El Plan Cóndor, según el testimonio de Martín Almada

El Plan Cóndor, según el testimonio de Martín Almada

El Premio Nobel Alternativo de la Paz, el paraguayo Martín Almada, tuvo un papel fundamental en el descubrimiento de los llamados “Archivos del Terror” del Paraguay, que permitieron corroborar la existencia de la coordinación represiva llamada Plan Cóndor, orquestada entre las dictaduras de América del Sur con el auspicio de los Estados Unidos. Como parte del ejercicio de la memoria que nos proponemos desde revista superficie este 24 de marzo, rescatamos fragmentos de algunos testimonios suyos acerca del pacto macabro que sobrevoló a partir de 1976 (e incluso antes) Paraguay, Argentina y el resto del Cono Sur latinoamericano, uniéndonos una vez más en una trama de historias trágicas pero también heroicas.

Martín Almada, abogado y educador, sufrió la cárcel, la tortura y el exilio por parte de la dictadura de Alfredo Stroessner en Paraguay. Desde el mismo momento en que lo detuvieron, el 26 de noviembre de 1974, Almada pensó en la posibilidad de una conspiración internacional. “Fui secuestrado en mi lugar de trabajo por la policía política y llevado directamente ante un tribunal militar integrado por autoridades paraguayas, civiles y militares, y por los agregados militares de la Argentina, Brasil, Chile, Bolivia y Uruguay. Me imputaron haber escrito mi tesis doctoral, en La Plata, titulada Paraguay. Educación y dependencia”, contó al diario argentino La Nación el 21 de octubre del 2001.

Martín Almada - ficha

Al poco tiempo de su detención, trasladaron al docente a la Comisaría Primera de Asunción, donde escuchó hablar del “Cóndor” por primera vez. “Un día fue puesto en nuestra celda el comisario Mario Mancuello, castigado por no haber informado que su hijo Carlos pertenecía al Centro de Estudiantes de la Universidad de La Plata. Yo quería saber cómo había muerto mi esposa y por qué me interrogaban militares extranjeros. ‘Martín Almada, me respondió, estamos en las garras del Cóndor’.” (ibídem)

La sospecha inicial de Almada tenía ahora nombre y apellido: “Operación Cóndor”, y una descripción: se trataba de un entramado de inteligencia y despliegue militar a través del cual las respectivas cúpulas gobernantes de Argentina, Chile, Uruguay, Brasil y Paraguay intercambiaban información y actuaban conjuntamente para reprimir o trasladar de un país a otro a los supuestos “subversivos”, utilizando los sangrientos métodos del terror de Estado.

La imagen del Cóndor, cada vez más nítida

Martín Almada estaba acusado de ser un “terrorista intelectual”, y en vano clamó su inocencia ante Pastor Coronel, el temible Jefe de la Policía de Asunción. Por mala conducta, lo llevaron el 3 de mayo de 1975 a la prisión de alta seguridad de Emboscada, bautizada como “el sepulcro de los vivos”. El expreso político relata en la misma entrevista: “Me parecía haber sido transportado a una de esas prisiones romanas de la era esclavista que, siendo niño, había visto en la película Quo Vadis? durante Semana Santa. Una verdadera jaula. Desde el exterior, oficiales y sargentos nos observaban como a seres extraños, venidos de otro planeta. No existíamos, en suma. En la celda contigua, pero en peor condición que nosotros, estaba un argentino, Amílcar Latino Santucho, abogado. Me comentó que había pasado por el vía crucis del Tribunal Militar Cóndor con su compañero chileno, Jorge Isaac Fuentes Alarcón, del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Fue la segunda vez que escuché que estábamos en las garras del Cóndor.

Martín Almada - museo

La imagen cada vez más nítida de un operativo a escala trasnacional se confirmó en las palabras de su compañera de celda, Gladys Meilinger de Sannemann, médica paraguaya que trabajaba en un sanatorio de Candelaria, Misiones, y fue secuestrada por las Fuerzas Armadas argentinas hace justo 40 años y luego entregada a la policía paraguaya. “La doctora Sannemann me contó que éramos víctimas de la alianza militar y política de intercambio de información, ubicación de supuestos subversivos o terroristas, y tortura, ejecución o traslado, sin más protocolo o pase libre de cualquier país miembro. En ese momento ya tenía claro el panorama. También conocí en ese infierno a un joven estudiante argentino, Oscar Rojas, muy católico, entregado a las autoridades argentinas.” (ibídem).

El descubrimiento de los Archivos del Terror

En ese último centro clandestino, Almada hizo huelga de hambre por 30 días y logró la intervención de Amnistía Internacional y del Comité Inter-Iglesias del Paraguay, lo que finalmente desembocó en su liberación el 27 de septiembre de 1977. Nuevamente perseguido, buscó asilo en la embajada de Panamá y se exilió en ese país en febrero de 1978.

Con la caída de la dictadura stronista en 1989 y la reforma constitucional para incorporar el derecho de hábeas data en junio de 1992, el profesor y abogado emprendió la tarea de reconstruir su paso por aquellos sitios oscuros, pero no consiguió suficiente información.

Un día, se encontró con una mujer de más de 70 años, que le paró en la calle y lo reconoció por su nombre. “Nos abrazamos, emocionados. Después cambió de actitud. ‘Ah, ustedes, los que se fueron, vuelven como héroes, y nosotros, los que nos quedamos, seguimos sufriendo -me dijo-. Pastor Coronel me sacó por la fuerza esa propiedad que usted ve allí. No se acerque a ella en vísperas de mal tiempo -me dijo-, porque jóvenes argentinos, uruguayos, chilenos, lloran, piden socorro a gritos’. ‘¿Viven allí?’, le pregunté. ‘No -me dijo-, son sus almas en pena’.” (ibídem).

La anciana había señalado la comisaría de Lambaré y fue precisamente en esa propiedad donde poco tiempo después, el 22 de diciembre de 1992, se hizo el gran descubrimiento: los documentos secretos del régimen de Stroessner, algunos de los cuales hacían clara referencia al Plan Cóndor. La infidencia de una esposa engañada, realizada personalmente a Almada en su oficina, dio lugar al allanamiento ordenado por el juez José Agustín Fernández.

Martín Almada - Lugar del Archivo

Lo que se descubrió en ese lugar no puede medirse: toneladas de papeles con sellos oficiales de la dictadura paraguaya, la más larga de América del Sur (de 1954 a 1989), y además documentación probatoria de la causa común desarrollada con sus pares de la región.

Antes y después de la formalización

Uno de los dossiers encontrados, por ejemplo, da cuenta de una de las primeras reuniones para “formalizar” el Plan Cóndor, que en realidad estaba vigente desde principios de la década de los ´70. “…Hemos estimado que debemos contar en el ámbito internacional no con un mando centralizado en su accionar interno, sino con una coordinación eficaz que permita un intercambio oportuno de informaciones y experiencias…”, dicen los fundamentos de la Primera Reunión de Trabajo de Inteligencia Nacional, organizada entre el 25 de noviembre y el 1º de diciembre de 1975, en Santiago de Chile, por el coronel Manuel Contreras, al frente de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA). Y agregan: “La subversión desde hace algunos años se encuentra presente en nuestro continente, amparada por concepciones políticas y económicas que son fundamentalmente contrarias a la historia, a la filosofía, a la religión y a las costumbres propias de los países de nuestro hemisferio. Esta situación descripta no reconoce fronteras ni países y la infiltración penetra todos los niveles de la vida nacional.

Antes de esta fecha, sin embargo, la conexión entre las Fuerzas Armadas de los distintos Estados ya se había cobrado sus primeras víctimas, entre ellas, el general chileno Carlos Prats, comandante en jefe del ejército durante el gobierno de Allende, y su mujer, Sofía Cuthbert, asesinados el 30 de septiembre de 1974 en Buenos Aires; Bernardo Leighton, dirigente de la democracia cristiana chilena, y su mujer, Anita, heridos de gravedad, el 6 de octubre de 1975, en Roma; y el propio Almada, que fue vigilado en Argentina durante los gobiernos de Lanusse, Cámpora y Perón, en los años que duró su beca para el Doctorado en Ciencias de la Educación (1972-1974). Él mismo lo cuenta en una declaración sobre el Plan Cóndor en las Universidades:

Mi experiencia personal con el Plan Cóndor en el ámbito universitario fue en la Universidad Nacional de Plata, en abril de 1972, donde realicé mis estudios de Doctorado en Ciencias de la Educación, en calidad de becario del gobierno argentino.
En forma muy casual me encontré en dicha universidad con el Agregado Militar de Argentina en Paraguay, coronel Juan Carlos Moreno. Lo conocía porque fui Director del Instituto Juan Bautista Alberdi de Paraguay que mantenía una estrecha relación con dicha Representación Diplomática en Asunción (…) 
El Coronel Moreno me explicó que se había jubilado como militar y que en ese momento se desempeñaba como Asesor Técnico del Rector, Dr. Guillermo Gallo, también ex militar, y ex asesor de las universidades brasileñas también controladas por los militares.
Treinta años después tomé conciencia que la labor específica del coronel de inteligencia Juan Carlos Moreno en la Universidad de La Plata, fue la preparación de la lista de los subversivos, estudiantes y profesores que posteriormente fueron detenidos, torturados, desaparecidos, y/o exiliados. Esta es la prueba que nuestra ignorancia de ayer y hoy fue planificada con una gran sabiduría desde Washington a través del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y el Banco de Desarrollo Interamericano.
” (“La conspiración contra la sociedad del conocimiento en América Latina. La memoria del Plan Cóndor Universitario”, Asunción, marzo de 2008, disponible en http://www.martinalmada.org/articoli/articulos54.html)

Los casos más resonantes, no obstante, ocurrieron después de 1976, y tuvo particular impacto el asesinato del excanciller de Allende Orlando Letelier en plena ciudad de Washington D.C., el 26 de septiembre de 1976, sobre el que trata el documental que transmite por estos días el canal Discovery Theater, “La estrategia del Cóndor”. El periodista Rafael Otero Echeverría demostró que un grupo de cubanos comandados por agentes de la CIA, habían sido los que planearon y ejecutaron el crimen de Letelier, pero esto no fue tomado en cuenta por la justicia chilena.

La historia de Gladys Meilinger de Sannemann: el Cóndor en Misiones

Martín Almada - retrato Gladys

Así como Martín Almada, Meilinger de Sannemann fue una víctima más del Plan Cóndor, y al igual que su compañero encarcelado, sobrevivió al terror gracias a la intervención de una embajada extranjera, en el caso de Gladys, la embajada alemana en Buenos Aires.

Luego de haber sido entregada en julio de 1976 a la policía paraguaya, la médica estuvo en el campo de concentración de Emboscada hasta el 19 de marzo de 1977, para volver a ser entregada a las autoridades argentinas, que la confinaron en la tristemente célebre Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). Cuenta Mielinger de Sannemann en su libro “Paraguay en el Operativo Cóndor” (publicado tres años antes de que se descubrieran los Archivos del Terror), que luego de las gestiones diplomáticas fue expulsada de Buenos Aires “sin documentación, sin dinero y sin vestimenta” (p. 15).

En su obra, la sobreviviente reproduce las primeras informaciones que se conocieron sobre esta “siniestra organización multinacional”. Jhon Dinges y Saúl Landau hablan de ella a propósito del crimen de Letelier, ya mencionado, en su libro “Asesinato en el barrio de las embajadas”. En las páginas de Washington Post aparece tres años más tarde, en 1979, un artículo firmado por Jack Anderson, con el título “El Cóndor: los criminales latinoamericanos”, donde se hace referencia a esta “corporación internacional de la muerte”. Pero el primero en nombrarlo fue el periodista británico Richard Gott, que el 4 de junio de 1976 contaba en The Guardian acerca del método represivo usado para “sacar del medio” a los que resistían contra las dictaduras, y responsabilizaba del plan a los Estados Unidos de América y en particular, a su secretario de Estado, Henry Kissinger (p. 17).

Asegura Sannemann: “Estoy convencida que existió este pacto o convenio político-militar, doctrina de la Seguridad Nacional Occidental y Cristiana (política denominada “Democracia sin comunismo”)… Por esta forma de represión castrense y policial, un ciudadano exiliado de cualquier país podría ser: muerto, desaparecido, preso, estar bajo vigilancia de la policía del lugar o de su país (residencia, teléfono, correspondencias, visitas, etc.), obligado a renunciar a sus actividades políticas, ser secuestrado y enviado a su país de origen a pedido de las fuerzas represivas requirentes.” (p. 14.)

Martín Almada - jerarcas

El caso de Gladys involucra particularmente a los misioneros, porque sucedió en Candelaria, el mismo día del Golpe de Estado. Y ella nombra en su libro a otro colega suyo, Agustín Goiburú, que también eligió residir un tiempo en Misiones, y cuya cabeza pidió Stroessner. Sannemann (quien falleció en el 2014) y Goiburú son dos de los más de 70 paraguayos detenidos y/o desaparecidos en la Argentina en los años del llamado “Proceso de Reorganización Nacional”, según el material de difusión elaborado por la Fundación “Celestina Pérez de Almada” y el Museo Memorias: Dictadura y Derechos Humanos del Paraguay.

Referencias y fotografías: Sitio oficial de Martín Almada: www.martinalmada.org y publicaciones periodísticas

Bibliografía
MEILINGER DE SANNEMANN, Gladys, Paraguay en el operativo Cóndor. Represión e intercambio clandestino de prisioneros políticos en el Cono Sur, Asunción, Ministerio de Educación y Culto, 1994 (tercera edición).