Carrasco y Favaloro: las luces en las sombras

Carrasco y Favaloro: las luces en las sombras

“La grandeza de un hombre se mide por la talla de sus enemigos”. Anónimo.

Por Sebastián Korol (*)

No sé por qué, pero cuando me enteré de la muerte del científico Andrés Carrasco recordé inmediatamente al médico René Favaloro.

La asociación me dejó pensando largo rato. Luego comencé a notar que coincidieron en una serie de experiencias.

Para empezar, podría señalarse que ambos supieron estar a la altura de su tiempo, ocupándose de problemáticas urgentes de la salud.

Tal como ocurrió con Favaloro, Carrasco fue ignorado y perseguido por la clase política gobernante, con el agravante de que también se le vinieron encima poderosas corporaciones económicas.

Carrasco, al igual que Favaloro, luchó en defensa de la vida, en contextos marginales y con poblaciones olvidadas. Acompañó de cerca a las madres fumigadas: esas “Madres de Plaza de Mayo del presente” que resisten en zonas liberadas donde rige el terrorismo agrotóxico. Recorrió el país relevando y estudiando el impacto de los venenos en cada comunidad. Y denunció la complicidad de la ciencia argentina con las grandes corporaciones responsables de esos y otros males.

A diferencia de Favaloro, la noticia de la muerte de Carrasco tendrá poca resonancia mediática. Por un lado porque, a pesar de su extensa trayectoria, Carrasco no era una persona de gran notoriedad pública. Pero además, porque en los últimos años fue un científico prácticamente censurado, prohibido, tanto en medios opositores como en medios oficialistas. Como él mismo solía explicar, detrás de las diferencias de agenda, unos y otros son funcionales —abierta o silenciosamente— al mismo modelo de saqueo y muerte: el agronegocio extractivo con todos sus venenos.

Tampoco habrá reconocimientos oficiales para Carrasco. La razón es sencilla: el Estado fue y sigue siendo el garante de los intereses de quienes fueron sus enemigos.

Quizás la muerte de Carrasco duela tanto porque, como Favaloro, supo ganarse un lugar entre los necesarios, entre aquellos que arrojan luz sobre realidades oscuras. Quizás la muerte de Carrasco duela tanto porque significa un nuevo disparo al corazón de la salud pública argentina.

Carrasco nos deja sus contundentes evidencias científicas, sus reflexiones y el recuerdo de sus acciones valientes. Serán poderosas armas para seguir luchando. Al igual que Favaloro, deja además, para las nuevas generaciones de científicos, un ejemplo intachable de ética y compromiso social. En ese ejemplo, su presencia seguirá alumbrando.

(*) Cronista de revista superficie.