El “terrorismo” como excusa: miserias de la prensa al servicio del poder

Mientras a nivel nacional Lanata y Clarín agitan el fantasma del “terrorismo” en tren de justificar la desaparición forzada de Santiago Maldonado, en Misiones cierto sector del periodismo servil utiliza todos los espacios disponibles para descalificar al movimiento por la libertad de Victoria Aguirre, levantando la misma acusación. En ambos casos, no obstante, las operaciones mediáticas han sufrido importantes traspiés que dejan al descubierto su carácter poco ético y repudiable. Una mala praxis periodística que a veces fracasa estrepitosamente en su cometido, pero que no deja de preocupar: ¿adónde apunta con semejantes abordajes?

Por Tania Piris Da Motta (*)

Argentina, 2017. La palabra “terrorismo” reaparece en televisión, páginas web y redes sociales, y los periodistas que la pronuncian no muestran escrúpulo alguno. Jorge Lanata dice en Periodismo Para Todos “terrorismo mapuche” y no se le mueve un pelo; en nuestra comarca, un corresponsal redobla sus ataques en una red social al tildar de “terroristas” a las mujeres que se movilizan por libertad de Victoria Aguirre y después reafirma sus dichos reproduciendo la definición de “terror” según la Real Academia Española. El empleo del término forma parte de campañas más amplias destinadas a descalificar la protesta social, campañas que muestran, en sus fisuras, las miserias de un periodismo al servicio del poder.

Santiago Maldonado y otra “desaparición forzada”: la de la responsabilidad del Estado

Chubut, 2017. Santiago Maldonado fue visto por última vez el pasado 1º de agosto, durante la represión ejecutada por la Gendarmería Nacional dentro del predio de la comunidad mapuche de Vuelta del Rio, Lof en Resistencia del Departamento Cushamen, Chubut. No obstante, tanto la Justicia como algunos medios de comunicación, entre los cuales se destaca Clarín, encuadraron el hecho como “averiguación de paradero” e intentaron deslindar de toda responsabilidad a la fuerza de seguridad, a pesar de lo que sostenían los familiares, la comunidad mapuche y los organismos de derechos humanos que se solidarizaron con el reclamo.

Pero la campaña mediática en torno a las diferentes “hipótesis” del caso Santiago Maldonado recibió un duro golpe el 24 de agosto, cuando la Justicia cambió la carátula del caso y reconoció que se trató de una “desaparición forzada”. Hasta ese momento, Clarín, y también La Nación, habían abonado y reproducido todas las “teorías” alternativas a la que postularon desde el primer momento los denunciantes, acerca de la responsabilidad de Gendarmería Nacional en el hecho denunciado. El mismo 24 de agosto, Clarín se hacía eco del acontecimiento del cambio de carátula con una aclaración que evidencia el encuadre que maneja: “No hay nuevos elementos que corroboren la participación de Gendarmería Nacional en la pérdida del joven.” En esta noticia, Clarín llega al extremo de seguir postulando como “hipótesis oficial” (sin aclarar que ya no es más la hipótesis oficial de la Justicia, al menos) la de que un puestero en la estancia el Maitén hirió de muerte a Maldonado durante un ataque del grupo de la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), y deja en segundo lugar la versión de los denunciantes, a saber: cuando Gendarmería empezó a disparar postas de goma y plomo contra la comunidad mapuche, Maldonado intentó cruzar el río sin éxito, volvió sobre sus pasos, y allí fue capturado, golpeado y subido a un Unimog. Además, en la publicación del día 24 (que fue modificada y ya no está disponible) pormenoriza cada una de las supuestas “dudas” y “contradicciones” de esta última hipótesis.

Tanto en esta noticia como en las anteriores sobre el caso, Clarín apela a los siguientes recursos para la presentación de la información:

– Trata de evitar el término “desaparecido” o “desaparición”, para lo cual se vale de eufemismos como “extravío”, “pérdida” y “paradero desconocido”.

– Reproduce, amplía y propone versiones alternativas a la de la responsabilidad del Estado: no sólo la del cuchillazo del puestero en la estancia el Maitén, a la que le da una gran trascendencia, sino, por ejemplo, la que se desarrolla en la nota “Las últimas pericias plantean una nueva hipótesis”. Allí se afirma, en el primer párrafo, que los perros cruzaron el río al seguir el rastro de “ropas adjudicadas a Santiago Maldonado”, para después aclarar, recién en el quinto párrafo, que los investigadores sospechan que las ropas “no pertenecen a Santiago Maldonado”.

– Se refiere en forma ambigua y sin identificación personal a las fuentes que desautorizan a familiares y testigos: “Fuentes de la investigación”, “fuentes judiciales consultadas” o “En el juzgado de Esquel afirman…”

– Utiliza la palabra “violencia” y vocablos de ese campo semántico para describir las acciones del pueblo mapuche o de aquellos que se manifiestan para reclamar la aparición de Maldonado, y no utiliza “violencia” ni “represión”, sino “desalojo”, para referirse a las acciones de Gendarmería.

Violencia, anarquía y, ya que estamos, terrorismo

Falsedades de Clarin: no existe tal declaración de guerra y Jones Huala no enfrenta cargos por terrorismo en Chile.

Pero el premio mayor a las coberturas interesadas se lo lleva Lanata, que en su programa del domingo 6 de agosto, presentó un “informe” sobre la organización RAM, vinculándola directamente al terrorismo, cuando todavía estaba fresca la noticia sobre la desaparición de Santiago Maldonado. La intención de Lanata de vincular a Maldonado con RAM y a ésta con el terrorismo fue tan marcada que no reparó en el error que cometió al mostrar la imagen de una supuesta pintada de RAM, donde en lugar de “Santiago” decía “Sebastián Maldonado”. Cabe aclarar que Maldonado no es militante político, como lo aseguró su hermano Sergio repetidas veces, y que la comunidad mapuche a la que se acercó no se relaciona directamente con RAM sino con el Movimiento Autónomo del Puel Mapu (MAP), pero estos datos no son relevantes si el objetivo es mostrar la supuesta violencia y el vandalismo de los mapuches y quienes los apoyan, y no la represión estatal que termina con un desaparecido.

No fue el único error de Lanata:

– Según el periódico “Resumen latinoamericano”, la Casa de Chubut en Buenos Aires no fue “destrozada a balazos”, como dijo Lanata, ya que está documentado “que no hubo utilización de armas de fuego por parte de quienes realizaron el escrache (hecho que, además, no fue reivindicado por la RAM)”.

– La investigación judicial nunca vinculó a la RAM con la muerte del sargento José Aigo como sugirió el informe de PPT. El hecho sucedió en 2012, a más de 300 kilómetros de la zona de origen de la RAM; y su autoría fue reconocida por las organizaciones chilenas Movimiento de Izquierda Revolucionaria y Frente Patriótico Manuel Rodriguez.

Después de la polémica desatada por el montaje de la nota sobre “El Polaquito”, a partir de la cual muchos acusaron al conductor de criminalizar a los menores, Lanata subió la apuesta y no dudó en criminalizar a los pueblos originarios de la Patagonia que reclaman el territorio ocupado por multinacionales como Benetton y, al mismo tiempo, desacreditar el reclamo de la aparición con vida de Santiago.

Usó para ello la peor palabra. No le importó el recuerdo de coberturas semejantes por parte de la prensa del Proceso cuando era necesario demonizar las luchas de los jóvenes y la organización de los trabajadores. No le importó el recuerdo más reciente de las invasiones imperialistas que se apoyaron en el combate al supuesto “terrorismo internacional”, para rapiñar recursos energéticos y poner en marcha otros prósperos negocios ligados a la guerra. No le importó nada, así como no le importaron los derechos de los niños en la cobertura anterior.

Con todo, la omisión sigue siendo uno de los recursos más importantes. Lo que no se dice es casi tan significativo como lo que se dice. Tanto el fundador de Página/12 como los cronistas de Clarín omitieron deliberadamente poner el foco en el accionar violento de Gendarmería, o en las frases desafortunadas de la ministra Patricia Bullrich. Ninguno mencionó tampoco la presencia de Pablo Nocetti, Jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación, durante el operativo donde desapareció el joven artesano, presencia que fue revelada públicamente por el periodista Ricardo Ragendorfer.

En su último programa televisivo, Lanata ratificó el siniestro abordaje y prosiguió con su campaña estigmatizadora antioriginaria. Aunque entrevistó en su lugar de prisión a Facundo Jones Huala, lo sometió a un contrapunto hostil donde no le importó no saber quién era Nocetti o confundir Estado con Nación, y negó que lo de Maldonado fuera una “desaparición forzada”, a pesar de la carátula judicial.

Victoria Aguirre y el “terrorismo” de las mujeres

Misiones, 2017. Victoria Aguirre es una joven de Oberá que permanece encarcelada tras haber recibido una injusta acusación: después de que su hija muriera a manos de su exconcubino, la Justicia la puso tras las rejas acusándola a ella del crimen y colocándole la calificación más grave. Su caso trascendió las fronteras provinciales y nacionales a partir de una campaña que puso en marcha la Mesa por la Absolución de Victoria Aguirre, un conjunto de organizaciones de género, políticas, sindicales y sociales que se dedicó a difundir el caso y conseguir adhesiones, en la convicción de que se trata de un caso de criminalización de las mujeres pobres y trabajadoras.

Luego de dos años y medio de espera, sobre el filo de julio comenzó el juicio oral y allí se pudo ver la verdadera cara de ciertos “profesionales” del periodismo, que apelaron a diferentes recursos para descalificar la campaña, y por consiguiente, la movilización de las organizaciones que levantaban la libertad de Victoria.

El posicionamiento de El Territorio, por ejemplo, no pudo advertirse claramente antes del juicio, ya que uno de los artículos, escrito por Silvia Godoy, comunicaba la versión de Victoria Aguirre a partir de una entrevista. Pero una vez empezado el juicio fue evidente el encuadre elegido:

– No mencionar a Victoria como víctima (como en el titular “Lágrimas y acusaciones cruzadas en el primer día del juicio por el crimen de Selene”)

– Dejarla mal parada en toda oportunidad que se preste para ello (lo que puede observarse en los titulares “Revés para defensa de Aguirre…”, “Médicos desacreditaron la principal coartada de la madre de Selene” y “Todos los dichos de Victoria se cayeron a pedazos con pruebas”)

– Criticar el activismo de las organizaciones sociales y de género (la frase que sirve de ejemplo corresponde a la última nota mencionada: “(Martín Moreira) Se mostró sorprendido por el grado de violencia de los partidarios por la absolución de Aguirre y recordó que, luego de la primera jornada de debate, se tuvo que retirar con custodia policial de la sede del tribunal.”

– Y exculpar lo máximo posible a Rolando Lovera (“Con lenguaje técnico, Quiñones precisó que ese día Lovera se encontraba en su lugar de trabajo cuando llegó la mujer con la nena, por lo que se confirmó que no estuvo cautiva.”, dato que fue desmentido en un comunicado por la Mesa por la Absolución de Victoria Aguirre).

El Territorio: desacreditando a la víctima

Tales tareas fueron desarrolladas, en particular, por el corresponsal del diario en Oberá, Daniel Villamea, quien también administra un blog personal, “Crónicas del Monte” y mantiene una cuenta de Facebook que recibe muchas visitas.

Villamea, que ostenta un perfil de supuesto “periodista de la gente”, y por lo tanto, suele caer en un sentido común bastante reaccionario cuando se trata de cubrir los paros docentes, por ejemplo, tuvo un resbalón vergonzoso cuando publicó el siguiente titular de tapa en la versión impresa del “decano”: “Revés para defensa de Aguirre en el juicio por la muerte de Selene”, con la bajada: “Fue rechazada la recusación planteada por supuesta parcialidad de Tribunal Penal Uno. El debate podría retomarse el martes, aunque presentarán nuevo recurso.”

La operación mediática era clara: adelantar una “filtración” del Tribunal dándola como versión oficial y no como trascendido y dar como trascendido algo que era simplemente una apuesta, y finalmente no se cumplió. La recusación fue rechazada oficialmente mucho después de lo asegurado por Villamea, y el juicio no se retomó, sino que, debido a la inhibición presentada por el Tribunal, fue anulado. El revés de la defensa de Aguirre se transformó en una pequeña victoria que le permitió a la joven tomar un respiro frente a lo que se percibía como una condena segura, por la manera en que se condujeron el tribunal y la fiscal.

Para Villamea un afiche es una agresión, las marchas son actividades terroristas.

Pero además de la campaña periodística, Villamea desplegó en Internet una suerte de cruzada contra las organizaciones sociales y los colectivos de género, que se observó en el blog “Crónicas del Monte” donde se despachó con los titulares: “Cobarde agresión de feministas a la fiscal del caso…” y “Victoria Aguirre, el juicio y el extremismo de género que lucra con la tragedia de Selene”.

Agresión, extremismo, y ya que estamos, terrorismo: el tono de la cruzada fue subiendo hasta llegar a la palabra empleada por Lanata. Dos veces en las redes sociales posteó sobre el “terrorismo” de las personas y las organizaciones involucradas en la luchas de género y contra la criminalización de la pobreza, en un acto que algunos de los afectados definieron como “provocación” y otros como un “intento desesperado” por frenar una versión que empezaba a tomar cuerpo y extensión.

Arenas de lucha

Los casos son muy diferentes y sus protagonistas mucho más, pero hay un hilo conductor que no deja de llamar la atención. No es casual que los grupos que son objeto de la criminalización tengan algún grado de movilización y/o visibilización social.

La represión del Estado y sus consecuencias más lamentables de torturas, muertes y desapariciones no terminaron en 1983, y todavía no pudimos decir “Nunca Más” sin caer en la mentira o por lo menos en la inexactitud: Víctor Choque, Teresa Rodríguez, Maximiliano Kosteki, Darío Santillán, Luciano Arruga, Mario Golemba, Julio López, Santiago Maldonado y tantos otros nos recordaron una y otra vez que el brazo armado del Estado está ahí para garantizar los intereses de la clase que lo maneja, aun al costo de los derechos humanos elementales. Belén, Higui, María Ovando y Victoria Aguirre, por su parte, nos recordaron que la opresión de la mujer se complementa con el mazazo del sistema punitivo y carcelario.

El periodismo, en muchos casos, fue leal a esos intereses, más o menos disimuladamente, más o menos desembozadamente. La mayor desfachatez de la que intentamos dar cuenta en esta nota tiene una base de apoyo en la conciencia ciudadana que recientemente se ha expresado a través de los votos, y va marcando el paso de las pretensiones del Gobierno con respecto al alcance de sus políticas represivas, ante la imposibilidad de conjurar la crisis económica y el inevitable agravamiento de la situación social.

Esta es la miseria de un periodismo cada vez más miserable, en el marco de la miseria de una política cada vez más miserable. Hay que fabricarse un escudo para la batalla ideológica, desmontar las operaciones que se propagan en el espacio público, e inmunizarse contra las agujas hipodérmicas de ciertas agendas hegemónicas, pero también hay que oponer resistencia en la arena de lucha definitoria.

(*) Periodista de revista superficie y profesora de la carrera de Comunicación Social de la UNaM.