“En el cuerpo de la mujer se está aplicando más saña”

La antropóloga argentina Rita Laura Segato, dialogó con Revista Superficie y La Calaca sobre la cuestión de género, las incertidumbres actuales y las coordenadas para tratar de entender la compleja escena histórica contemporánea. La mirada lúcida de una intelectual comprometida.

Por Alexis Rasftopolo (*) y Ana Espinoza (**)

A pesar de las diversas actividades pendientes durante su reciente paso por la ciudad de Córdoba, donde entre otras cosas impartió clases y una conferencia, la prestigiosa intelectual Rita Laura Segato, dialogó con nosotrxs sobre la cuestión de género y las disímiles pero concomitantes dimensiones de lo social que se hacen necesarias evocar y abordar al momento de escudriñar esta problemática.

Temas como el colonialismo, el capitalismo de rapiña, la devastación de la naturaleza, la xenofobia, el racismo, el rol del estado, las leyes y las relaciones humanas, se fueron hilvanando durante la entrevista para poder pensar y pensarnos en este tiempo histórico atravesado por disímiles formas de violencia.

Doctora en antropología por la Universidad de Queen’s, en Irlanda del Norte, docente de la Universidad de Brasilia e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas del Brasil, país en el que vive desde hace tiempo, Segato sostiene que esas violencias se manifiestan en el trato a las mujeres y en sus cuerpos con la misma perversa letalidad con la que se trata a la naturaleza.

En ocasiones soles aludir a la necesidad de no marginalizar la cuestión de género para poder abordar dicha problemática, entonces: ¿qué dimensiones de lo social se hace necesario vincular a esta cuestión para poder entender su complejidad?

Yo creo que el problema de género no se origina exclusivamente en los hombres y las mujeres a título particular, sino que está sometido a la escena histórica, a las presiones de una escena que cambia a lo largo de la historia. Por ejemplo, una historia que refunda las relaciones del género de una manera nociva y perversa en que ellas existen hoy es la escena colonial: la conquista, la colonización, el despojo, la rapiña, el eurocentrismo, el modelo del blanco, el ojo racializador, excluyente, despojador, el racismo como forma de expropiación de valor, de saberes y productos de los cuerpos que pasan a ser vistos como los cuerpos no blancos, los cuerpos del indio, los cuerpos del negro por una razón interesada…

Todo ese proceso, que es el proceso colonial propiamente dicho, tiene un efecto letal sobre las relaciones entre los hombres y las mujeres. Hoy veo cada vez con más claridad que el proceso de criollización es el proceso de la exacerbación de la misoginia y de la homofobia. Una escena donde, claramente, condiciones históricas de despojo, de racialización y de agravamiento de las jerarquías que pudieran existir en el mundo comunitario, precolonial, ahí vos ves como una escena histórica afecta y es imposible comprender el género fuera de esa escena y fuera de lo que ella funda en nuestros países.

Entonces, en el presente, eso, claro, nuevamente, tenemos una situación de gran…como llamo en una entrevista que di recientemente en Página/12, una situación de gran intemperie de las personas, de gran agresión, de gran inseguridad como nunca se vio. Muchas de las conquistas de derechos del trabajador, de los trabajadores, se han suspendido, han perdido vigencia por diversas razones y esa situación de zozobra, de miedo que está ahí, en nuevas formas de expropiación de tierras también de los pueblos indígenas, en la polución…; solo pensar por ejemplo que una enfermedad como el cáncer hasta hace veinte años era una enfermedad urbana, la gente que se enfermaba más de cáncer estaba en las grandes ciudades, en las metrópolis, hoy es el campo que está enfermo de cáncer…eso te lo dice todo. Te dice como esa tensión del medio claro que afecta de una manera terrible las relaciones de los hombres y las mujeres, y la violencia que se desata sobre las personas es una violencia que se desata en las relaciones interpersonales, en la familia, dentro de los hogares.

Yo creo que un error de una cierta parte del movimiento feminista es querer pensar a los hombres y las mujeres, el género, las injusticias que se realizan contra las mujeres, los abusos de los hombres, la violencia física, moral, psicológica, financiera, como aisladas de una escena, que es una escena histórica.

En vinculación con esos aspectos sostenés que la violencia tiene un carácter fuertemente expresivo ¿cómo entender entonces la expresividad de esas diversas formas de violencia que están afectando a las sociedades en general, pero particularmente con ciertas características a las mujeres? Y en ese sentido nos interesaría si pudieras explayarte en esta concepción de la mujer, concretamente del cuerpo de la mujer, en términos de territorio.

Claro, porque eso ha acompañado la historia de las guerras, desde las guerras tribales hasta las guerras entre estados. Siempre la toma de territorios, la anexión de territorios, implicó la toma del cuerpo de las mujeres que estaban allí. O sea, el cuerpo de la mujer es realmente visto como un territorio a ser apropiado, inseminado. En toda forma de conquista y de apropiación de tierras de otro pueblo, ha habido violaciones a las mujeres por parte de los soldados, a veces secuestros, apropiación como concubinas, siempre eso acompañó a la historia de la humanidad.

Pero en los tiempos más recientes algo que digo es que esto que era un daño colateral, algo que pasaba con las guerras, que acompañaba el evento de las guerras que siempre las hubo entre pueblos, entre naciones, ha habido un cambio y en el cuerpo de la mujer se está aplicando más saña. Yo creo que hoy es evidente, y hay muchos indicios y autores diversos lo dicen y las estadísticas también de que hay más letalidad, hay más asalto al cuerpo de las mujeres con muerte y con destrucción del cuerpo con tortura, con más saña. Es una cosa que hay que entender y ese es un cambio en la historia de la guerra. Como también hay más saña sobre los territorios.

Creo que lo que pasa con el cuerpo de las mujeres es una espacie de termómetro, el cuerpo de las mujeres es un bastidor donde se escribe un mensaje y quienes escriben ese mensaje son los hombres. Un mensaje de dominación se escribe ahí. En él se significa muy claramente un mensaje de soberanía, de dominación, de poder jurisdiccional sobre una región, sobre un territorio, y vemos claramente que eso sucede. Ahora ¿por qué está sucediendo con mayor saña? Y eso me parece que tiene que ver con una mayor saña que también está ocurriendo en la forma en la que está siendo tratada la naturaleza. El medio ambiente está horadado, no hay límites ya…para sacar mineral de una montaña se la pulveriza, no es que se le hace un hoyo y se entra y se cava… que ya era bastante tremendo para el trabajo en las minas, pero hoy, simplemente, se destruye. Hay un proceso acelerado de destrucción de los paisajes.

Nos falta pensar un poco más qué es el paisaje. Por qué los paisajes humanos que son la referencia de historias, las referencias de la memoria de las personas no pueden ser destruidos. Por qué aquellos que son los agentes de la acumulación capitalista, aquellos que están principalmente interesados en participar del mercado global tienen tan poca empatía, tan poca sensibilidad con relación a los paisajes, como si el paisaje no importara, no fuera una referencia de la vida humana, del sentimiento, de la afectividad, del vínculo. Todo eso demuestra un movimiento de gran crueldad y esa crueldad se expresa en el cuerpo de las mujeres.

Vos marcaste que en la actualidad nunca ha habido tantas leyes, tantos discursos cívicos e institucionales que están visibilizando la cuestión de género, las problemáticas de las mujeres, incluso de las problemáticas de todos estos aspectos que has marcado. Sin embargo parece no alcanzar para bregar por esa paridad de derechos, para esa emancipación de la mujer ¿Qué otras prácticas o acciones humanas, por fuera del ámbito de las políticas estatales, son pertinentes para lograr sensibilizar esa dimensión ética a la que también haces referencia?

Primero debo decir que hay una franca quiebra de mi fe cívica. Yo estoy en un momento en donde creo que no podemos esperar protección del Estado. Y protección del Estado no significa que existan leyes o que haya recursos para políticas públicas. Por alguna razón esas leyes y esas políticas públicas no llegan a ser eficaces en la protección de las personas, muy especialmente en este caso de los crímenes contra las mujeres; hay un problema ahí que no lo estamos pudiendo resolver porque están aumentando los casos de muerte y la saña que se aplica al cuerpo de las mujeres. Entonces no se puede abandonar el campo del Estado, pero evidentemente no se puede aplicar todas las fichas o toda la fe a que porque hay una ley esa ley será capaz de que el Estado se mueva en el sentido de proteger a las personas, no veo esa evidencia. Y falla mucho. Entonces es necesaria la recomposición comunitaria, de los vínculos entre las personas, el trabajo de revinculación, de retejimiento de las colectividades. Y hay un problema ahí, porque ese retejimiento no puede ser para resolver un problema inmediato, no puede ser algo instrumental.

Vemos por ejemplo lo que paso en 2001 que se organizaron colectivos para resolver un problema de carencia, para sobrevivir a una gran crisis nacional. Pero luego de que ese problema se fue resolviendo esas comunidades, esos colectivos se disolvieron. Entonces retejer vínculos no puede ser para una finalidad inmediata. La meta histórica tiene que ser el ser comunidad.

Entonces vos ves que los Estados no promueven la existencia de comunidad. El Estado siempre va a hablar de “los ciudadanos”, los ciudadanos son cápsulas, una masa, lo que se decía antiguamente la masa, un conglomerado de mónadas. Esa ciudadanía, esa “multitud”, yo no creo en la multitud; primero que es fácil inflamarla y así como se inflama se desinflama. Ahora, el tejido comunitario no, tiene una densidad, lo vemos en los pueblos indígenas, en los pueblos que se han mantenido vinculados. Ahí sí hay formas de sociabilidad que tienen estabilidad, que se estabilizan, que tienen un sentido de la historia, etc. Y vos no vas a ver nunca un Estado que diga: “vamos a promover la reconstitución de los tejidos comunitarios”, yo no lo he visto, porque ahí representaría, verdaderamente, una autonomía de la gente.

segato_2
En todo este panorama, desmesurado, complejo ¿qué rol jugarían los medios de comunicación, pensando sobre todo en que son espacios de construcción de sentido y de realidades?

El papel de los medios de comunicación tendría que ser semejante al papel que los intelectuales tenemos a nuestro cargo: generar retóricas. Retóricas de valor. Por ejemplo, el mundo que llamamos desarrollado, que es el mundo de las cosas. El otro día estaba pensando, acompañando algunas reuniones en el norte, sobre migrantes. Los migrantes toman ese tren que va hacia la frontera norte del continente, vienen de Centro América, a veces vienen de más al sur, de México; toman el tren, se caen, se cortan un brazo, una pierna, las mujeres son violadas, los hombres y las mujeres son capturados, son llevados a fincas o haciendas donde son esclavizados. He escuchado el relato de un hombre que pasó una década esclavizado, haciendo trabajos en una finca, en fin ¿Pero por qué? Ese migrante no migra porque tiene hambre necesariamente, yo creo que no es la causa mayoritaria. El migra hacia el mundo de las cosas, hacia el mundo donde están las cosas, el consumo.

El mundo de las cosas tiene una retórica muy fuerte. Nosotros hemos fallado, los que estamos en el mundo de las palabras, la gente de las humanidades y los comunicadores también, en un trabajo indispensable que el norte lo ha hecho siempre muy bien, el norte siempre ha hecho la propaganda de su proyecto.

Y acá hay cosas, hay valores y hay formas propias de felicidad. Por ejemplo la conversación es una forma de felicidad y de realización inmensa. En nuestro país, Argentina, que yo he pasado toda una vida fuera de el, yo percibo y otros extranjeros también cuando vienen, que aquí la institución amistad es fuertísima. Las personas participan de colectivos que no son para una finalidad productiva, son solamente para el estar juntos, la co-presencia, el estar juntos; es una práctica permanente y maravillosa de nuestro país. Esa costumbre nuestra no tiene una retórica. Entonces yo creo que los medios y también los intelectuales, tenemos necesidad de colocar el foco y crear palabras para valorizar lo que sí tenemos en nuestro mundo, que puede no ser el mundo de las cosas.

Cuando uno cruza la frontera norte-sur y va al norte, claro, hay una cantidad de cosas flamantes, nuevas, recién inventadas pero de altísima obsolescencia también, se gastan inmediatamente. Lo que impresiona es que un hotel de allá al año de estar usado ya tiene un aspecto envejecido, todo tiene que ser renovado constantemente o repintado, es muy extraño.

En nuestro mundo, tenemos otra forma de felicidad pero no le hemos puesto las palabras.

————————–

(*) Doctorando en Comunicación Social, Universidad Nacional de Córdoba (UNC). Colaborador de la Revista Superficie.

(**) Licenciada en Periodismo y Comunicación Social (UNLP). Editora de la sección género de la Revista Superficie.

Entrevista realizada para el programa radial con perspectiva de género La Calaca conducido por Gabriela Ayala, Paola Torres Barahona y Ana Espinoza, emitido por LT17 Radio Provincia de Misiones los miércoles de 21 a 22hs.

Foto: Sofía Puma Zanelli, gentileza Revista Umbrales