De la esclavitud a la rebelión (primera parte)

En Misiones, los trabajadores de la yerba mate y los peones del Mercado Central constituyen dos sectores laborales históricamente explotados por sus patrones en complicidad con el Estado. Desde hace unos años, a través de la organización y la práctica sindical, buscan revertir su situación. Un arduo camino de resistencias y esperanzas.

Por Sergio Alvez (*)

1. Lunes 11 de agosto de 2014. Después de caminar más de 180 kilómetros durante siete días, varias familias cuyo sustento es el trabajo en los yerbales, arriban al centro posadeño, con pancartas y banderas que expresan sus consignas. “El placer de tomar mate no puede descansar en la esclavitud del tarefero”; “Basta de trabajo esclavo en los yerbales”; “Sinceridad falta en la actividad yerbatera, Aguantadora es la espalda del tarefero” (en referencia a dos marcas de yerba), se lee en algunos de los trapos. Muchos otros carteles expresan el repudio a la ANSES, organismo al cual han venido a exigirle lo mismo que la Justicia ya dictaminó: que les devuelvan a los tareferos el dinero de asignaciones indebidamente retenidas siete años atrás.

Varias organizaciones sociales acercan su solidaridad, bajo una consigna que surge desde los grupos de base que conforman la autodenominada Multisectorial Social de Misiones: unidad de los trabajadores.

Entre estos grupos, están allí con su larga bandera argentina los muchachos del Sindicato de Trabajadores, Peones y Afines del Mercado Central de Misiones. Son más de veinte y no han dormido: vinieron directo desde el predio del Mercado tras pasarse toda la noche descargando bultos de verdura.

Se produce entonces un encuentro histórico entre dos de los sectores laborales que bien podrían ser calificados como los más castigados de toda la provincia de Misiones: tareferos y “changarines” del Mercado Central.

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2. Son varios los puntos en los cuales la actividad de los trabajadores tareferos converge con la de los peones del Mercado Central. Además de la aspereza de las tareas que realizan, tanto en los yerbales como en el Mercado Central predominan las condiciones laborales que los patrones imponen desde la ilegalidad: pagas miserables, explotación horaria, precarización, abusos, trabajo infantil. Son éstas coyunturas históricas que parten desde la inescrupulosidad empresarial (yerbateros en el caso de los tareferos; operadores en el caso del Mercado Central) pero que logran mantenerse gracias a la complicidad del Estado, materializada en la inacción de un Ministerio de Trabajo provincial que en ambos casos siempre juega para el patrón.

Desde hace unos años, tareferos y peones del Central tienen algo más en común: haber abrazado la organización colectiva como única forma posible de romper la espiral esclavista. Con procesos que fueron decantando en tiempo y formas diferentes, tanto tareferos como trabajadores del Mercado encontraron la posibilidad de organizarse, formarse y empezar a luchar, bajo el ala provincial de la Central de Trabajadores de la Argentina.

3. Alejandro Fidela es secretario general del Sindicato de de Trabajadores, Peones y Afines del Mercado Central de Misiones, y conoce como nadie el turbio entramado que se teje entre la patronal de los peones y el poder político. Esta complicidad aún vigente es, para Fidela, una de las causas principales por las cuales en el Mercado Central de Misiones ha sido posible —y en cierta medida lo es— someter a los trabajadores a condiciones de “esclavitud moderna” desde la creación del Mercado en 1985 hasta la creación del sindicato en 2010.

La persecución contra Fidela y el grupo de trabajadores que dio inicio a la actividad sindical fue inmediata. “Nosotros veníamos denunciando irregularidades desde 2008; de este modo en 2010 nos juntamos para avanzar con la creación de un sindicato, pero inmediatamente conocido el objetivo, al predio del Mercado ya no nos dejaron ingresar, empezaron a perseguirnos. Formamos el sindicato para defender a los trabajadores, para sacarlos de la esclavitud, para combatir el trabajo infantil que hoy podemos decir está erradicado en el Mercado gracias al sindicato; le hicimos conocer al trabajador sus derechos y eso nos ha costado y nos cuesta sangre”, cuenta Fidela.

El Mercado Central es un ente mixto presidido por Juan Ramón Rodríguez, allegado directo del gobernador Maurice Closs. Su directorio está integrado, entre otras personas, por dos intendentes, Luis Araujo (Intendente de Jardín América) y Miguel Ángel Dos Santos (Intendente de San Pedro), el jefe de Asesores del Gobernador, Enrique Gross, y la Directora Provincial del Registro de las Personas, Virginia Soto.

En sus galpones, comercializan verduras y frutas los llamados “operadores”, empresarios que a su vez contratan a los peones para descargar y cargar los cajones y bolsas de los camiones. Con la complicidad del directorio, la mayoría de los operadores ejercen explotación laboral contra los peones. “Me consta que han muerto personas en el Mercado por exceso de trabajo o por el cambio de clima al entrar en las cámaras, pero nadie hace nada; hay mucha explotación, muchos abusos, pero con la lucha y la organización de los trabajadores estamos consiguiendo condiciones más dignas; es una pelea dura, de todos los días”, aporta Fidela.

El año pasado, el sindicato de trabajadores del Mercado inició una ardua pelea para que los operadores aumenten la paga por bulto descargado. La respuesta no se hizo esperar. En la noche del lunes 25 de noviembre, mientras los trabajadores estaban reunidos en asamblea, misteriosamente se cortó la luz y se apagaron las cámaras de seguridad. Más de 150 efectivos policiales —de Infantería, GOE, Comando Radioeléctrico, de la Comisaría Décima y varios de civil— con una orden del juez César Yaya —exfuncionario del actual gobierno provincial— atacaron a los asambleístas y se llevaron detenidos a un delegado sindical y dos trabajadores, acusados de “extorsionar” a los pobres empresarios. Se los llevaron detenidos y los liberaron un par de días después, tras haberlos torturado (ver *[Cacería de Brujas](http://revistasuperficie.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=812:caceria-de-brujas&catid=14:misiones&Itemid=21)*, en el archivo de esta revista).

Este episodio logró reforzar la unidad de los trabajadores del Mercado Central, quienes no cedieron en sus reclamos y pudieron llegar a una victoria. Sin embargo, son constantes los hostigamientos judiciales a los sindicalistas del Mercado, así como las detenciones con causas inventadas, que tienen como única finalidad —infructuosa, por otra parte— la de debilitar la organización.

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Con respecto a los tareferos, apunta el profesor Daniel Cantero en un artículo publicado por *revista superficie* este año: “En 1630 se produjo la primera asamblea de tareferos conocida. Las actas de esa reunión, transcriptas por el padre Antonio Ruiz de Montoya, llegaron hasta nosotros y nos permiten escuchar, maravillados, la voz de los guaraníes del Guayrá que manifestaban sus problemas, los abusos que sufrían y la indiferencia de las autoridades”.

Por su parte, la antropóloga Lida Martinez Chas, en el capítulo “Construcción de la identidad anarquista de Kanner” de su tesis sobre Marcos Kanner, un líder anarquista —luego comunista— y sindicalista , sostiene: “Rafael Barret fue un escritor que abordó la problemática de los obreros de la yerba mate en el Paraguay. Las lecturas de sus denuncias construyeron en Kanner el predicamento enunciativo en todos los recorridos de las fondas de la región histórica; asimismo, definieron su posterior establecimiento definitivo en el territorio misionero”. Aquellos intentos de Kanner por organizar sindicalmente a los peones yerbateros se remontan a la segunda década del siglo veinte.

Estos intentos primigenios de un sector —antes los mensú, luego tareferos— históricamente castigado por la explotación laboral, se fueron desvaneciendo en décadas posteriores, hasta que la mecha de la rebeldía volvió a encenderse con fuerza en la localidad de Montecarlo.

Esto dice el acta de conformación del Sindicato de Tareferos y Trabajadores Temporarios:

En la ciudad de Montecarlo Departamento del mismo nombre a los 22 días del mes de febrero 2011 se reúnen los Tareferos trabajadores de la yerba mate a fin de fundar el SINDICATO DE TRABAJADORES TAREFEROS DE LA YERBA MATE DE LA PCIA DE MISIONES, toma la palabra Omar Galeano y nomina a Cristobal Maidana como presidente de la asamblea y a Sonia Lemos como secretaria, para refrendar el acta a los compañeros José Alberto Galeano y Luisa Insaurralde.

La organización sindical, además de constituirse como un hito histórico, se configuró, al igual que en el caso de los peones del Mercado Central, en el marco de un clima de fuerte resistencia por parte del poder de turno, aliado a las patronales.

Este rechazo oficial por la organización de los trabajadores se vio reflejado en la persecución y la judicialización de los principales referentes del nuevo camino de formación y lucha, especialmente en la campaña de acosos y ataques —que incluyó a medios de comunicación y periodistas fuertemente influenciados por la publicidad oficial— emprendida contra el docente e historiador Ruben Ortiz, una figura clave en el proceso organizativo del sindicato de tareferos.

Cuenta Cristóbal Maidana, secretario general del gremio: “Un grupo de mujeres comenzó la lucha. Luego éramos un grupo de 15 personas que nos animamos. Ahí comienzan los primeros cortes de ruta. El gobierno nos mandaba a la Gendarmería, nos persiguió a nosotros y a los que nos acompañaban, nos mandaban bolsitas de comida y protegían a los corruptos. Hacíamos reuniones en las plazas, en las casas, de a poco se fueron sumando cada vez mas tareferos que habían sido estafados y la lucha fue creciendo. Hubo mucha gente que tuvo que ver con esto. Nombrar sería injusto porque puedo olvidarme de alguien pero la gente sabe quiénes son. Desde la CTA, nos capacitaron, nos formaron para que conozcamos nuestros derechos, y qué es lo que había sucedido con nuestras asignaciones, se nos dio acompañamiento jurídico y la posibilidad de organizarnos en un sindicato. Los compañeros de CTA y todos los demás grupos o personas que nos acompañaron, que fueron muchos, lo que hicieron fue llenarnos de orgullo, hacernos ver que no teníamos que tener vergüenza por ser tareferos y humildes. Nos enseñaron a luchar por nuestros derechos”.

Imágenes: La Rastrojera y Sindicato de Trabajadores del Mercado Central.

(*) Comunicador popular. Cronista de revista superficie.