Gómez Centurión: váyase rápido

Las declaraciones del titular de la Aduana y militar retirado, Juan José Gómez Centurión, acerca de la inexistencia de un plan sistemático de represión, contrastan con el testimonio de un ex soldado conscripto que lo identifica como el oficial con el cual habló luego de ser sometido a torturas y en circunstancias relacionadas a la tortura y desaparición del soldado Thomas Molina. El caso se narra en el libro El Escuadrón Perdido, escrito por el ex capitán del Ejército Argentino José Luis D´Andrea Mohr, quien expone allí detallada información sobre las circunstancias y responsabilidades relativas a las desapariciones de 129 soldados conscriptos durante el terrorismo de Estado en Argentina.
Por Redacción Superficie

“…y váyase rápido, que estar vivo ya es suficiente”.
Gómez Centurión a un soldado sobreviviente de torturas aplicadas por militares, en 1976.

En el año 1984, un ex soldado conscripto que había cumplido servicio en el Grupo de Artillería Blindada 1 de Azul durante 1976 testimonió acerca de las torturas a las que había sido sometido por sus superiores en el lugar y de las que también fuera víctima en esa oportunidad el soldado Alfredo Mario Thomas Molina, quien fue su compañero de infortunio y continúa desaparecido.
En el libro El Escuadrón Perdido, escrito por el ex capitán del Ejército Argentino José Luis D´Andrea Mohr, quien expone allí detallada información sobre las circunstancias y responsabilidades relativas a las desapariciones de 129 soldados conscriptos durante el terrorismo de Estado en Argentina, el testimonio de ese soldado de quien se reserva el nombre es reproducido en las páginas 96 y 97:
El y Thomas fueron conducidos al Grupo de Artillería de Defensa Aérea 601 y alojados en calabozos; allí les informaron que la detención había sido ordenada desde Azul por el jefe Mansilla. En los calabozos de Mar del Plata vieron a otro soldado con muestras de haber sido brutalmente torturado, que alcanzó a decir que era de Pinamar.
De acuerdo a la declaración testimonial del ex soldado sobreviviente, él y Alfredo fueron subidos a una ambulancia donde permanecieron maniatados, con los oídos taponados y los ojos vendados hasta llegar a Azul. En el Grupo de Artillería Blindada 1 los arrojaron a un calabozo y allí comenzaron los tormentos: los intimidaban con pistolas o fusiles en la cabeza y dentro de la boca; los rociaban con líquidos inflamables y amenazaban quemarlos; les advertían sobre la presencia de vidrio molido en la comida (práctica utilizada por el oficial que los amenazaba para eliminar perros en la unidad).
No les dieron agua y tampoco les permitieron ir al baño durante los dos primeros días de los veinte a veinticinco que duraron el cautiverio y los interrogatorios sobre actividades políticas de los detenidos. Entre los interrogadores, el sobreviviente recordó a un mayor alto, de apellido Iannaccone, hermano del cantor Roberto Yanés, y al teniente Guillermo Duret.

Gómez Centurión entrevistado durante la dictadura.

Cuando terminó el suplicio, el teniente Gómez Centurion le entregó al sobreviviente la libreta de enrolamiento firmada y un pasaje a Mar del Plata, le ofreció las debidas disculpas y reflexionó: “…y váyase rápido, que estar vivo ya es suficiente”. No ocurrió lo mismo con Alfredo, quien continúa desaparecido.
Más adelante se aclara que la libreta de enrolamiento del testigo sobreviviente fue firmada con fecha adulterada, con el propósito de que la fecha de su baja no coincida con las fechas en las que Thomas Molina fue visto en el predio de Artillería. Thomas Molina figura oficialmente como desertor para el Ejército.
Este testimonio, que no tuvo mayores consecuencias para Gómez Centurión, muestra a las claras que este personaje conocía perfectamente la suerte que corrieron tanto el soldado declarante como el aún desaparecido Alfredo Mario Thomas Molina.
Poco tiempo después de producida esa declaración se llevarían adelante una serie de rebeliones “carapintadas” por parte de mandos medios militares que exigían el dictado de medidas que garanticen la impunidad de los participantes en lo que llamaron la “guerra contra la subversión”. Gómez Centurión fue uno de esos “carapintadas” alzados, que pedían impunidad armas mediante, vanagloriándose de haber salvado a la Nación de la amenaza subversiva.
Dadas las temerarias declaraciones de Gómez Centurión acerca de la inexistencia de un plan sistemático de represión, sería hora de que responda oficialmente acerca de qué sabe sobre torturas a conscriptos en el Grupo de Artillería Blindada 1 de Azul durante 1976 y sobre el destino final del soldado Thomas Molina.