El punk del Patotí

Ilan Amores es músico. Habitante del barrio Patotí, hizo sus primeras andanzas punkies tocando en bandas de Posadas, y hoy es bajista de una de las agrupaciones más legendarias del punk latino: Argies.

Por Sergio Alvez (*)

  1. Un niño de seis años, recostado contra una de las paredes del lugar, observa atónito el inaudito e hipnótico espectáculo de un hombre sentado a una silleta aporreando una batería. El niño nunca ha visto nada semejante. Los ojos como de huevos fritos del instrumentista, la cadencia alquímica que se volatiliza en el ambiente cada vez que los palillos golpean los parches. Pocas personas han venido a ver a la banda esta noche, en El Rancho, esquina clásica del tradicional barrio Bajada Vieja. El Paraná cerquita, aun respira. El niño observa. Mueve sus manos al compás. No olvidará nunca más esa escena. Esa noche, el niño supo que quería ser músico.
  2. Ilan Amores (23) nació y pasó su primera infancia en el corazón del barrio de Belgrano, en la entonces Capital Federal. Vida de edificios y calles negadas a la niñez. “Mi madre es de Posadas, y mi padre es padre de Chaco. Después de estudiar fueron a probar suerte en Buenos Aires. Entonces nací ahí. Vivía en un departamento. No tenía amigos, no se jugaba afuera, es una vida donde te relacionás mal con el otro. Yo iba a un colegio inglés, al cual mis viejos me mandaban con mucho esfuerzo, no es que la guita sobraba”, recuerda Ilan, ahora sentado en el patio de la casona donde se acordó la entrevista con revista superficie.

    Es una noche cálida, el viento mueve las hojas del cocú. Ilan sorbe el primer trago de cerveza de esta noche. “Después del verano ese en Posadas, en el que vi ese baterista en El Rancho, yo ya empecé a joder en mi casa con que quería una batería. Mi vieja me dijo que eso no era un juguete, que tenía que estudiar. Entonces me mandaron a un profesor, en una galería, y así empecé hasta que el profesor les dijo a mis padres que si podían me comprasen un instrumento. Entonces comencé mirando baterías, sabía todo, conocía los catálogos, quería saber todo, ese era mi mundo y después, cuando se pudo me dieron una mano y yo vendí unas cartas de Pokemon que tenía, hicimos una tramoya por Mercado Libre y a 300 pesos conseguimos un Frappa. Esa fue mi primera batería”.

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  4. Un corto trecho separa al barrio Patotí del río Paraná. Considerado uno de los vecindarios más tradicionales de Posadas, el Patotí no fue alcanzado –como sí sus vecinos El Brete, Tiro Federal y otros- por las destrucciones y transformaciones propiciadas por las inundaciones que ocasionó la represa Yacyretá en la ribera posadeña. Sin embargo, los negocios inmobiliarios, una suerte de enroque social y otros cambios atribuibles a esa falsa noción de “progreso y desarrollo”, modificaron por completo la fisonomía barrial. Poco y nada queda ya de aquel Patotí con montes y arroyos libres, donde la gurisada jugaba libre en sus rincones. Año 2001, el barrio está cambiando. La peor crisis socio económica que recuerde la sociedad argentina trunca sueños y siembra desesperación de punta a punta de la patria. Los padres de Ilan Amores, atosigados como cientos de miles por esa coyuntura, deciden buscar nuevos rumbos en la tierra colorada. “Me convencieron diciéndome que en Posadas iba a poder andar en bici, tener amigos, jugar en la calle, tener perro, esas cosas, que son muy fuertes para un pibe que estaba acostumbrado al encierro del departamento” cuenta Ilan.

    Así, una esquina del Patotí albergó la nueva vida familiar.

  5. Con sus pelos parados, sus atuendos negros y rockeros, el niño Ilan era un bicho raro en la fauna posadeña. Un niño rockero. Ya con las escuchas de sus primeros discos (“los que había en casa: Maná, Fito Paez, Silvio Rodríguez”) y en pleno descubrimiento de la camada punk rock que despuntaba con LimpBizkit y Green Day (“eso me hizo explotar la cabeza”), Ilan comenzó a buscar secuaces para sus andanzas musicales. “Cuando llegué a Posadas empecé en un colegio pero después me cambié a otro. En ese segundo colegio conocí a un pibe más grande que tocaba la guitarra. Nos juntábamos a tocar. Pero después lo ubiqué al Enano Johny, y armamos un grupo que se llamaba Anarkía, donde estaba además Diego Laffata, un amigo que se compró un bajo. Con ese grupo tocamos un par de temas de Dos minutos. Tocábamos en la escuela, y después vino nuestro primer recital en La Mexicana (popular antro rockero de la Posadas de principios del siglo XXI)”.

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    Por aquel entonces, recuerda Ilan, tomaría contacto –“a través de El Naipe, otro amigo”- con un músico que marcaría a fuego su formación artística. “Doy con Antonello Diosdado, baterista de Neto, y comienzo a tomar clases con él. Él me transmitió enseñanzas muy valiosas, musicales y de las otras, de cómo hay que ayudarse, bancarse, de cosas que tienen que ver con las grabaciones, con los shows. Aprendí todo de Anto. Me saco el sombrero y guardo un alto respeto y cariño”, dice Ilan.

    Anarkía duró unos meses, y tras su disolución, Ilan y el bajista de esa banda forman un nuevo engendro: Cara rota. Esta formación tenía a Guille Pier en voz y Cristian Ruiz en viola. “En ese momento yo estaba escuchando hardcore, punk, medio melódico, pero también escuchaba a Neto y estaba viendo como era la movida del under de Posadas. Me transmitieron eso; esa fue mi escuela en ese sentido. Dejé de interesarme tanto por las bandas que me estaban interesando, y me empecé a dar cuenta del valor de lo que estaba a mi alrededor. Acá estaba Ediktos Juveniles, Captain Howdy, y otras bandas que me gustaban. Con esa gente aprendí bocha. Yo decía qué capos, yo quiero eso. Nos llevaba a tocar a La Mexicana, yo era muy pibe, nos escondían cuando caía la Muni. Eramos re ilegales”, dice Ilan, y enseguida mecha aquel recuerdo con el de su primer gran show en vivo como espectador: Dos Minutos en la Casa Paraguaya. “Me llevó el Naipe y me bancó. Porque yo era un pibito, un porteñito. No tenía pelos en las bolas pero me iba a ver a Dos Minutos. El Seco, el bajista del Ediktos, me cuidó esa noche hasta que llegó Naipe. Yo tenía 11 años”.

    Con Cara rota llegaron los primeros conciertos fuera de Posadas –Candelaria, Campo Viera- y los primeros reconocimientos por parte de otros músicos. Cuando la banda se separó, Ilan formó Sick Lovers, un trío influenciado por bandas como Social Distorsion o Shaila, que tuvo un verano mágico y hasta llegó a producir conciertos de bandas invitadas en Posadas. En paralelo, tocaba en Depende el día, otra banda de amigos. Al terminar la estación, Ilan volvió a Buenos Aires, esta vez para estudiar música.

  6. El Instituto Tecnológico de Música Contemporánea fue fundado en 1990. Más de tres mil músicos se han formado en esa institución desde entonces hasta ahora. Algunos han llegado a formar parte de las bandas de músicos como Luis Alberto Spinetta, Virus, Fito Páez, Alejandro Lerner, Christian Castro, entre otros.

    En esta academia, Ilan Amores profundizó durante tres años, sus estudios de la música popular, especializándose en la batería. “Aprendí muchísimo. Altas mañas me enseñaron” resume el multiinstrumentista del Patotí.

    Al finalizar esta etapa, se abrirían las puertas de otra institución: Argies.

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  8. “Argies” es la nomenclatura anglo con que los ingleses se referían despectivamente a los argentinos durante y luego de la guerra de Malvinas. Es también el nombre de una de las bandas más legendarias del punk argentino. Formada a poco de caer la última dictadura cívico militar, la banda creció en sótanos de Rosario hasta alcanzar, años después, un reconocimiento internacional que la ha llevado a tocar en decenas de países. “Lejos de ser nacionalistas, el nombre nos vincula con las minorías despreciadas y marginadas del mundo”, se auto definen los Argies. El grupo compartió shows con Die Toten Hosen en siete oportunidades; ha tocado además con Bad Religion, Agnostic Front, Suicidal Tendencies, The Damned, GBH, TV Smith, The Vibrators, Last Resort, The Exploited, Ska-p, Anti Flag, Millencolin, Poison Idea, The Slackers, The Business, Oi Polloi, The Lurkers, Toy Dolls, MDC (Millons Dead Cops), Anti Nowhere League, Total Chaos, Disorder, Conflict, US Bombs, Nomeansno, Deadline, Against Me, Dritte Wahl, Terror gruppe, Restarts, The Adicts, Die Lokal matadore, Los Fastidios, Klasse Kriminale, Sick on the bus, Guitar Gangsters, Fermín Muguruza (ex Negu Gorriak y Kortatu), Todos tus muertos, Los Violadores, Attaque 77 y muchos más.

    Desde hace unos años, dos músicos de la tierra colorada tocan en sus filas: Hollie (guitarra, coros) e Ilan Amores (bajo, coros). Cuenta Ilan: “yo conocía a David, el cantante, de haber estado laburando como asistente un par de veces. Yo sabía que todos los años cuando se iban de gira por Europa o México, llevaban a alguien para vender discos, remeras, esas cosas. Y cada año les escribía para pedirle de ir, pero siempre había alguien ya asignado. Hasta que en agosto de 2012, me escriben para decirme que podría ir a la gira de 2013. Me volví loco. Ese fue el comienzo. Ese viaje. Después el bajista que estaba decidió alejarse del grupo, y fue ahí cuando me puse a disposición. Le dije al cantante, yo sé tocar el bajo y sé todas las canciones. Yo tengo que estar. Me acuerdo que usé la frase “estoy genuinamente interesado” en ser el bajista. Le dije que yo no iba a pelotudear por más que tenía la mitad de la edad del cantante. No vas a encontrar nadie que tenga estas ganas, este lugar es mío, sí o sí, le dije. Unos meses después, yo estaba con el Gastón, un amigo, en el Parque Paraguayo viendo un amanecer de la san puta, y cuando volvía a mi casa, me tiro a leer los mails, y ahí estaba el de Argies diciéndome que me iban a probar. Ahí mi vida cambió”.

    Desde entonces, Ilan, como bajista de Argies, ha recorrido escenarios en más de 20 países, y ha grabado instrumentos y voces en varios temas de la banda.

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  10. Paralelamente a su actividad en Argies, Ilan Amores toca y canta en La 1422, formación con epicentro porteño, que fusionando rock, reggae, dub, ska, punk, y otros ritmos, promete ganarse un lugar en las ligas mayores de la movida latinoamericana. “Estoy además, armando un disco solista” anticipa, ya con la última birra vacía y los kioscos fatalmente cerrados en la alta madrugada. Hay un piano en el living. La despedida será entonces, musical. Aquí el registro del momento:

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Audio: hit the road Jack (ray charles) – Ilan Amores

(*) Cronista y director revista superficie.