Género, sindicalismo y patriarcado: una mirada desde adentro

El libro “Las mujeres de ATE. Participación, luchas y desafíos”, de Silvia León, ofrece una investigación que invita a pensar en la relación compleja y dinámica entre Género y Sindicalismo, interpela la incidencia del sistema patriarcal en las entidades gremiales y propone “la participación de las mujeres como parte del imprescindible proceso de democratización de nuestras organizaciones de clase”.

Por Revista Superficie / Agencia de Noticias ATE Misiones
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“Las mujeres de ATE. Participación, luchas y desafíos” es el título del libro escrito por la Secretaria de Organización del Consejo Directivo Nacional de ATE y publicado a través de CTA Ediciones, trabajo que fue recientemente reeditado y presentado en el marco de la 43ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.
La autora, que es Trabajadora Social egresada de la Universidad de Buenos Aires (UBA) , militante feminista y trabajadora estatal, observa en el prólogo de su investigación académica, que “la participación de las mujeres se acrecienta permanentemente en la vida social, política, sindical y cultural de nuestro país de toda Latinoamérica”, pero que “sin embargo, esta notable presencia no guarda relación con los cargos de representación formal que ocupan ni con su participación en la toma de decisiones en los sindicatos”.
A través de 9 capítulos, el libro aporta un recorrido histórico que ofrece una mirada cuantitativa y cualitativa acerca de la presencia/ausencia de las mujeres en la Asociación de Trabajadores del Estado, análisis que da lugar a planteos necesarios y de plena actualidad (hoy ATE discute una reforma estatutaria que establecería el cupo igualitario en los cargos directivos en todas sus seccionales).

Uno de los objetivos que la investigación se plantea es “conocer cómo se expresan en ATE las relaciones de poder entre varones y mujeres”. En el plano metodológico, el trabajo de León partió de un análisis porcentual de la participación sindical de mujeres y hombres en los secretariados, vocalías y entre los congresales, identificando además aquellos cargos que son mayoritariamente ocupados por mujeres.
En segundo término, explica la autora, “buscamos conocer desde la opinión de afiliados y afiliadas a ATE en la actualidad, si la participación de las mujeres introduce cambios en las prácticas organizacionales y en las relaciones de poder entre mujeres y varones”.
Además de un trazado histórico en torno a los hitos políticos y sindicales que fueron posibilitando avances en materia de derechos de las mujeres, el primer tramo del libro presenta una serie de herramientas conceptuales donde se indaga acerca de nociones como Patriarcado, Género y Trabajo, Género y sindicalismo. Sostiene León: “sindicalismo y género son aún hoy dos conceptos difíciles de asociar. Unir conciencia de clase (discriminación como trabajadoras) y conciencia de género (discriminación por razón de sexo) como un todo indivisible, tropieza con prejuicios a menudo también de algunas mujeres, que no tienen conciencia feminista, del mismo modo que no todos los obreros tienen conciencia de clase”.
En este sentido, el libro se nutre de miradas como la del investigador Luis Vitale, quien en su libro “Aportes para una teoría de la opresión y protagonismo de la mujer latinoamericana” se interroga si entre las mujeres existe una cabal conciencia del régimen de dominación patriarcal, y establece un paralelo entre los niveles de conciencia de género y la conciencia de clase.

“En Brasil” -soslaya Silvia León-“según datos recogidos en investigaciones realizadas en sindicatos de la educación, se concluye que la cultura machista es la que determina que en un sector donde el 90% de las trabajadoras son mujeres, el presidente sea un varón. La primera y más simple cuestión que plantean es que el machismo también atraviesa a las mujeres. A pesar de ser sindicatos formados prácticamente por mujeres, afirman que existe un machismo cultural muy fuerte”.
El apartado “Política, poder y estrategia: el lugar de la mujer” escudriña acerca del proceso de “empoderamiento” (concepto acuñado por Paulo Freire en su Teoría de la Educación Popular y utilizado por el feminismo en la década del 80)) aplicado a la idea de construcción de poder de las mujeres.
La autora focaliza en la Ley de Cupo sindical femenino (Ley 25.674), sancionada en noviembre de 2002, y que en su artículo primero expresa que “cada unidad de negociación colectiva de las condiciones laborales, deberá contar con la participación proporcional de mujeres delegadas en función de la cantidad de trabajadoras de dicha rama o actividad”.
Se pregunta León si esta ley “¿no deja al descubierto que aún hoy, en pleno siglo XXI, las mujeres acceden a los cargos de mayor representación no sólo por sus aptitudes y cualidades militantes, sino también en representación del universo de mujeres? ¿Cuáles deberían ser las estrategias de una organización sindical para cambiar las relaciones de poder entre varones y mujeres y avanzar hacia modelos más participativos y democráticos?”.
A la hora de pensar respuestas para estas y otras preguntas subyacentes, León propone considerar al “poder” como un elemento central en el pensamiento estratégico.

“Desde el feminismo se entiende que tener un cargo no significa tener poder y que el poder se construye en grupo” advierte León. “Ciertos dirigentes, en su mayoría varones, aunque también algunas mujeres dirigentes, apuntas que entre las mujeres con algún cargo de conducción, existen rivalidades, competencias y desencuentros. Tal vez esto se deba a que uno de los pilares del patriarcado – que atraviesa a varones y mujeres- es el aislamiento” enfatiza León.
“Con las mujeres peleándose, desautorizándose, no hay oposición al poder patriarcal del varón. Respetarse, darse crédito unas a otras, y trabajar juntas, es la fórmula más eficaz para acabar con el dominio patriarcal y de paso, mejorar la autoestima como colectivo y como personas: una fórmula que además tiene impacto político” completa.

El capítulo “Presencia /Ausencia de las mujeres en la historia de ATE” rescata el itinerario de conquistas en el seno de un sindicato que nació en 1925. “En las décadas posteriores a la fundación de nuestra organización sindical, la temática de la mujer constituía una línea de acción en el movimiento obrero del país” reseña Silvia León.
Entre las reivindicaciones que se mencionan, irrumpen mojones como el pronunciamiento en defensa de la mujer obrera en el primer Congreso de la CGT (1939), y se advierte que “respecto a la participación de las mujeres en la ATE casi no existen documentos sobre sus primeras incursiones en el sindicato, tal vez por tratarse de una historia escrita y protagonizada inicialmente por varones”.
Se referencia en este sentido, el hallazgo reflejado en el tomo 3 de la “Historia de ATE” (Daniel Parcero, CTA Ediciones), donde se da cuenta del nacimiento – el 16 de enero de 1945- de la seccional Bahía Blanca, integrada y conducida íntegramente por mujeres costureras organizadas del Ministerio de Guerra.
“La primera reseña escrita de las mujeres organizadas en el sindicato data de junio de 1973, cuando en ATE se crea el Departamento de la Mujer” señala el libro de León.
El departamento al que se hace mención, tenía entre sus propósitos originarios, “lograr la incorporación de la mujer en los niveles de decisión gremial”, “extender y propagandizar la existencia del Departamento de la mujer organizándose alrededor de sus objetivos y misión” y “tratar que dicho departamento sea expresión de las necesidades concretas de la mujer trabajadora estatal en sus diferentes ramas”.
En 1984, tras la devastadora experiencia dictatorial, las mujeres de ATE elevan al congreso sindical una declaración solicitando la creación del Centro Nacional de Mujeres. Tomando como modelo a Eva Perón, las mujeres de ATE expresaban en dicha declaración que “hemos solidificado los lazos que nos unían, deponiendo todo personalismo en la comprensión de que, unidas, más grandes serán nuestras posibilidades futuras, en las que debemos desarrollar nuestro aporte, fundamentalmente en los vastos campos de la acción social, la familia y la cultura”.
Un año después, se constituye en Argentina el Encuentro Nacional de Mujeres, la experiencia más importante de la lucha feminista en el país aún en la actualidad. Las mujeres de ATE, desde entonces se reúnen cada año en todo el país a discutir los lineamientos que la organización lleva a los encuentros.
Surge en esta instancia del libro, el testimonio de Beba Gil, trabajadora histórica del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), quien recuerda que durante aquel periodo de retorno de la democracia, trabajó junto a otras tres mujeres en el armado del Departamento de la Mujer, siendo la primera actividad “la realización de una filmación a la que llamaron Diario de la Mujer Trabajadora, que reflejaba la complejidad de un día en la vida de una mujer: su vida laboral y familiar, la importancia del jardín maternal en el lugar de trabajo, y las condiciones de trabajo de las trabajadoras de salud, entre otros temas”.
Mucha agua hubo de correr bajo el puente hasta que en 2011, el Consejo Directivo Nacional crea en el seno de ATE el Departamento de Género e Igualdad de Oportunidades. Según Silvia León este avance implicó “la inauguración de un nuevo tiempo, con la perspectiva de transformación en las relaciones entre varones y mujeres, con el desafío de que las reivindicaciones de las mujeres sean tomadas por el conjunto de la organización”.

El capítulo 6 plasma los resultados de un análisis cuantitativo acerca de la relación entre los cargos de conducción ocupados por varones y mujeres desde 1984 hasta 2015.
Actualmente, la ATE tiene aproximadamente 264.630 afiliados. La relación porcentual entre sexos es de 56% mujeres y 44% varones.
En los tres periodos eleccionarios posteriores a la dictadura cívico militar – 1984 a 1995- el porcentaje de varones en cargos de conducción nacional en ATE alcanza el 90%.
“Entre 1995 y 2007 se observa un crecimiento de las mujeres en los cargos de conducción, alcanzando en el periodo 2003-2007, antes de la aplicación de la Ley de Cupo Femenino, una relación del 70,6% de varones y 29,4% de mujeres” afirma León.
“Si avanzamos en la lectura del impacto que la ley tuvo en el tramo del secretariado, vemos que la participación de las mujeres pasó de ser inexistente durante los cuatro periodos de 1991 a 2007, a ocupar el 33,3% obligatorio. La misma relación se establece en las vocalías” añade.
Hay ciertos datos que completan el paisaje de transición entre 1991 y 2015 en cuanto a la permanencia de hombres y mujeres en cargos de conducción en el sindicato. Por ejemplo, que un varón permaneció ocho periodos ocupando cargos en el secretariado, dos varones permanecieron cinco periodos ocupando cargos en el secretariado, que nueve varones permanecieron dos periodos ocupando cargos en el secretariado, mientras que solo una mujer permaneció dos periodos ocupando cargos en el secretariado.
Es decir, que el 60% de los varones permaneció entre dos y ocho periodos en el secretariado, mientras que solo un 14,3% de mujeres permaneció únicamente durante dos periodos.
En el capítulo 8 del libro se abre una discusión en torno a la comparación de los datos obtenidos en el análisis cuantitativo antes mencionado. “Una primera reflexión es que la relación entre la participación de varones y mujeres en los cargos de conducción no puede explicarse únicamente desde un enfoque de género ni de las relaciones de poder entre ellos” advierte León.
Ya en el capítulo final – Conclusiones- la autora enfatiza que “la participación de las mujeres en los lugares formales de la representación sindical tiene que ser tomada como parte del imprescindible proceso de democratización de nuestras organizaciones de clase”. Para León, “la lucha de las mujeres no tiene que ser una pelea sectorial de minorías sino del conjunto de la clase, apuntando a la formación con mirada de género en el debate entre varones y mujeres”.

(Fotos: Gentileza Prensa ATE Nacional y Agencia de Noticias ATE Misiones)