para garantizar su desarrollo social y cultural respetando su propia determinación. En el caso de los pueblos de la selva, es indispensable que esas áreas cuenten con los bienes naturales que conforman el hábitat indígena, en la medida de lo que se ha dejado en pie, que es poco como Usted bien sabe.

Disculpe el tenor de mis palabras. Pueden parecerle muy duras pero no he querido restarles gravedad porque llevan consigo una bronca, como decimos los argentinos, contenida durante muchos años.

En esta democracia que tanto nos duele y que amamos entrañablemente, siempre es el momento de reclamar a las autoridades que se respeten los derechos. Y en especial hoy los derechos indígenas. Señora Presidenta, garantice Usted con la fuerza de su investidura que se detenga ahora, de una vez y para siempre el genocidio. Porque de manera conciente o inconciente, como le decía, la conquista continúa y son demasiados los hechos que lo demuestran.

Su bienvenido anuncio nos reconforta, pero no alcanza. Muchos hermanos indígenas conservan algo parecido a una vida en hábitats extraños. Los barrios pobres de las ciudades están atestados de aborígenes desplazados de sus ancestrales territorios. Y los que aún resisten en sus lugares parecen estar mendigando un mendrugo de su suelo en las provincias del Interior.

Los verdaderos, los legítimos dueños de la tierra, no tienen ni donde caerse muertos.

En este caso no puede perderse tiempo. Porque el tiempo se agotó hace mucho, Señora, que quede claro.


Cuente con este humilde servidor.

Respetuosamente, claudio.

NOTA: ESTA CARTA INGRESÓ EL DÍA 4 DE OCTUBRE DE 2010 EN LA MESA DE ENTRADAS DE DOCUMENTACIÓN DE LA PRESIDENCIA DE LA NACIÓN.
 
 
(*) Periodista de Puerto Iguazú. Publicado en www.bichodomato.territoriodigital.com
Foto: Claudio Salvador.
Los verdaderos dueños de la tierra no tienen ni dónde caerse muertos
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