Carta abierta de la madre de Mario Golemba

Al cumplirse ya un mes de la ausencia física de Antonio Golemba, agradezco a Revista Superficie por darme un espacio para así poder desahogar un poco el dolor que venimos sufriendo desde ya hace 8 años, tanto mi familia, como yo. Soy Irma Komka, la esposa de Antonio y mamá de Mario Golemba. Como sabrán, Antonio dejó este mundo después de vivir 8 años de lucha en constante agonía.

En primer lugar, quiero agradecer a todos los que nos acompañaron, a tantas personas que, sin siquiera conocerlos, nos dieron palabras de aliento; además, a los periodistas, que difundieron en los medios nuestro caso; a los que siempre nos acompañaron, especialmente al periodista y amigo Sergio Alvez, que en la lucha siempre estuvo y está con nosotros; a nuestra abogada, la Dra. Mónica Sosa; así también a los diferentes medios, tanto radiales como televisivos que cubrieron el “caso de Mario”. En fin, agradecer a todos los que nos ayudan para que la desaparición de Mario no quede en el olvido.
Pero quiero aprovechar la ocasión, para dirigirme también a los malvivientes que destruyeron nuestras vidas. Deben saber que no sólo nos quitaron a Mario, ahora también a Antonio, quien luego de tanto dolor, su vida se le fue apagando lentamente y no pudo resistir una angustia tan grande, sentimiento que sólo aquel que lo experimenta, puede saber a qué estoy haciendo referencia.
Después de estos años llegué a hacerme una pregunta: ¿son seres humanos los que actúan con tanta crueldad sin causa alguna? Ante tanta desazón al no encontrar las respuestas necesarias estoy muy agobiada, triste por perder a mi hijo y ahora a mi esposo, mi leal compañero de lucha. Pero deben saber que con mi familia –o lo que me queda de ella- seguiremos luchando, ¡ahora con más fuerza! Aunque el dolor sea más grande aún, no vamos a bajar los brazos hasta saber la completa verdad, para que ustedes, los que llegaron a nuestras vidas para destruirlas, paguen; así también los que colaboraron para que el caso quede impune -como se hizo y se hace con tantos otros casos- tengan que dar cuenta, pues son cómplices de todo lo que ha sucedido.
Si bien, luego de experimentar tantas decepciones, no confiamos en la justicia de este mundo, bien sabemos que ante los ojos de Dios nada se oculta. Su justicia, aunque a veces tarda, ¡es segura! Llegará con todo el peso del rigor de nuestro Padre, porque el llanto del que sufre, llega a la presencia de Dios y Él, en el nombre de Jesús, hará juicio justo a los culpables de este dolor.
Necesitaba escribir estas líneas -a modo de carta abierta- para todos aquellos invisibles que pasan por el mismo trance y no pueden hacer oír su voz.
Finalizo, con la frase utilizada por Mario cuando lo hostigaban con golpes: “¿Por qué me hacen esto? Si yo nunca le hice el mal a nadie”, haciéndole recordar a toda la sociedad, que él no se fue por su propia voluntad, a Mario lo hicieron desaparecer y, en ese acto, años después, también se lo llevaron a Antonio.