Algunas notas para entender las elecciones (misioneras) o cómo ganar una elección en 60 días

En esta democracia representativa contemporánea, la campaña política parece definirse a partir de la posibilidad de contar con los capitales apropiados para armarse una estrategia rápida y llamativa. Las últimas elecciones, han demostrado que los medios y el espacio público siguen siendo con absoluta vigencia los ámbitos de disputa de sentidos y de construcción de consensos. Nos encontramos entonces con la pregunta: ¿cómo se arma una campaña?

Por Diego Bogarín (*)

Primera mañana tras las elecciones legislativas, leo una entrevista que le hizo un diario digital a un candidato, cabeza de lista, que acaba de ganar una banca de Concejal por el oficialismo en la capital misionera: “Hace 60 días no tenía idea que iba a estar trabajando en política”. El comentario, gracioso si fuera gracioso salir a improvisar en los espacios de discusión y decisión estratégica, me hizo acordar a lo que el actual gobernador, Hugo Passalacqua, me comentó en una entrevista que le realicé mientras era ministro de Educación y candidato a vicegobernador: “Estábamos en un asado en familia y Carlitos (Rovira, su cuñado, presidente de la Cámara de Diputados y conductor del movimiento político gobernante) me agarró del brazo y me dijo ‘Hugo, ¿por qué no te presentas vos para acompañar como vice al gobernador?’ (en ese momento, era Maurice Closs)”.

Aunque el flamante concejal al que me referí en el principio también está vinculado familiarmente a empresas de construcción muy cercanas al gobierno, creo que ambas declaraciones dan cuenta de algo más que del modo de elegir candidatos dentro del espacio político gobernante: creo que habla de cómo es posible armar un candidato que puede ganar una elección. Y en base a esa premisa, me puse a elucubrar algunas ideas.

En esta democracia representativa contemporánea, la campaña política parece definirse a partir de la posibilidad de contar con los capitales apropiados para armarse una estrategia rápida y llamativa. Cuando digo capitales, me refiero por supuesto al capital económico, pero también a aquellos recursos que importan dentro de un campo como el político: saber pararse y hablar en el espacio público, tener respaldo institucional, contar con una imagen acorde a lo que marca el imaginario de un buen político (no tener “cara de garca”, “parecer bueno”, “transmitir confianza”, etc).

Que gane un candidato con ninguna trayectoria militante, pero con “otros” recursos necesarios para ser un buen candidato, demuestra con contundencia que el azar, el nepotismo y el capricho se articulan de manera bastante curiosa para definir una candidatura: conozco jóvenes, varones y mujeres, que hace años vienen militando en espacios partidarios campaña tras campaña y que apenas van ascendiendo paulatinamente en los espacios con alguna mínima chance de “entrar” en cuerpos colegiados. Evidentemente la “militancia” pasaría a ser entonces otro recurso más, no indispensable para tener “un buen lugar” en una lista. ¿Qué les faltará? Participando en reuniones de diferentes partidos puedo animarme a especular con una listita posible de los dis-valores de un candidato: “ese no sabe ni hablar”, “aquella tiene mala fama en el barrio”, “a aquel sólo le interesa la plata”. Entonces podemos deducir que una persona candidateable, es aquella que construye una buena imagen social pública, acorde a la moral y las buenas costumbres.

Superada la etapa de definición del candidato o candidata, entramos a la parte que nos interesa. ¿Cómo armar una campaña? Las últimas elecciones, han demostrado que los medios y el espacio público siguen siendo con absoluta vigencia los ámbitos de disputa de sentidos y de construcción de consensos. Por eso, creo que leer los resultados de una provincia como Misiones ayuda a entender procesos electorales y, por ende, de “política aplicada”. Tiro algunas ideas:

En lugares donde la mediación tecnológica es mayor, los votos se disputan según las competencias para intervenir en las mediaciones tecnológicas. Por supuesto que no alcanza sólo con “aparecer”, además hay que construir un discurso, hay que interpelar, pensar estrategias de visibilidad. Esas tareas pueden facilitarse si se adquieren paquetes prearmados que segmentan públicos y difunden contenidos específicos.

Claro, hay que tener recursos para “producir” contenidos. Algoritmos y Big Data resuelven la distribución, no la elaboración de materiales, pero no quisiera dejar pasar la oportunidad para compartir una apreciación: pareciera que el sistema “aprende” tras cada elección, afina puntería, tal vez por eso sea “barato” contratar paquetes para las campañas: la ganancia del sistema tal vez no esté en el precio que cobra por difundir spots en cuentas de público específico, sino en “alimentarse” de datos.

Superada esta digresión, retomo la idea inicial: la estrategia mediática funciona mientras el reparto de lo sensible se juegue en mediaciones tecno-info-comunicacionales, pero en lugares donde lo sensible se juega con mediaciones en co-presencia, sigue marcando agenda el “modelo político” del cara a cara. Eso podría explicar los resultados electorales adversos en zonas donde un candidato -o tal vez, donde la propuesta política- “no llegó”. En otras palabras: donde el acceso a las TIC se ve limitado por cuestiones geo-socio-políticas, los votos aún se ganan “estando ahí”.

El mapa electoral de Misiones creo que puede dar cuenta de procesos electorales más amplios. Pero habría que agregarle otras complejidades: de qué modo operan les referentes territoriales, qué dinámicas sociales interpelar, cómo establecer relaciones entre intereses micro y macro, entre otras.

El partido gobernante misionero es el que mejor supo en los últimos 15 años, capitalizar y articular su lectura territorial y sus recursos TIC. No ha sido barato, pero lo han pagado siempre con recursos del pueblo, porque todo gobierno en Misiones volvió política pública su actividad privada. Id est: un gobernador yerbatero, estimula el mercado yerbatero nacional e internacional; un político con vínculos familiares en empresas de la construcción, fortalece obra pública (de tipo monumenal); un empresario turístico, impone la versión de la provincia turística, y así. Nos queda prestar atención para entender qué modelo es el que se está perfilando con un gobernador que proviene del campo de la educación, aunque la instalación de universidades privadas, la escuela de robótica y la instalación de “emprendimientos educativos” en espacios públicos (Tecnópolis, Infinito por descubrir, otros) puedan dar una idea aproximada, aunque todavía no veamos la punta del ovillo.

Pero claro que ya a esta altura, reducir la mirada al interés económico dejaría por fuera las reales motivaciones de estos “aspirantes al poder”. La gran mayoría de la estirpe ya no “necesita” la plata para sí, sino para devolver gentilezas y mantener las redes de influencias. Los nuevos ricos de Misiones, estos que se enriquecieron en los últimos 20 años, han llegado a un nivel de derroche grotesco, y siempre por vinculos con la clase gobernante: el tráfico de información permite estar en lugares y momentos precisos, donde la “política pública” está destinando o “pensando” destinar millones. Y, en definitiva, eso es lo que se juega en cada elección: el acceso a los lugares de decisión de la política pública. Por eso me parece importante aportar algunas ideas para pensar cómo se hace que un candidato gane una elección, en un contexto marcado por las mediaciones tecnológicas encargadas del reparto de lo sensible. Cuando el Estado se corre y deja que el Mercado defina las reglas de juego, las asimetrías favorecen a quienes tienen el capital de su lado. Así que a todo esto, no estaría de más agregar que tal vez también sería bueno que la ciudadanía pueda acceder a la información de la procedencia y el destino de los fondos de campaña de cada candidato. Si vamos a soñar, hagámoslo en grande.

(*) Redactor de revista superficie