ANCLA: cuando resistir era informar

La editorial Sudestada publicó en 2013 un libro que reúne los cables completos de la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA), creada por Rodolfo Walsh a 3 meses de iniciada la última dictadura militar. Una epopeya periodística, que confirma que es posible ejercer dignamente el periodismo aun en las peores condiciones imaginables.

Por redacción superficie

La Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA) constituye la experiencia periodística más valiosa en la historia de nuestro país. Fue creada en 1976, a tres meses de iniciada la núltima dictadura militar. Duró 14 meses: el secuestro de varios de sus integrantes y colaboradores forjaron la interrupción.

ancla_cuando_resistir_era_informarLa editorial Sudestada, editó el año pasado, el libro “ANCLA, Rodolfo Walsh y la Agencia de Noticias Clandestinas (1976–1977)” en el cual se publican los cables completos de ANCLA, y se incluyen prólogos de Carlos Aznáres, Lila Pastoriza y Lucía Pagliai, los tres periodistas que corporizaron junto a Walsh, aquella epopeya del periodismo.

“Es asombroso que con cuatro máquinas de escribir, recortando noticias de diarios, recibiendo información oral de militantes y amigos, se haya podido llegar a muchos argentinos y, sobre todo, a numerosos países del mundo. En Europa, Estados Unidos, México, los organismos internacionales en defensa de los derechos humanos, fueron informados sobre las atrocidades que estaban cometiendo los militares que usurparon el poder y convirtieron a la Argentina en un gran campo de concentración” afirman los editores.

Una de las consignas principales de ANCLA, fue “derrotar el terror al acceso a la información de los que informan” . Pero además de denunciar la represión e informar lo que estaba sucediendo (mientras la enorme mayoría de los medios de comunicación callaban o distorsionaban), ANCLA también “intentó sembrar confusión entre las distintas instituciones que conformaban las Fuerzas Armadas y hasta confrontar las informaciones los militares para infiltrar el virus de la desconfianza. Por ello, ANCLA era un título irónico y conscientemente ambiguo, que despertaba dudas sobre el supuesto vínculo de la agencia con la Armada”, enuncia la contratapa del libro.

Más de setenta cables completos se encuentran publicados en el libro editado por Sudestada. Este material, señalan los editores, “confirma una certeza acuñada por Walsh desde siempre: es posible ejercer el periodismo aun en las peores condiciones posibles, incluso en la clandestinidad y en mitad de un cerco represivo criminal”.

En primera persona

Cuenta el periodista Carlos Aznarez, en entrevista con el diario Tiempo Argentino: “A Rodolfo yo lo conocía de antes porque habíamos militado juntos en organizaciones de prensa. Cuando pasamos de la experiencia de peronismo de base y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAP) a Montoneros, volvimos a encontrarnos. Rodolfo nos explicó que la estructura informativa que armaría iba a estar dentro de la organización, pero que iba a tener características especiales, en el sentido de que se trataba de periodismo riguroso, donde la información misma iba a ser la encargada de transmitir qué pensábamos”.

Ya en el prólogo del libro editado por Sudestada, Aznárez afirma que “vivíamos en dictadura militar y soportando una cerrazón informativa como jamás había ocurrido en el país; y es en ese marco que el oficial montonero Walsh se fusionó mental y físicamente con el Walsh estratega comunicacional. Parió entonces un instrumento que sirvió para romper el muro de silencio que nos quería imponer la dictadura, y supo vencer el discurso del terror, que actuaba como desmovilizador y paralizador de la sociedad”.

Otra de las integrantes de la redacción de ANCLA, Lucía Pagliai, relató que “inicialmente Walsh me contactó porque yo, que venía de la Facultad de Letras, sabía trabajar con archivo. Otros compañeros me pusieron en contacto con él para armar este grupo de análisis y producción de información calificada. Walsh decía, con razón, que el 90% de la información es pública y hay que saber buscarla. Así que nos enseñaba a rastrear datos en avisos necrológicos, en juzgados, en revistas de chimentos como Gente, en sociedades anónimas, en edictos… Él creó además una red que incluía informantes que muchas veces estaban ligados a las bases de la organización pero otras tantas veces, no. Y también, periodistas que no podían publicar ciertos materiales donde trabajaban. Así formamos una especie de mesa de redacción, que seleccionaba y clasificaba los datos que después se transformaban en cables. Una de las claves del éxito de ANCLA fue ese, saber buscar información, estar entrenados para saber leerla y por lo tanto, para determinar si algo servía o no”.

Para Pagliai, “ANCLA nació y estuvo ligada a un proyecto político colectivo, fue un arma de combate de una organización revolucionaria: en ese marco lo pensó Walsh y en ese marco actuamos”.

Por su parte, Lila Pastoriza recuerda: “yo militaba en la JP de Hurlingham cuando Rodolfo me ofreció trabajar con él en un proyecto que se transformó en ANCLA. Ahí quedé como responsable del grupo que armamos con Carlos y Lucila, que también fueron convocados por Walsh. En ese primer período trabajamos en análisis de fuentes públicas de información, construimos un archivo y escribimos informes de uso interno. Crear esta agencia fue una decisión que Walsh impulsó y defendió dentro de la organización porque él pensaba que era un momento de resistencia popular y no de ofensiva militar, como sostenían muchos en la cúpula de Montoneros por entonces. Además, a diferencia de otras herramientas de difusión de nuestra organización, ANCLA no sólo no tenía un nombre ligado a Montoneros —como por ejemplo, la revista Evita Montonera— sino que además tenía otro estilo en los que respecta a la difusión de información”.